Publicaciones - 18/07/11

El pasado de nuestros socialistas

La Fundación Bernardo Aladrén ha aportado en este fin de curso dos grandes libros sobre la hasta hace poco tan poco conocida historia del socialismo y el sindicalismo socialista en Aragón. Uno de ellos, del que es autor José B. Butera Aured, reúne una rica colección de artículos y escritos de Isidoro Achón, el célebre líder obrero del primer tercio del siglo XX.  Un libro magnífico, lleno de hallazgos, que descubre a un personaje muy inteligente y maduro, conocedor de las limitaciones de aquella sociedad, partidario de caminar deprisa pero sin correr ni tropezar. Respetado incluso por la burguesía culta, colabora en numerosas revistas con pluma certera y lúcida. Pero no fue, querido amigo, “gente de orden”, aunque le cite treinta y tantas veces en esa obra; fue un líder consciente y comprometido en los muy malos tiempos que corrían.

 

 

El otro libro es el del incombustible Herminio Lafoz, profesor de Secundaria, historiador de fuste, que lleva ya muchos buenos libros a su espalda, siempre comprometido. Evoca ahora, con mucha documentación y ganas de comprender ese tiempo, a la FETE (Federación de trabajadores de la Enseñanza, adscrita a UGT) en Aragón durante la Segunda República, que él ubica en el tiempo de 1931 a 1938, cuando caen los últimos enclaves. Fue, tras la de Trabajadores de la Tierra (recientemente estudiada por otro gran libro por Antonio Peiró, dimos cuenta de ello hace poco), la más importante. Es sabido que hubo una fuerte represión en ese magisterio modélico, estudioso, entusiasta organizador de su continua mejora: de los ciento veinte maestros asesinados en la zona ocupada por los sublevados, el 90 por ciento eran de FETE. Pagaban así su clara identidad con la República, sus reivindicaciones. Militaron en sus filas gentes como Lorenzo Luzuriaga y, en Aragón, Santiago Hernández Ruiz y, sobre todo, docenas de héroes como el matrimonio Sanmartín, turolenses; la ya célebre Palmira Plá; Manuel Latorre, que fue consejero de Instrucción en el Consejo de Aragón. Y tantos otros. Se ha investigado a fondo. Tanto que yocreía haber terminado encontrando el expediente de mi padre, depurado como tantos, y este libro me aclara que también lo fueron mi madre, mi abuela Concha, mi tío abuelo Leoncio, todos excelentes maestros, excelentes personas. Gracias, querido Herminio, por un libro que reivindica a aquellos mártires de la barbarie fascista.

 

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