Política - 11/07/12

El declive del Aragón autónomo

Se acaba un curso y se cumple ahora en Aragón un año del Gobierno del PP, presidido por Luisa Fernanda Rudi, con el apoyo del Partido Aragonés, basado en un acuerdo de gobernabilidad.

A pesar de que una de las prioridades de gobierno anunciadas en ese Acuerdo era el pleno desarrollo estatutario, el balance de este año y las previsiones de futuro no pueden ser más negativas. No solo no se ha logrado ganar más autonomía sino que hay claros retrocesos respecto de lo que podía esperarse tras aplaudir los avances que iba a suponer el nuevo Estatuto de 2007.

Con la excusa de la crisis económica y con escaso entusiasmo para reivindicar los compromisos adquiridos, el Estado ha ido imponiendo sus criterios, sin ni siquiera guardar las formas. Cada vez el Gobierno autónomo es más una simple delegación del Poder central, sin políticas propias diferenciadas.

He aquí un breve inventario de las frustraciones:

Los mandatos del Estatuto de Autonomía de 2007 que se vendieron como logros importantes no han sido cumplidos. No se ha avanzado en la participación de la Comunidad Autónoma en Organismos y tomas de decisiones del Estado; no se ha formalizado el acuerdo bilateral económico-financiero; no se han tenido en cuenta los criterios de Aragón para fijar las inversiones en los Presupuestos del Estado; no se han compensado las mermas tributarias; no se ha creado una Agencia tributaria propia; no funciona el Patronato del Archivo de la Corona de Aragón; no se ha recuperado el patrimonio cultural aragonés que está fuera de Aragón. En materia hidráulica –preocupación siempre presente—no se ha avanzado en concretar la reserva de agua de 6.550 Hm3 ni las obras del Pacto del Agua. Incluso el Estado ha derogado la competencia aragonesa ya asumida en policía del dominio hidráulico.

No es previsible ningún nuevo traspaso de competencias, pues la oferta de financiación que haría el Estado, en estos momentos de recortes presupuestarios, sería inaceptable.

Las normas estatales sobre estabilidad presupuestaria y el gran número de leyes anunciadas en el Plan nacional de reformas han vaciado y van a vaciar más, por su carácter de básicas, la competencia legislativa de las Cortes de Aragón que, aparte de aprobar los presupuestos y los recortes obligados, podrían tomarse largas vacaciones.

Nuestra  organización territorial se va a ver afectada por las reformas estatales, pues, como ha afirmado el Secretario de Estado Sr. Beteta, “aunque no se alcance un acuerdo, saldrán adelante de todos modos”.

Se anuncia una próxima reunión de la Comisión Bilateral para cubrir el expediente. José Angel Biel ha tenido especial interés en presidir la parte aragonesa, pese a su dudosa compatibilidad al difuminar la necesaria separación de funciones entre Cortes y Gobierno. Pero lamentablemente ese interés puede volverse en su contra, dados los escasos frutos que va a lograr esa Comisión. Tras la reforma del Estatuto en 2007, la Comisión Bilateral ha celebrado tres reuniones, en las que la parte aragonesa estaba encabezada precisamente por Biel como Vicepresidente del Gobierno aragonés. ¿Resultados? En enero de 2008 y de 2009 la Comisión se limitó a aprobar normas de funcionamiento interno; en noviembre de 2009 se pusieron sobre la mesa diversas demandas aragonesas, que no han tenido fruto alguno.

En resumen, las reivindicaciones de mayor autonomía decaen e incluso se van perdiendo metas alcanzadas, mientras los partidos han desactivado la participación ciudadana. El PP no está por la labor y el PAR no tiene fuerzas ni ganas para plantear problemas. Faltan liderazgos ambiciosos y la mediocridad política está instalada y profesionalizada. Lejos están ya las reivindicaciones y la ilusión de la sociedad aragonesa. Ahora, los fieles están adecuadamente colocados y retribuidos y no es cosa de poner en riesgo el pesebre.

Mientras tanto, se hace el ridículo con temas como la reforma de la Ley de Lenguas y su invención del aragonés oriental. Al enterarse, ya dijo Durán i Lleida, natural de Alcampell, que tenía la suerte de conocer una lengua más sin saberlo. Para aumentar el asombro,  solo falta que se presente el proyecto de ley anunciado sobre derechos históricos.

 

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