Lugares, personas e ideas - 08/11/11

San Juan de la Peña, cuna del Reino de Aragón

San Juan de la Peña está considerado por la tradición como la cuna  del Reino de Aragón.   Fue  Panteón Real de los reyes aragoneses. Allí  se inició el nuevo rito de la Iglesia de Roma, cuando se abandonó el rito visigodo, hacia el año 1071. Según  la leyenda, cobijó al Santo Grial. La mención documental más antigua  alcanza el año 928.

Estamos llegando al Monasterio.  Hemos dejado atrás Lérida y sus catedrales, Huesca, con su plaza porticada, la catedral con su magnífico museo  y la iglesia de San Pedro el viejo con su bello claustro restaurado. A lo lejos, la sombra, misteriosa y fantasmal del castillo de Montearagón, donde se cuenta que aún suenan las espuelas del rey Ramiro el Monje. El pantano de Arguis rebosante de azules y tranquilas aguas.

El conjunto monumental está compuesto por dos monasterios. El primer monasterio llamado popularmente “el viejo” se yergue bajo un manto de roca, escondido entre la naturaleza.

Está dividido en dos niveles.  En el  inferior se encuentra la primitiva iglesia mozárabe. Al penetrar hay un gran silencio y una fantasmagórica penumbra que unido a  los arcos de herradura y el techo bajo genera una extraña sensación de misterio. Recorremos la sala del Concilio, lóbrega y oscura, con bóvedas de medio cañón. En la cripta se guardó el Santo Grial  hasta  1399  cuando el rey Martin I lo llevó  a Zaragoza.

En el segundo nivel visitamos el Panteón de Nobles, considerado el mayor espacio funerario del Aragón Medieval. Veintitres nichos adornados con florones y cruces. Sobresale uno con la  ascensión del alma simbolizada por un cuerpo inscrito en una elipse o mandorla que es alzado hacia el cielo por dos ángeles en una caja funeraria apoyada sobre dos grifos. Representaciones de caballos, leones y grifos que simbolizan, en la cultura funeraria románica, el último viaje emprendido, la resurrección de los cuerpos y la subida del alma a los cielos.

En la sacristía, las tumbas reales donde descansan los primeros monarcas de Aragón. En las paredes se colocaron cuatro grandes relieves en estuco con escenas de historia aragonesa: “Batalla de Aínsa” “Aparición de la Cruz a Iñigo Arista”, “Sitio de Huesca” y “Jura de los reyes de Aragón”.

En el siglo XVII Carlos III hizo levantar un nuevo Panteón real de estilo neoclásico.

Terminamos la visita del monasterio “viejo” saliendo por la puerta mozárabe al claustro, una auténtica filigrana de piedra. Los capiteles de las columnas   tienen figuras de ojos grandes y penetrantes, sus ropajes marcados y sus pliegues concéntricos. Siguiendo su lectura, se observa la existencia de varios ciclos; “Génesis”, “Nacimiento e infancia de Jesús” y “la Vida pública de Cristo”.

En la pradera camino del monasterio “nuevo”, respiramos el aroma fresco de la montaña con olor a bosque, a madera, a tierra húmeda. Era  el descanso ideal para el alma del monje en estos parajes, lejos y aislado de todo, sólo con su espiritualidad.

En la fachada del monasterio “nuevo” destaca la exuberante decoración vegetal  de flores, hojas de acanto y tallos. También encontramos formas figuradas como cabezas de puttis y dos ángeles sujetando un singular escudo en la parte superior. En sus hornacinas se incluyen tres santos, muy vinculados con los monjes que vivieron entre estos muros,  San Juan Bautista,  San Indalecio y San Benito.

El monasterio actualmente desacralizado alberga en su interior el Centro de Interpretación del Reino de Aragón, el Centro de Interpretación del Monasterio de San Juan de la Peña y una hospedería.

El centro de interpretación,  de forma didáctica, nos explica el desarrollo arquitectónico del edificio (botica, refectorio, cocina etc).

Me gusta detenerme en la galería de retratos de los Reyes de Aragón, recordar sus nombres y sus historias, sus batallas y sus logros. Recorrer las distintas salas donde se puede leer: “Hablar y enseñar corresponde al maestro, callar y escuchar le toca al discípulo”, regla de San Benito. El silencio es una máxima benedictina de obligado cumplimiento, “sólo está permitido hablar de cosas edificantes”, regla de San Benito.

Pasarelas de vidrio forjado nos permiten ver las antiguas dependencias del Monasterio, recreadas en materiales de una blancura inmaculada: la bodega, las celdas, la panadería, la enfermería, la carpintería…. todas ellas ambientadas con figuras de frailes a tamaño natural, muebles, utensilios, que nos invitan a imaginar la vida de los monjes en el Monasterio y comprender sus  enormes dimensiones.

El Claustro recupera la cruz griega original potenciando el espacio de patio en el que destaca el carácter escultórico central del pozo. A su alrededor se ha construido un espacio de contemplación, Galería de Arte Contemporáneo de Aragón, donde tienen lugar exposiciones temporales del arte actual.

Finalmente el espacio que alojaba las celdas de los monjes se ha convertido en una magnífica hospedería. El restaurante  es luminoso y tranquilo.  Mientras tomamos un café se escucha una suave música que nos acompaña dulcemente: es la suite para violonchelo de Bach interpretado por Pau Casals.

 

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