Comentarios intrascendentes - 03/10/12

¿Devolver al Estado los arcos islámicos de la Aljafería? ¡Ni pensarlo¡

El Ministerio de Cultura viene reclamando a las Cortes de Aragón los arcos islámicos del siglo XI que, con motivo de la Expo y de los 25 años de las Cortes,  se cedieron para que fueran expuestos en el Palacio de la Aljafería, su lugar de origen, y que encajan maravillosamente en su actual ubicación, entre el hemiciclo y la zona administrativa, para disfrute de los visitantes. La cesión inicial era por un año pero se aceptó prorrogarla hasta ahora, e incluía varios capiteles, frisos decorativos, los dos arcos mixtilíneos y un rosetón, conjunto de piezas en las que destacan los arcos por su valor monumental y de tasación. Se da la circunstancia de que estos arcos de la Aljafería se regalaron al Museo Arqueológico Nacional en 1868 por la Comisión Provincial de Monumentos.

Estas piezas se pretende regresen ahora al Museo Arqueológico Nacional, situado en la calle Serrano de Madrid, que ha estado cerrado temporalmente durante cuatro años para renovar sus instalaciones, y que prevé abrir de nuevo sus puertas en 2013. El Ministro de Cultura alega que esos arcos han de ocupar un lugar preferente en el área medieval del Museo, considerándolos esenciales para completar la exposición permanente del Museo remodelado.

Aun lamentando mucho parecer poco formales al incumplir los términos del convenio que hizo posible la cesión, las Cortes de Aragón deben negarse a devolver los arcos, aunque suponga poner a prueba al Estado a ver si pretende aplicarnos la fuerza para lograr su devolución. Argumentos morales los hay para mantener esa postura. La Aljafería era su lugar original y, por lo tanto, se recuperan después de una cesión que fue un expolio, aunque pudiera tener en aquella época la justificación de asegurar su conservación; si fue así, ahora su adecuada conservación en el Palacio está garantizada. Y, desde el punto de vista científico, hemos oído apelar mil veces a la necesidad de preservar la unidad de los monumentos y colecciones artísticas; pues así se recupera esa unidad. ¿Qué mejor lugar para esos arcos que su emplazamiento original?

Y, por una vez, tenemos algo importante a nuestro favor: los arcos están en nuestras manos (no ocurre como con los bienes de las parroquias o los papeles de Salamanca). Si el Estado no está de acuerdo con nuestras fundadas razones que nos los reclame judicialmente, hasta que se aburra. Porque es de esperar que el Estado no mande a la Guardia Civil a incautarse de esos bienes, teniendo en cuenta que no la utiliza para obligar al cumplimiento de las sentencias judiciales y eclesiásticas que nos benefician.

 

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