Firmas - 09/03/11

La experiencia fluviofeliz, de Javier Martínez Gil

Javier Martínez Gil se encuentra celebrando su reciente jubilación como catedrático de Hidrogeología, después de haber ejercido como tal en las universidades de Salamanca (1972-1979) y Zaragoza (1979-2009). Siempre fue un profesor e investigador un tanto atípico, que consideraba natural extender su actividad más allá del ámbito académico para adentrarse en el campo de la reflexión y el activismo social, cultural y medioambiental. Nunca ha rehuido los terrenos conflictivos donde se libraban polémicas conceptuales y contenciosos socioeconómicos en torno al uso y gestión del agua. Hace pocas décadas, el agua en Aragón evocaba ante todo las reivindicaciones desarrollistas de Costa basadas en la expansión del regadío, convertidas en mito y coartada por regantes, por ciertos sectores aragonesistas y por finos calculadores del kilovatio hidroeléctrico. Luego vinieron las luchas populares contra los proyectos de trasvases y de grandes embalses pirenaicos. Y algo después, el despertar de una conciencia distinta, que veía en el agua oportunidades no tanto de desarrollo económico como de desarrollo humano, que buscaba no tanto recuperar los ríos y sus ecosistemas como recuperar flujos de valores, sentimientos y emociones. Había nacido la Nueva Cultura del Agua; Javier fue su partero.

Desde el privilegiado observatorio de su experiencia y su sensibilidad, y desde esa perspectiva holística que ha ido ganando terreno, cada vez más, en su pensamiento, Martínez Gil nos sorprende ahora con una nueva vuelta de tuerca. “La experiencia fluviofeliz” es, según confesión de su autor, un libro “inútil” sobre hidrología humanística. En él se critica el sentido actual del progreso, la codicia como motor básico de los mercados, y se reivindica el valor revolucionario de la bondad. El libro narra una experiencia vital, personal y colectiva. En torno al río se disfruta la belleza, se ralentiza el tiempo; desde dentro de la corriente, el mundo se ve con dimensiones distintas. Compartiendo la deriva sobre el agua, se tejen redes de amistad, se destapa la ternura pudorosamente oculta, y surge espontáneo el fluvioabrazo. “La experiencia fluviofeliz” es poesía práctica; un libro “inútil”, en suma, sobre cosas tan necesarias “como el aire que aspiramos trece veces por minuto”.

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