Cuadernos de viaje - 19/10/12

Bayreuth: lugar de peregrinaje wagneriano (y II). La Villa Wahnfried, el Museo y la tumba de Wagner.

En abril de 1874, Richard Wagner se instaló en Bayreuth con su familia en la casa donde debía pasar los últimos años de su vida, y que no dejó hasta poco antes de su muerte, ocurrida en febrero de 1883 en Venecia. La fascinante personalidad de Wagner la convirtió en lugar de visita y reunión artística y cultural. Allí concluyó “El Crepúsculo de los Dioses” y compuso la mayor parte de “Parsifal”.

Detalle de la fachada / Foto:RSA

 

La Villa tiene su propio jardín y está situada junto al Hofgarten, un gran parque con 400 años de historia, con magníficos árboles, bellas esculturas y un idílico lago. Parque que, como diría Wagner, le servía de inspiración.

El palacete, construido según los deseos de Wagner, tiene dos plantas en alto con amplias ventanas. Sobre su entrada principal, a la que se accede por una escalinata, figura el nombre “Wahnfried”, unión de las palabras Wahn (locura) y Friede (paz). Unas inscripciones en la fachada lo explican: “Aquí es donde mi espíritu atormentado ha encontrado la paz, y así denomino esta casa”. Sobre la puerta, las figuras del dios Wotan, como peregrino, y dos mujeres con el joven Sigfrido. Ante la Villa el busto de Luis II de Baviera recuerda la especial relación que le unió con Wagner.

Wahnfried, fachada principal y busto de Luis II / foto:RSA

 

En 1945 una bomba aliada destruyó la parte posterior de la casa, que fue reconstruida cuidadosamente y destinada a partir de 1976 a Museo, que gestiona la Fundación Wagner.

En la planta baja, al entrar se accede a un amplio vestíbulo, con bustos y estatuas en mármol, y dos pianos, uno de ellos regalo de Luis II. Le sigue un gran salón, que fue el lugar de estancia de la familia, espacio de reunión con los visitantes, sala de música, biblioteca y lugar de trabajo de Wagner. En la escalera, entresuelo y piso superior se refleja en detalle la vida y la obra de Wagner desde su infancia a su muerte: documentos, pinturas, fotografías, objetos varios, partituras, vestuario de sus obras. En el sótano, unas sesenta maquetas ofrecen una visión retrospectiva de las puestas en escena de las óperas en Bayreuth desde 1876.

La fachada posterior, con una rotonda semicircular, da a un tranquilo jardín con una fuente en su centro. Al fondo, está la tumba de Wagner y de Cósima Liszt, que le sobrevivió 47 años. Un gran bloque de piedra sin figura alguna, rodeado de tupida vegetación, invita al recogimiento.

Tumba de Wagner / Foto:RSA

 

Con motivo del bicentenario del nacimiento de Wagner, que se celebrará en 2013, se ha acometido la restauración del edificio y la ampliación y modernización de las instalaciones del Museo, tras un concurso de proyectos, adjudicado al Staab Architekten, de Berlín. Por ello, durante unos meses el interior de Wahnfried está cerrado a los visitantes.

 

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