Cuadernos de viaje - 28/09/13

La isla de Skye: una Escocia idílica

La isla de Skye es la mayor y más septentrional de las Hébridas interiores, aunque su población no llega a los 10.000 habitantes. El aislamiento geográfico, sus bellos paisajes, la limitada población y una actividad dedicada a la agricultura, la artesanía, el turismo y la destilación de whisky, hacen de Skye un lugar ideal para el descanso y el goce tranquilo de sus muchos atractivos. Las incisiones que hacen las rías a lo largo de toda la costa hacen que siempre se esté cerca del mar.

Castillo de Eileen Donan / foto: RSA

Castillo de Eileen Donan / foto: RSA

El acceso a Skye por carretera se efectúa desde Kyle of Lochalsh, a través del puente construido en 1995; hasta entonces solo podía llegarse en ferry. Inicialmente se cobró peaje por cruzarlo, lo que fue muy controvertido, pero en 2006 se eliminó el pago. El viajero que procede de Inverness y del lago Ness habrá encontrado pocos kilómetros antes el Castillo de Eileen Donan, una espléndida fortaleza enclavada junto a un lago, que merecidamente es el castillo más fotografiado de Escocia.

El nombre de la isla proviene de la palabra “skuy”, que significa nube, y alerta sobre el clima lluvioso y la niebla que se presenta con frecuencia. Pero ello contribuye al especial encanto de la isla para el viajero que desea librarse un tiempo del agobio de la gran ciudad y disfrutar con sosiego de paisajes, historia, monumentos y tradiciones, y que puede aprovechar para leer “El faro”, de Virginia Wolf, ambientada en la casa de verano de los Ramsays en Skye. Para recorrerla es aconsejable disponer de coche, dada la escasez de comunicaciones regulares. El alojamiento en algún bed and breakfast en medio del campo es lo más sugestivo, con precios razonables, copiosos desayunos y hospitalaria atención por la familia que lo regenta; si bien también existen hostales, hoteles y campings.

Isla de Skye / foto: RSA

Isla de Skye / foto: RSA

La capital de Skye es Portree, una bonita ciudad (2.500 habitantes), con un pintoresco puerto con barcos de colores y casas apiñadas en las laderas que llevan hasta el mar.

Recorrer Skye resulta muy grato. Los más deportistas pueden subir a las Cuillins, escarpada cadena montañosa con la mayor concentración de cumbres de Gran Bretaña, aunque no sobrepasen los 900 metros de altura; o practicar el senderismo entre granjas aisladas y campos verdes. Hay preciosos paisajes sobre el mar, como el acantilado de Kilt Rock y Mealt Falls, o Neist Point, un espectacular faro en el extremo de la costa oeste, construido en 1909.

Como testigos de su historia quedan varios castillos, la mayor parte en ruinas. Nada más entrar en la isla, junto al puerto de Kyleakin, se halla la silueta de Castle Moil sobre un promontorio; Duntolm Castle, Brochel Castle, y Armadale Castle, del clan MacDonald, son otros vestigios de antiguas fortalezas. Puede visitarse Dunvegan, al oeste, sobre una plataforma rocosa, residencia de los MacLeod, cuyo interior alberga numerosos cuadros y recuerdos.

Acantilados en la isla de Skye / foto: RSA

Acantilados en la isla de Skye / foto: RSA

Skye fue refugio para un héroe romántico, Carlos Eduardo Estuardo, -Bonnie Prince Charles-, el último de los Estuardo pretendiente de la Corona escocesa. Tras la rebelión de Escocia en 1745, y tras su derrota en Culloden, Carlos, disfrazado de criada, fue protegido por Flora Mac Donald, dando así origen a una romántica historia, hasta que un corsario lo condujo al exilio en Francia. En Kilmuir, al norte de la isla, una cruz celta señala la tumba de Flora, enterrada envuelta en una sábana de la cama donde había dormido el príncipe fugitivo.

La visita a la isla de Skye no sería completa sin acudir a la destilería de Talisker, situada en Carbost, junto a la ensenada del lago Harport, en la costa oeste de la isla. Allí se puede conocer el tradicional proceso de elaboración de un whisky de malta con personalidad propia. Implantada en 1870, mereció el elogio de R.L. Stevenson: “La reina de las bebidas, como yo la concibo, es de Talisker, Islay o Glenlivet”. Se trata de un whisky fuerte, embotellado con 48,5 º, de sabor difícilmente clasificable, de carácter volcánico, notas picantes, frescor marino y dulzor malteado. El Talisker de 10 años es el más difundido, dentro de la gama “Classic Malts”, y su etiqueta lleva un viejo mapa de la isla de Skye. Absolutamente recomendable.

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