Cuadernos de viaje - 21/03/14

YPRES, recuerdos de la Gran Guerra

1914 es un año marcado por el recuerdo –mejor que por la conmemoración, que no la merece—del comienzo de la primera Guerra Mundial, llamada en su momento la Gran Guerra. En 1918 la antigua ciudad de YPRES (Ieper ó Ypern) estaba  totalmente en ruinas; cuatro años de guerra habían convertido cada edificio en un montón de escombros.

 

La batalla de Ypres

Ypres es una ciudad belga del Flandes occidental, cerca de Gante y de Lille. En la Edad media, junto con Brujas y Gante, fue centro del comercio del hilado en Europa. Una población con bellos edificios medievales y fortificaciones y una rica historia.

La primera Guerra mundial supuso un terrible sufrimiento para Ypres y su entorno. Ocupada Bélgica por el ejército alemán, los Estados aliados decidieron proteger esa zona a toda costa y evitar la llegada del enemigo hasta el mar. La primera batalla de Ypres tuvo lugar en octubre y noviembre de 1914; las tropas británicas, francesas y belgas mantuvieron sus posiciones defensivas frente a la apabullante ofensiva alemana. Fue la primera batalla de la guerra donde se peleó de trinchera en trinchera, entre el barro y, a veces, con el agua hasta la cintura. La resistencia de los aliados en Ypres frustró el intento de los alemanes de ganar rápidamente la guerra en el frente occidental, pero con un tremendo coste de vidas, sufrimiento y sacrificio, durante cuatro años.

Ypres en la primera Guerra mundial / foto: wikipedia

Ypres en la primera Guerra mundial / foto: wikipedia

Precisamente la iperita recibe su nombre de Yper. Era el gas mostaza que utilizaron los alemanes por primera vez como armamento químico en la guerra, lanzado como proyectiles de artillería que, al estallar, desperdigaba un líquido que se evaporaba y  provocaba ampollas en la piel y en las membranas mucosas, y que tenía como consecuencia la muerte por asfixia.

En la batalla de Yper, a lo largo de cuatro años, 1.700.000 soldados de ambos bandos resultaron muertos o heridos, y un gran número de civiles sin cuantificar.

 

Ypres en la actualidad

Hoy, Ypres aparece totalmente reconstruida, reproduciendo fielmente el trazado de su centro urbano y habiendo recuperado sus monumentos más valiosos, destruidos en la guerra. Su plaza del Mercado (Grote Markt) ha vuelto a ser el centro de la ciudad, recreando su antiguo ambiente y esplendor, con los magníficos edificios del Ayuntamiento u Hotel de Ville, con su arcadas ojivales y una Sala del Consejo con espléndidas vidrieras; la Catedral de San Martín; la Lonja de los Paños, con su torre campanario de 70 metros de altura, en cuya primera planta el Museo In Flanders Fields presenta la historia de la primera Guerra mundial en tierras flamencas; el Palacio de Justicia, antiguo hospital, y la Châtellenie, con medallones representando los siete pecados capitales.

Grote Markt / foto: wikipedia

Grote Markt / foto: wikipedia

La imponente Puerta de Menin es el monumento a los oficiales y soldados de la Gran Bretaña y de la Commonwealth desaparecidos en la guerra. En sus paredes están grabados los nombres de los muertos de los que no se han encontrado las tumbas; nombres ingleses, escoceses, irlandeses, canadienses, neozelandeses, y de la India y de Africa. Cada noche las trompetas que interpretan The Last Post los recuerdan.

Pero no todo puede ser recuerdo de épocas tristes. Cada año, en el mes de mayo, Yper celebra el Festival de los Gatos, recuperando una tradición de la Edad Media, aunque dulcificada, pues en aquella época se creía que los malos espíritus tomaban la apariencia física de gatos, por lo que eran perseguidos. Hoy, la fiesta se celebra con disfraces y cabalgatas, y los únicos gatos que son lanzados al vacío desde la alta Torre-campanario son de peluche.

 

El testimonio de los caídos

En los alrededores de Ypres se encuentran campos de sepulturas y osarios de distintos países. Tyne Cot, con 35.000 tumbas, es el mayor cementerio militar del continente. Sobre el verdor de los prados, y presididos por algún memorial y las banderas, cruces de madera y cruces blancas señalan las tumbas, que se extienden en ordenadas hileras, último testimonio de tantos muertos. Olvidadas ya las razones de la tragedia, en el silencio y la actual paz de esos campos, recuerda uno el poema “Le dormeur du val”, de Rimbaud, tan bello pero con su terrible final:

 “Un soldat jeune, bouche ouverte, tête nue, et la nuque baignant dans le frais cresson bleu, dort; il est étendu dans l’herbe, sous la nue, pâle dans son lit vert oú la lumiere pleut.

Les pieds dans les glaïeuls, il dort. Souriant comme sourirait un enfant malade, il fait un somme: Nature, berce-le chaudement: il a froid.

Les parfums ne font pas frisonner sa narine; il dort dans le soleil, la main sur sa poitrine, tranquille. Il a deux trous rouges au côté droit”.      

 

Tumbas en Ypres / foto: wikipedia

Tumbas en Ypres / foto: wikipedia

 

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Para el lector interesado en la Gran Guerra, sin entrar en el pormenor histórico y político de las campañas y acontecimientos bélicos, puede ser de especial interés el libro “La belleza y el dolor de la batalla” (la primera Guerra Mundial en 227 fragmentos), de Peter Englund. Sigue de cerca a 20 personajes reales, casi todos jóvenes, rescatados del anonimato con base en documentos personales que dejaron y que reflejan el lado cotidiano de la guerra. A cada uno de ellos la guerra les robó algo, la juventud, las ilusiones, la esperanza, la humanidad, la vida.

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