Cuadernos de viaje - 05/10/12

Nuremberg: escenarios del nazismo

Nuremberg es una bella ciudad alemana, en la región de Baviera, con algo más de 500.000 habitantes, a orillas del rio Pegnitz, que separa su casco histórico en dos barrios. Situada  a 160 Kms. al norte de Munich, está bien comunicada por avión, carretera y  tren.

Aunque más del noventa por ciento de sus edificios fueron destruidos por los bombardeos de la 2ª Guerra Mundial, su casco histórico fue reconstruido con arreglo a los planos originales y se halla rodeado por su muralla medieval con  sus cuatro torres y puertas principales. Paseando por sus animadas calles hay muchos lugares atractivos que visitar: la muralla, el Castillo, el antiguo Ayuntamiento, las iglesias de San Sebaldo, de Nuestra Señora y de San Lorenzo, el Mercado Central, la Fuente Hermosa, la Torre Blanca, el Carrusel del Matrimonio y el Teatro de la Ópera. Allí vivieron Alberto Durero, Pachelbel, Hans Sachs (el zapatero poeta de “Los Maestros Cantores” de Wagner) y apareció el enigmático Gaspar Hauser. El Mercado de Navidad, las salchichas, el pan de especias y la Feria Internacional del Juguete son señas de identidad de la ciudad actual.

Zeppelinfeld, Nuremberg / Foto:RSA

Nuremberg fue elegida por Hitler como sede de los Congresos del Partido Nazi, por su significado y tradición histórica como ciudad imperial. Entre 1927 y 1938 cientos de miles de militantes y simpatizantes concurrieron periódicamente allí para sus concentraciones y desfiles. Como tristes recuerdos de aquella época, además del lugar donde se celebraron los Juicios de los crímenes de guerra, el viajero curioso puede visitar dos recintos que dan idea de la grandiosidad y desmesura de la megalomanía nazi.

El lago Dutzendteich y el coliseo de Albert Speer / Foto:RSA

Extramuros de la ciudad, a unos cuatro kilómetros al sudeste del centro urbano, entre el actual recinto ferial y el lago Dutzendteich, se encuentran las grandes construcciones nazis: el llamado Campo Zeppelín (Zeppelinfeld),  con su enorme tribuna, y el Coliseo, diseñados por el arquitecto Albert Speer. La explanada para concentraciones es un gran recinto casi cuadrado de 300 metros de ancho y otros tantos de largo, presidido por una amplia tribuna de piedra con escalinatas  y con un púlpito en su centro, desde el que el Führer arengaba a las masas, y ante el que llegaron a desfilar hasta 250.000 personas cada año entre 1933 y 1938. Hoy, paseando entre los desmoronados peldaños de piedra o asomándose al púlpito hitleriano, el visitante puede rememorar las imágenes impactantes vistas en documentales y fotografías de aquella época.

Zeppelinfeld / Foto:RSA

Muy cerca de esa explanada se halla la monumental edificación semicircular de lo que se quería fuera un grandioso Centro de Congresos, con reminiscencias del Coliseo romano, y cuyas obras no llegaron a concluirse. En un pabellón del edificio existe ahora un Centro de Documentación, museo, archivo y lugar de estudio. Una pasarela de vidrio lo atraviesa en diagonal y acaba en una terraza con vistas al interior. La interesante exposición permanente “Fascinación y Terror” muestra testimonios del Partido Nazi, del culto a Hitler, de las concentraciones del Partido y de los Juicios de Nuremberg. Con ello la ciudad rememora una etapa de su historia y trata de superar y condenar el terrible recuerdo del Tercer Reich.

La exposición “Fascinación y Terror” / Foto: RSA

 

 

 

 

 

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