Cultura y Sociedad - 26/06/11

¡Respeto!

Todo lo que pido es un poco de respeto. Eso era lo que reclamaba la increíble voz de Aretha Franklin en uno de los temas que la encumbraron como la reina del soul. La escucho mientras hago un repaso de la actualidad en la prensa. ¡Respect!. El grito de Aretha rebota contra las paredes de la habitación. Se mete en mi cerebro hasta causarme un dolor agudo de taladro. ¿Respeto? ¿de qué demonios estamos hablando?

No hay ni sombra de respeto en las noticias que leo. Por el contrario, una sucesión de escarnios y chirigotas caen como la lluvia sobre la ciudadanía empapando de burla cualquier asomo de dignidad. Se nos ríen. Nos han nominado para ser los paganos de su banquete pero no están dispuestos siquiera a dejarnos replegar las migajas del mantel. En el 2007 había poco más de diez millones de ricos en el planeta. Inexplicablemente, a pesar de atravesar el periodo de recesión más brutal de nuestra historia, ahora son más de once millones. Además la clase media se desvanece y la legión de los pobres no para de crecer. La brecha social está estableciendo unas distancias insalvables a manos de los tecnócratas que engendran leyes y decretos para salvaguardar el orden financiero. Mientras, el nivel de vida de los pueblos desciende hasta el noveno círculo de Dante sin posibilidad de acumular indulgencias para abandonar los infiernos. Nos insultan. No tienen suficiente con descojonarse en nuestra cara mientras nos instalan en la indigencia y tratan de robarnos el pan, la sanidad, la educación y la esperanza.

Encima nos ofenden. Como la última con la que ha salido la CEOE para justificar el desmantelamiento de la enseñanza pública. Una teoría que defiende el determinismo biológico frente a las condiciones socioeconómicas de los estudiantes. Según un estudio que contradice los informes de PISA, el rendimiento escolar depende más de los genes que de otros factores vitales. Vamos, que si no cuentas con un cariotipo de alcurnia de nada sirve despilfarrar el dinero en mantener un sistema escolar de calidad. Es como arrojarles perlas a los cerdos. Los hijos de los trabajadores reciben el defectuoso ADN de sus progenitores del mismo modo que las “buenas familias” dotan a su prole con unos genes de extrema calidad. ¿Apesta a nazismo o es impresión mía? La perogrullada es gorda pero refleja la forma de sentir de gran parte de la clase acomodada. Esos que piensan que su posición es un privilegio exclusivo de la casta a la que pertenecen. Una especie de don divino que los transforma en suprahumanos respecto al resto de mortales. Según esta sentencia, los casi cinco millones de parados nacionales son el fruto de una escualida herencia genética e, indefectiblemente, procrearán a su vez criaturas limitadas para cualquier clase de aprendizaje. Carne de cañón. O de yugo, como decía Miguel Hernández.

Sin embargo los empresarios poseen una dotación extraordinaria gracias a la que consiguen tener éxito en sus negocios. No solo son más altos y guapos gracias a varias generaciones de buenos alimentos y comodidades. También son más listos. Ya lo decía Fraga hace unos años cuando señalaba que los hijos de “las buenas familias” aprueban con mayor facilidad una oposición. Y no sean malpensados. El hecho de tener solventadas sobradamente sus necesidades básicas y recibir una exquisita educación no tiene nada que ver en esto. Es la fuerza de los genes la que manda.

Me gustaría saber que pasaría si por una retorcida maniobra del destino, un nieto de Botín se criara en alguno de los poblados chabolistas que abundan en las periferias de las ciudades. ¿Remontaría la miseria gracias al legado biológico de su abuelito? A lo mejor como mucho, siguiendo la teoría determinista de la CEOE, acabaría siendo el rey del cotarro en el menudeo de drogas o un capo del trapicheo de cobre. Pero dudo que la situación socioeconómica de El Cañaveral, Las Mimbreras o Santa Catalina no fuera más determinante para su futuro que la pureza de su sangre de banquero.

Para rematar el despropósito, la CEOE arremete en este informe contra la incorporación de la mujer a la enseñanza. La conciliación entre la vida familiar y laboral es una traba más a dinamitar para que la patronal alcance mayores índices de rentabilidad. Como los convenios colectivos, el abaratamiento de las cotizaciones de los trabajadores o el co-pago de la sanidad y la educación. Obstáculos que los superdotados deben desbrozar para seguir manteniendo la supremacía de sus genes. Una tendencia que a mí me parece más genital que genética porque la desvergüenza con la que proceden les sale directamente de las gónadas sexuales.

Hablando en plata: Actúan como tiene a gala hacerlo históricamente la derecha carpetovetona, por cojones. Y eso sí que se lo transmiten en los genes.

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