Ciudades y pueblos - 22/07/11

De Biescas a Orós

  

Biescas, plaza del Ayuntamiento. Al fondo, iglesia de San Salvador

…Yo creo que una hoja de hierba

no es menos que el trabajo realizado

por las estrellas

Y que la hormiga es igualmente

perfecta,

Y un grano de arena y el huevo

del reyezuelo.

Y que la rana arbórea es una obra

maestra digna de los escogidos

y que la zarzamora podría adornar

salones del cielo….

                                                                   Walt Whitman

Camino de Arratiecho, parque natural y biblioteca de verano, me saluda el olor de hierba recién cortada con la dalla. Los campos están felices, rutilantes, ebrios de verde y el viento.

Iglesia de Santa Eulalia de Orós Bajo

La mañana de julio es deliciosa, con cielo límpido, sombras densas, olor de hierba agradecida y pájaros cantores. Es el saludo matinal de la naturaleza. Es el mejor aire del día.           

Después de regar los rosales, un magnolio y una madreselva preparo comida para mis amigos gatunos que me visitan cada día.

Tomo provisión de agua y sombrero que son muy necesarios para emprender la caminata. No falta un libro de Walt Whitman, papel y lápiz porque puede llegar la inspiración pictórica o literaria en cualquier momento.

Para reponer fuerzas, nada mejor que Casa Ruba, donde el amigo Ramón continúa con coraje y eficacia una estirpe hotelera de gran raigambre en Biescas.

Mira Joaquín, la tortilla de patata se ha terminado pero tengo ésta de choricico que está buenísima y hecha hace una hora…

Por la calle Joaquín Costa, recuerdo bellas saetas andaluzas durante las procesiones de la Semana Santa de los años cincuenta del siglo XX. Rompían el frío y detenían la luz oscilante del Nazareno. Participaba en la procesión y recuerdo que aquellos andaluces, decían algo a la vida, en tiempos de posguerra, con su desgarro vital y su tremenda sensibilidad. Eran los poetas andaluces de siempre. Era el corazón andaluz.

o los peina delicadamente. Emerge “La reina de los prados” y minúsculas florecillas amarillas como nomeolvides silvestres. Besando la hierba el trébol blanco. En las cumbres de las montañas los erizones explotan de amarillo. En los ribazos la hierbabuena y los jacintos. Un milano vuela muy cerca.

Un bóxer se baña gozosamente, dando vueltas como un poseso en un prado inundado de agua. Su dueño lo admira y se desespera por el daño que pueda causar con su exhibición de fuerza, simpatía y poderío. Me dice con cierto desconsuelo “Le había dicho que era un “cagao” y que le tenía miedo al agua… y fíjate la respuesta”.

El camino está sembrado de cactus azulados, mariposas de mil colores y espigas de trigo, como un lecho movedizo de espigas doradas. No se oye otro sonido que el rumor de las hojas melodioso como una música distante que nadie acompaña y el crujir de la tierra bajo mis pies, la fuerza de la naturaleza.

Orós Alto, es pueblo con muchos caminos para llegar y una iglesia con camposanto. En casa Catalán me dan la llave para visitar la iglesia, que se mantiene pulcra, y tiene una estatua de San Esteban.

Una vecina presume de 82 años, muy bien llevados. Le dirá al cura de Gavín que me ha gustado la iglesia, cuando oficie misa el domingo.

¿En Biescas? ¡Pues claro! ¡No he vuelto veces con las alforjas llenas de compras! Menudos tiempos aquellos…

Continúo el largo camino con sol de justicia. En el barranco d’os Lucars se ve la gran erosión producida por el agua en el flysh o turbiditas. Alguien me recomendó una col dentro del sombrero. Me conformo con meter la cabeza debajo de la fuente municipal. El verano pasado fue muy duro y aprendí algo en mis excursiones pedestres a Oliván, Aso, Yosa y Betés, tres pueblos encantadores del llamado Sobremonte.

La cuesta de Orós Bajo tiene su miga y su guasa. La luz es deliciosa y las sombras pletóricas y exquisitas. Un árbol patriarcal y majestuoso de vasta copa abierta sobre un viejo tronco me acoge en su sombra.

La ermita románica está cerrada. Una lástima. Nadie facilita la llave. Es una iglesia bella, proporcionada y sugerente. Está dedicada a Santa Eulalia. Es una perla prerrománica como sus vecinas de San Juan de Busa, San Pedro de Lárrede, Oliván o Susín que conserva con gran mimo y respeto la amiga Angelines Villacampa, una perla humana de aquellas latitudes.

Al regreso se va dibujando la silueta de Biescas, una bellísima acuarela que se recorta sobre montañas de nieve. Me detengo un momento. Aquí solo hay silencio y belleza. Me recuerda la luz de Île de France donde emergieron los caballetes de los impresionistas y se rebelaron contra el academicismo de Ingres y su escuela. Se escuchan los murmullos del rio Gállego.

Mientras el viento dobla dulcemente las espigas de trigo, pienso que el truco para ser feliz consiste en amortiguar las necesidades y dar más importancia a la luz del día, el vuelo del milano, y los cielos, ahora vestidos de nubes blancas jugando a figuras imposibles, por los cielos del Pirineo.

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