Cuadernos de viaje - 21/09/12

San Petersburgo: un cementerio de artistas

En los viajes, cuando uno explora a fondo una ciudad cuyos lugares más típicos ya conoce, suele buscar rincones que tienen que ver con las propias aficiones: cine, música, historia. Y se disfrutan sitios y lugares urbanos que el turista apresurado no suele visitar. Comentar algunos de ellos, en sucesivas entregas,  es el propósito de este cuaderno de viajes.

 

En San Petersburgo, la Perspectiva Nevsky es la larga avenida (más de cuatro kilómetros) que va desde el Almirantazgo hasta la plaza de Alexander Nevsky, presidida por una estatua ecuestre del héroe, vencedor de los suecos en la batalla de 1240 sobre el Neva, lo que le dio su sobrenombre. La Perspectiva es la avenida principal de San Petersburgo, flanqueada por edificios monumentales y establecimientos de categoría, siempre repleta de gente.

En el extremo más alejado del centro urbano, en esa plaza de Alexander Nevsky (metro P. Alexandra Nevskogo) se encuentra el Monasterio o Laura erigido en su honor. El título de “Laura” se reserva en la Iglesia ortodoxa rusa a los monasterios masculinos más importantes. Tras cruzar el hermoso arco de entrada al amplio recinto, un camino flanqueado por dos cementerios lleva hasta el conjunto de edificios del monasterio, entre los que destacan las iglesias de la Anunciación, más antigua, y la de la Trinidad, de finales del siglo XVIII, ricamente ornamentada con altares de mármol y ágata y muros recubiertos con pinturas de maestros.  Los feligreses del Monasterio, con aspecto de personas sencillas y devotas, mantienen un ambiente de silencio, rezan con recogimiento, ofrecen velas a los iconos y guardan cola para hablar con los sacerdotes.

Cementerio Tikhvin, la necrópolis de los maestros de las artes. Foto: RSA

 

De los dos cementerios situados a los lados de la avenida de acceso al Monasterio, el de la izquierda es el cementerio Tikhvin, la necrópolis de los maestros de las artes. Fundado en 1823, allí descansan músicos, actores, escritores, científicos y otros notables en 174 tumbas con sus respectivas lápidas y, en muchos casos, monumentos funerarios.

El ambiente tranquilo, silencioso, invita a pasear y meditar recorriendo los caminos, cubiertos de hojas muertas, entre las zonas verdes y el arbolado, en torno a la fuente central del recinto. A ello contribuye el sosiego que permiten los escasos visitantes y que ese lugar recoleto transmite la sensación de un tiempo detenido. Para acceder se adquiere un ticket por un ventanuco a una señora encerrada en una desvencijada caseta y el control de la entrada al recinto lo efectúa otra señora sin ningún distintivo o uniforme, que espera sentada en los escalones de la verja.

Tumbas de Dostoievski y Borodin. Foto:RSA

 

Una tumba destacada, cerca de la entrada, es la de Dostoiesky, enterrado allí en 1881, presidida por una cruz y el busto del escritor, con una frase tomada del Evangelio de San Juan que también se cita en Los Hermanos Karamazov: “En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo, pero si muere produce mucho fruto”.

Junto a otros artistas destacados,  interesa especialmente una parte del cementerio con las tumbas de numerosos músicos, que representan la historia de la música rusa: Tchaikovsky, Glinka, Balakirev, Rimsky-Korsakov, Moussorgsky, Borodin, Cesar Kui, Glazunov, Anton Rubinstein, Arensky y otros. Todos ellos reunidos tras la muerte, superadas sus diferencias en estilos y concepciones musicales.

Destacan los monumentos de Rimsky-Korsakov, una gran cruz celta con relieves de Cristo, ángeles y santos; el de Borodin presenta su busto y tras él, inserto en un bloque de piedra con adornos y su nombre, una página de una partitura en mosaico dorado.  Y, sobresaliendo sobre todos ellos, la tumba de  Tchaikovsky, en  que dos ángeles cantores sostienen una cruz tras el busto del compositor.

Tumbas de Tchaikovsky y Mussorgsky. Foto:RSA

 

 

 

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