Cultura y Sociedad - 02/04/11

Como manadas de lobos

“Vemos a los mercados comportándose como manadas de lobos. Si les dejamos actuar, atacarán a los miembros más débiles y los destrozarán”. Estas fueron las palabras de Anders Borg, ministro de finanzas sueco, ante el ataque especulativo a Grecia (Mayo 2010).

Los próximos bocados en el festín de las bestias son la privatización de la sanidad y la enseñanza, a nadie debe pillarnos por sorpresa. Y no porque se le haya escapado al descuidado Valcárcel en un venirse arriba de esos tan comunes entre los peperos levantinos. Los ávidos ojos de la manada están ahora clavados en la salud y la enseñanza gratuita. Pero es un tema del que ninguno quiere hablar abiertamente. Y mucho menos en pre-campaña electoral. Los socialistas aseguran, con escasa convicción, que van a defender estos derechos. La oposición apenas puede silenciar a los enanos que se le rebelan para abogar por la privatización en cualquier foro. Aún no es el momento de enseñar las cartas. Los ciudadanos podrían mosquearse y alterar su intención de voto.

Porque se trata de eso cuando argumentan la inconveniencia de debatir esta cuestión en “caliente”, como dicen ellos al referirse a la presión de las vecinas urnas. De tener nuestra razón secuestrada hasta que hayamos votado. Mantenernos en esa bendita ignorancia tan beneficiosa para los negocios de los poderosos. De los que de verdad mandan en la política y han decidido que el siguiente pelotazo está en el desguace y venta al mejor postor de nuestro sistema de protección social. Una cobertura de los derechos elementales que, por otra parte, no son prestaciones que se nos conceden como una limosna. La sanidad y la enseñanza las pagamos con los impuestos de todos. ¿Con quién debería hacerse entonces ese cacareado co-pago? La idea es que el capital privado sea el que gestione la sostenibilidad del entramado público. Por supuesto, estos intermediarios privados intentarán transformar dichos servicios en empresas rentables para sacarles tajada. ¿Cómo? Muy fácil, reduciendo personal y precarizando sus derechos laborales, recortando en materiales y tratamientos, desestimando pruebas por su coste económico, etc. Poner una tasa que deba ser pagada por los usuarios es un sarcasmo fino. Vamos a pagar más por usar unos servicios que se van a ir deteriorando progresivamente hasta convertirse en un reflejo de los hospitales para pobres norteamericanos. Los que tengan mayores rentas se decantarán masivamente por la sanidad y la enseñanza privada. Esto irá en detrimento de lo público que acabará como algo residual, apenas útil para los marginados por su falta de recursos.

Anders Borg tenía razón. Lo vio claro el hombre. Si les dejamos actuar, atacarán a los miembros más débiles y los destrozarán. Y por ahí van los tiros. El estilo de Cameron se impone en España. Se nos explica la necesidad de reducir en los derechos fundamentales de los ciudadanos de un estado democrático como única solución a una crisis. Lo que solo va a reforzar a los que generaron la crisis y provocará una mayor brecha social y una legión de excluidos.

Ni gobierno ni oposición proponen una medida del co-pago de las entidades financieras a las arcas del estado como indemnización por su responsabilidad en la situación que ayudaron a crear. ¿Sería más justo, no? Que una parte de los multimillonarios beneficios de Botín, por ejemplo, tuvieran que destinarse a generar empleo y a mejorar la sanidad y la educación pública. O el co-pago, o directamente el pago, de todos los defraudadores y evasores de capital que se sirven de las entidades bancarias, y su ceguera oportunista ante el delito económico, para no aportar ni un euro de sus abultadas rentas a la construcción del estado social. Se las trae al pairo. La mayoría de esas fortunas con las que colaboran los bancos fueron amasadas gracias al narcotráfico o al comercio de armas y personas. No se les puede pedir mucha sensibilidad ni empatía.

Yo sí que creo que es el momento de abrir este debate. Justo ahora que se calientan las urnas y el discurso bipolar, quise decir bipartidista, se vuelve cada vez más esotérico e impenetrable. Que dejen de tratarnos como idiotas y llenar las pre-campañas de salpicón de inauguraciones y fotos de políticos besando niños. Queremos programas detallados y explícitos, respuestas claras y vinculantes a preguntas concretas como la del co-pago. Queremos que dejen de mentirnos. Que se quiten la máscara para decir: Miren ustedes, los que mandan de verdad son los que dirigen mi moral y mi ética, yo soy un impostor. Un lamentable títere en manos de la jauría financiera que no puede sacrificar sus ganancias a las necesidades de ustedes. 

Al menos sería más honesto.

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