Tensión democrática - 03/06/14

La abdicación de Juan Carlos I

democracia29.1. Abdicar en medio de la crisis, Julián Casanova*

La abdicación del Rey llega tarde. Ahora que el Rey ha dado ese paso, abdicar, que es lo que tenía que haber hecho hace dos años, nos van a inundar de documentos históricos excepcionales sobre la figura de Juan Carlos, de los grandes servicios prestados a la Patria y de alabanzas hacia esa sabia decisión de saber dejar el trono y dar paso a su hijo.

El futuro Rey tiene que salvar ese abismo que se ha abierto entre la generación en el poder y los jóvenes

Con su sólida formación internacional y su conocimiento del mundo actual, Felipe no llega tarde. Pero, al contrario que su padre, su figura no puede ser intocable, quedar fuera del debate político y social. La abdicación de Juan Carlos no acontece como consecuencia de un movimiento social republicano, sino del desmoronamiento de algunos pilares en los que se había basado la Monarquía y su relación con la democracia. Reconstruirlos es el reto que tendrá Felipe VI.

http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/opinion/abdicar-medio-crisis_946524.html

29.2. Miedo y nervios en las tripas del Sistema, José Luis Trasobares*

La abdicación, de repente, corría prisa. Había que moverla antes del verano. Dejarla para el siguiente periodo de sesiones parlamentarias suponía correr riesgos y quedar en evidencia, porque el 2015 es de nuevo año electoral y las cosas se están poniendo raras.

Las elecciones han dejado de ser un proceso rutinario y controlado (¡ven ustedes como el voto sí que cambia las cosas!). Una nueva transición se ha puesto en marcha.

http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/opinion/independiente_946532.html?utm_source=noticias_diario&utm_medium=newsletter&utm_campaign=2014-06-03

29.3. Un minuto después de la abdicación. Jesús Maraña

Cuando se vaya amortiguando el ruido provocado por el anuncio de abdicación; cuando los trescientos analistas que hace cuatro meses consideraban la ‘dimisión’ del rey un disparate se cansen de elogiar ahora la “inteligente y generosa” decisión de Juan Carlos I, resultará quelos motivos profundos que la han provocado seguirán ahí, como el dinosaurio en el despertar ya casi tópico del cuento de Monterroso. De modo que parece procedente hacer una serie de consideraciones sobre lo sucedido y sobre el porvenir. Ahí van.

Juan Carlos I asentó su legitimidad en el trono (seis años después de la muerte de Franco) sobre el miedo colectivo al golpismo militar (23-F). Felipe no debería asentar la suya sobre el temor a la democracia; sobre las alharacas de quienes no aceptan un debate abierto y respetuoso en el que la ciudadanía pueda decidir su propio futuro, sin anatemas ni imposiciones. España anda sobrada de amenazas, de héroes y de mitos, y muy necesitada de un proceso RECONSTITUYENTE, en el más amplio sentido de la palabra. Si no se aborda, la abdicación fracasará desde un minuto después de ejecutarse, por mucho que sus ideólogos crean que triunfa.

http://www.infolibre.es/noticias/opinion/2014/06/03/un_minuto_despues_abdicacion_17752_1023.html

29.4. Rubalcaba no dimitió para controlar al PSOE en el proceso de abdicación, Manuel Sánchez

“Sabíamos lo que iba a pasar, y el primer partido de la oposición no podía afrontar esto en manos de una gestora”, afirma un miembro de la dirección del partido

Rubalcaba contó con el respaldo de Susana Díaz, que también conocía los acontecimientos que se iban a producir

Ferraz cree que se abrirán tensiones menores en el partido pero que el respaldo a la coronación está garantizado por la inmensa mayoría de sus diputados

http://www.eldiario.es/politica/Rubalcaba-dimitio-controlar-PSOE-abdicacion_0_266674176.html

29.5. Una nueva generación reclama con justa causa el papel protagonista, Antonio Avendaño

La frase del Rey en su discurso de abdicación de ayer, tomada en todo su sentido, al menos en todo el sentido que es capaz de desplegar, serviría para justificar la convocatoria de un referéndum sobre la monarquía, un referéndum al que tendría perfecto derecho esa “nueva generación” que no sólo no votó la Constitución, sino que no comprende por qué ha de ser jefe del Estado una persona sobre la cual no han sido consultados los ciudadanos de ese Estado.

La generación del Rey y la siguiente, para entendernos, las generaciones de la Transición nunca se sintieron colectivamente preteridas por no haber sido consultadas sobre la forma de Estado. El debate llegó a estar bastante vivo tras la muerte de Franco pero declinó rápidamente desde el mismo momento en que la izquierda en general y Santiago Carrillo y el Partido Comunista de España en particular aceptaron que el dilema no era monarquía o república, sino dictadura o democracia, y se convencieron de que las intenciones democráticas del heredero designado por el dictador eran sinceras. Carrillo tuvo razón entonces, pero no la tendría ahora.

La gente tiene perfecto derecho a pensar que la cuestión de la forma de Estado es importante, escandalosamente importante y que, en consecuencia, merece ser consultada sobre ello.

La tentación de las élites políticas con más poder o influencia, provenientes en su mayor parte de la Transición, es esquivar cualquier riesgo de inestabilidad: piensan que apostar por un referéndum es abrir la caja de Pandora, pero la razón de que lo piensen es que siguen anclados en las razones de la Transición: piensan que el modelo de Estado no es relevante para tener una buena democracia y que el país tiene cosas mucho más urgentes que hacer que gastar sus energías en ese arriesgado experimento.

No parecen, sin embargo, advertir los riesgos que tiene para la propia monarquía renovar el mandato borbónico sin consultarlo a la gente.

Como realmente arrasaría Felipe VI sería diciendo que quiere someter su reinado a la consideración de los españoles: no solo ganaría el referéndum, sino que los republicanos y las nuevas generaciones tendrían que aceptar de buen grado el resultado, al tiempo que el nuevo rey apuntalaría la institución de la Jefatura del Estado y quedaría investido a los ojos de las nuevas generaciones de una estatura moral equiparable y aun superior a la que adquirió su padre tres décadas y media atrás.

Ahora bien, la propuesta democrática de referéndum tiene un pero. Un pero importante.  Y es que el verdadero valor de la opción monarquía o de la opción república, ambas igualmente legítimas, no está tanto en su contenido como en el consenso social que susciten.

Hasta que estalló la crisis económica primero y la crisis de la monarquía después, el consenso en torno a ésta era abrumador. Lo decían las encuestas y lo ratificaba el sentido común. Y ahí residía precisamente su principal valor. Lo cierto es que ese consenso ha dejado de ser el que era. Lo dicen las encuestas y lo confirma el sentido común.

Y ese hecho crucial, ese consenso menguante en torno a la actual forma de Estado es justamente lo que no están valorando en toda su amplitud y envergadura los dos grandes partidos -y los grandes medios de comunicación- al hacerse los suecos cuando se les habla de referéndum. Una forma de Estado tan anacrónica y artificial como la monarquía tiene los días contados si no cuenta con un amplio respaldo social.

http://www.andalucesdiario.es/politica/una-nueva-generacion-reclama-con-justa-causa-el-papel-protagonista/

29.6. Un rey de zarzuela, David Torres

Hace años, cuando le preguntaron con quién le gustaría echar una partida de mus, el actor Alfredo Landa dijo sin inmutarse: “Con el rey, para guiñarle un ojo y decirle: Qué bien lo estás haciendo, majo”. Y en la película de José Luis Garci,Volver a empezar, un premio Nobel español de Literatura recibe la llamada de Juan Carlos I (con la voz de Pedro Ruiz) felicitándole por el premio y por sus “palabras de agradecimiento a la Corona”. Entonces el escritor (encarnado por Antonio Ferrandis) replica literalmente: “Majestad, no dije más de lo que hubiera dicho en esos momentos cualquier español orgulloso de serlo”. Y añade ya sin el menor rubor: “En mi opinión es usted el hombre que España necesita”. Para terminar, Juan Carlos I le confiesa que la reina se ha leído todos sus libros, que él sólo algunos, pero que en cuanto pase por Madrid, que le llame y que le invitará a comer unas chuletas.

Al rey de España se le disculpa todo en virtud de una especie de carta blanca de inocencia previa.

Aunque a menudo lo parezca, el trabajo del rey no es ganar regatas ni esquiar ni ir al fútbol o a los toros. Tampoco guardar el propio honor ni salvar de vez en cuando la patria. Al igual que don Quijote creía que su principal misión era ir por ahí desfaziendo entuertos, la principal labor de Juan Carlos I es la de Jefe del Estado, una función simbólica en la que se supone que el rey representa al conjunto de los españoles.

Si hay un ámbito donde ha sido palmaria la inutilidad de la función representativa en la jefatura del Estado es en la ausencia continua y flagrante de cualquier representante de la Casa Real en los funerales por las víctimas de ETA.

Hay dos razones principales para tanta unanimidad, tanta alegría y tanta sordera. La primera es de orden político y apunta al prólogo de la fábula monárquica. Cuando se dice, sin pizca de ironía, que el rey es la pieza clave de la Transición se está realizando una operación alquímica por la cual el delfín de Franco, uno de los pilares de la dictadura, se convierte por obra y arte de la ficción (o sea, de la palabra) en la piedra angular del estado democrático. Pero, por desgracia, la borbónica no es la única dinastía que traía oculta el paquete bomba de la flamante Constitución.

La segunda razón es de orden estético y me atrevería a decir que incluso metafísico. El personaje de Juan Carlos I ha gozado de un incuestionable éxito popular por los mismos motivos por los que funciona un personaje de novela. Cae bien, a pesar de todos sus defectos. Es simpático, a pesar de todas sus distancias. Y, ante todo, funciona porque muchos españoles desearían ser como él: un triunfador nato, un tipo que siempre cae de pie, un adúltero en serie que mantiene el espejismo de un matrimonio perfecto mientras se codea con señoras estupendas, un señor impune por derecho a quien nadie puede tocar un pelo. Es una fantasía demasiado poderosa como para resistirse a su embrujo.

La abdicación es la guinda perfecta para este pastelazo que nos hemos tenido que tragar cucharada a cucharada durante casi treinta y nueve años, los mismos que duró su mentor y antecesor en el cargo. Pero ya se ha dicho tantas veces que no importa repetirlo otra: el esclavo no quiere ser libre, quiere ser amo. Los siervos, más que amar a su rey, más que odiarlo, lo envidian. Manuel Prado, Armada, Mario Conde, Urdangarín: la comedia monárquica es como un ogro que va devorando a sus hijos, alimentándose de sus propios errores. No importa cuántos escándalos, cuántos tropiezos, cuántas mentiras o ausencias jalonen su reinado. La zarzuela sigue adelante y nadie puede detenerla. ¿O es que alguien va a salir de entre el coro de aduladores y súbditos para dar la voz de alarma y decir que el traje de superhéroe que hemos adorado durante décadas no existe ni existió nunca? ¿Qué niño insensato se atreverá a decir en voz alta que el rey está en pelotas?

http://blogs.publico.es/davidtorres/2014/06/03/un-rey-de-zarzuela/

29.7. Los historiadores frente a la abdicación, Peio H. Riaño

La llegada de un nuevo rey exige una nueva norma. Abrir y reformar la esencia de este país para los próximos años requiere de una nueva definición.

Moradiellos explica que los partidos políticos prefieren no abrir la Constitución para adecuarla a las nuevas necesidades, porque si se rompiese el pacto de las autonomías lo primero que caería sería la monarquía.

“Llega tarde. Debería haberse producido antes”. Julián Casanova manifiesta que no es una abdicación natural, sino el resultado “del descrédito de la monarquía”.

http://www.elconfidencial.com/cultura/2014-06-02/felipe-no-tendra-la-influencia-de-su-padre_140403/

29.8. Una inmensa legitimidad popular, Paul Preston

Don Juan Carlos consiguió conducir a España de la dictadura a la democracia de manera incruenta y se convirtió en referente esencial de un país nuevo y moderno. Su sucesor se enfrenta a un complejo desafío

El reinado de Juan Carlos de Borbón es la historia de cómo el hombre designado por Franco para perpetuar su dictadura adquirió una inmensa legitimidad popular en la democracia. Recobrar esa legitimidad es el mayor reto para su sucesor.

En realidad, Juan Carlos ha sido un jefe de Estado neutral que ayudó a suavizar las amargas divisiones de la Guerra Civil. Curiosamente, las críticas más vehementes han surgido de la prensa y la radio de derechas, en particular la Cope, indignadas por sus cordiales relaciones con Felipe González y más adelante con José Luis Rodríguez Zapatero.

Los rumores sobre sus asuntos amorosos y de dinero han oscurecido la abnegación y el sentido del deber que han formado la base de su existencia. Durante la crisis económica, desde 2010, se ha generalizado un sentimiento de desencanto con la Monarquía. Como símbolo del sistema político, ha sufrido el resentimiento ante la corrupción de las élites. Las acusaciones han llegado justo cuando el Rey, cansado tras años de dedicación a la democracia y a España, y en medio de una gran pérdida de popularidad, parece haber decidido que le ha llegado el momento de disfrutar del descanso del guerrero.

La decisión de abdicar señala, como hizo su complejo papel en la Transición, a un hombre inteligente, decidido y de un profundo patriotismo. Tal vez convencido de que no va a recobrar la popularidad en la que se basa la supervivencia de la Monarquía, o quizá demasiado cansado para intentarlo, el Rey ha decidido cortar por lo sano para que su hijo tenga la mejor oportunidad posible de conservar el trono.

http://elpais.com/elpais/2014/06/02/opinion/1401734402_213698.html

29.9. La férrea neutralidad de un rey, Soledad Gallego-Díaz

La primera reacción del rey don Juan Carlos cuando la Comisión Constitucional aprobó el artículo 2 de la nueva Constitución española fue exclamar: “¡Me acaban de legalizar¡”. Don Juan Carlos fue consciente desde el primer momento de que la institución monárquica no podía tener otro arraigo en España que la propia Constitución, una ley democrática, sometida a referéndum, y siempre ha ajustado su comportamiento a ese principio.

Su decisión de abdicar responde plenamente a esa convicción de la que las instituciones se salvan cuando son sus protagonistas quienes asumen los errores. Cuando no se consiente que los ciudadanos tengan la terrible impresión de que nada tiene consecuencias políticas. Han pasado cosas. Y en el caso de la monarquía, tienen consecuencias. Es una gran noticia y una novedad en un país donde otras instituciones, desde los partidos políticos hasta el propio Gobierno, actúan como si no existiera relación entre una cosa y otra.

http://politica.elpais.com/politica/2014/06/02/actualidad/1401711087_897190.html

29.10. Un 2 de junio, histórico, José Oneto

El relevo generacional ha sido el gran argumento para explicar una decisión inesperada, que se insiste en que ya estaba tomada por el Rey probablemente durante su última recuperación, y que probablemente se ha acelerado por los resultados electorales del pasado 25 de mayo en los que se ha producido una debacle de los dos partidos tradicionales que apoyan a la Monarquía, frente a una subida de la izquierda y del independentismo claramente republicanos. Una pista de lo que puede suceder en las próximas elecciones generales en las que peligra gravemente el bipartidismo y cualquier proyecto de reforma constitucional que tendrá que afrontar el príncipe Felipe, para dar a su reinado el impulso necesario para la estabilidad de la Monarquía y la renovación que supone una nueva etapa.

Rubalcaba estaba en el secreto, y probablemente es una de las razones de que no haya dimitido de forma inmediata de secretario general del partido y de portavoz parlamentario

http://www.republica.com/2014/06/02/un-2-de-junio-historico_811747/

29.11. El Rey abdica y hace bien, Pablo Sebastián

Dimite el Rey, un gesto que le honra y que algunos pondrán en entredicho por las dificultades del presente momento español, y cuando los dos grandes partidos nacionales PP y PSOE acaban de sufrir un importante castigo electoral en los comicios europeas del pasado 25 de mayo. El que ha obligado a dimitir a Rubalcaba y a abrir una profunda renovación en el Partido Socialista, y lo que obligará a Rajoy a la reforma de su Gobierno y su partido, en este tiempo de crisis y de cambio generacional que no solo afecta al Rey sino también a los dos partidos ‘dinásticos’ que, a lo largo de la transición, colaboraron en la restauración democrática de la Monarquía y que ahora deberán impulsar una reforma importante de la Constitución en pos de la mejora y la renovación de la vida democrática, asignatura pendiente a la que le ha llegado su hora y a la que abre la puerta el rey Juan Carlos I con su abdicación.

http://www.republica.com/2014/06/02/el-rey-abdica-y-hace-bien_811577/

29.12. La legitimidad de Felipe VI pasa por la izquierda y los jóvenes, Cristina Benlloch

La caída del apoyo a la monarquía resulta especialmente intensa en la izquierda y las personas menores de 45 años.

Los años de Aznar resultaron especialmente negativos para el declive de la confianza en la institución.

Así, desde 1996, le habrían abandonado en cascada desde la extrema izquierda al centro ideológico. Este último sector en 2013. El centroizquierda ya lo había hecho, en buena medida, en 2010, al tiempo que empezaba a retirar su apoyo al gobierno de Zapatero.

http://www.eldiario.es/agendapublica/nueva-politica/monarca-debera-escuchar-jovenes-izquierda_0_266674440.html

29.13. De rey de muchos a rey de pocos, Ignacio Jurado

La Monarquía de Juan Carlos I en cinco gráficos

Su reinado en los últimos 20 años es la historia de cómo la Corona ha pasado de ser una institución compartida y aprobada por la mayoría a representar una institución aprobada solo por ciudadanos con un perfil muy concreto. Lo podemos resumir en cinco  gráficos

http://www.eldiario.es/piedrasdepapel/REY-Monarquia_6_266733349.html

29.14. Felipismo tricolor, Enric Juliana en La Vanguardia

En pleno vendaval europeo, la monarquía española intenta retomar la iniciativa, como ya hizo en 1976

La abdicación del Rey envía un mensaje fuerte en favor de la reforma política y el saneamiento moral de España. En un país apaleado por la crisis, la palabra reforma no sólo puede ser el eufemismo de recortes de plantilla, rebajas salariales y despidos más baratos. Alguien se lo tiene que explicar a los alemanes. El contrato social debe ser reajustado. El contrato territorial, también.

http://www.caffereggio.net/2014/06/03/felipismo-tricolor-de-enric-juliana-en-la-vanguardia/

29.15. La inteligencia de una operación, Jordi Gracia

La inteligencia de la operación me parece meridiana. De entrada sirve para desplazar del centro de la vida política dos accidentes graves fraguados en plena crisis: el proceso independentista de Cataluña y la informe respuesta latente a la degradación del sistema por parte del 15-M, hoy ya estructurada, pública y con nombre propio, Pablo Iglesias y Podemos (más una abrumadora abstención).

La gestualidad simbólica es tan alta que pone el cronómetro a cero, como si en esa abdicación se ocultase un plan de futuro y no, quizá, la agónica respuesta del sistema para protegerse a sí mismo (y de sí mismo) con una continuidad sosegada.

Si el Estado hoy toma conciencia de su propia crisis, quizá se ofrecen dos vías de futuro o dos posibles rutas. Dicho de forma muy taxativa, o el búnker o el cambio. Del búnker histórico ya nadie se acuerda, pero casi mejor: es un mal recuerdo. Y sin embargo, hacia esa solución podría tender tanto la abdicación del Rey como la tentación de la alianza entre los dos partidos centrales. La segunda salida ni es clara ni puede serlo: parece estar fabricándose en directo y a gran velocidad, como si de golpe en 2014 pudiésemos constatar la dimensión real de las reclamaciones de quienes han crecido bajo esta democracia y son, por tanto, los mejores testigos del éxito mismo de la Transición.

La abdicación puede ser un mea culpa simbólico o sólo un último y peligroso mecanismo de autodefensa.

http://elpais.com/elpais/2014/06/02/opinion/1401713014_195437.html

29.16. La abdicación del rey: el fin de la Transición inmodélica, Vicenç Navarro

http://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2014/06/02/la-abdicacion-del-rey-el-fin-de-la-transicion-inmodelica/

29.17. La abdicación de Juan Carlos muestra las grietas de la España de la Transición, Andrés Gil

El adiós del rey deja a PP y PSOE, en menos del 49% del electorado en las elecciones del 25M, como únicos representantes del modelo nacido en 1978

La mecha que prendió el 15M se ha convertido tres años después en un crecimiento electoral de la izquierda a la izquierda del PSOE, fundamentado en una contestación al bipartidismo y al régimen diseñado hace 36 años

Las imputaciones a Iñaki Urdangarin y Cristina de Borbón, los papeles de Bárcenas, el caso de los ERE, la cacería en Botsuana, el fin de ETA, el reparto desigual de la crisis y las aspiraciones independentistas catalanas han erosionado profundamente la arquitectura de 1978

http://www.eldiario.es/politica/abdicacion-Juan-Carlos-puntilla-Transicion_0_266674113.html

29.18. Una reforma constitucional para arropar al nuevo Rey, Carlos Sánchez 

El artículo 168 –” el de la reforma constitucional”– obliga a que cualquier revisión de la Carta Magna total o parcial que afecte a cuestiones como la Corona, los derechos humanos o la unidad de la nación se tenga que aprobar por mayoría de dos tercios de cada Cámara y la posterior disolución inmediata de las Cortes. Finalmente, la reforma constitucional debe ser aprobada en referéndum. Es decir, un tortuoso camino que en caso de que se circunscribiera a la Corona acabaría derivando en un plebiscito sobre monarquía o república, algo que el rey y todos los Gobiernos constitucionales han querido evitar a toda costa.

Claro está, salvo que la reforma constitucional sea más amplia e incorpore otras cuestiones. Y esa es la idea que muchos constitucionalistas han sugerido. Entre otras cosas, porque de esta manera se ahogarían debates de tanto calado como el catalán. “Crear una Comisión Constitucional son palabras mayores”, sostiene Laporta, “y eso sofocaría el debate en Cataluña”.

¿Cuál es el mejor momento? Sin duda, al final de la legislatura, ya que hay que disolver las Cortes. Pero antes se debe crear la Comisión Constitucional encargada de reformar la Carta Magna. De lo contrario, es probable que de nuevo la Historia atropelle a España. Y ya se sabe lo que pasa cuando eso sucede.

http://blogs.elconfidencial.com/espana/notebook/2014-06-03/el-rey-y-sanson_140603/

29.19. El rey no tenía otra opción, Ignacio Escolar

La abdicación del rey Juan Carlos es la última prueba, la definitiva, del enorme deterioro institucional que vive España. Incluso en el palacio más alto del país se rinden a una evidencia que durante años intentaron negar. No es una crisis económica. No se va a arreglar simplemente con la recuperación del PIB. Es el fin de una era, una crisis sistémica, el colapso de un modelo institucional, político y territorial que se rompe por las costuras porque ya no aguanta más.

http://www.eldiario.es/escolar/rey-opcion_6_266733334.html

29.20. El adiós del rey, ese soplo de aire fresco, Rosa María Artal

Es hora de cambiar la política siguiendo la estela de lo que ha evidenciado desear la gente ya de forma explícita porque ya no aguanta más recortes, ni más mentiras, ni más naftalina, ni más caspa

Santiago Carrillo me dijo en uno de los reportajes sobre el rey que Juan Carlos se hacía el tonto deliberadamente para mantenerse durante su etapa de príncipe. Para lidiar con la cueva de fieras del franquismo. Un superviviente. Que sabe cuándo ha de irse. Quizás con un cierto retraso. Le imagínamos consciente de que su hijo Felipe no lo va a tener fácil. Una vez que el aire entra con fuerza es complicado cerrar las ventanas y se abre paso la idea de la República. Se pide, al menos, un referéndum que el inmovilismo conservador del gobierno se negará a convocar y que puede querer evitar también la tan prudente oposición socialista. Veremos cómo se desarrolla todo.

http://www.eldiario.es/zonacritica/adios-Rey-entra-soplo-fresco_6_266733333.html

29.21. El problema es que faltan muchas abdicaciones, Rosa María Artal

El Rey Juan Carlos se va pero se queda una forma de hacer política de antiguo régimen, agudizada por la involución impuesta por el actual gobierno. Algunos partidos, judicatura, iglesia, sindicatos, empresarios, periodismo, son sectores que presentan serias averías.

O nos libramos de los corsés, respiramos y hacemos acopio de savia nueva o vamos al asilo de países a esperar el final.

http://www.eldiario.es/zonacritica/problema-faltan-muchas-abdicaciones_6_266733354.html

29.22. Último servicio a la democracia, Santos Juliá

Lo que sufrimos en España no es, como tanto se repite, el agotamiento de un supuesto “régimen” inventado en 1978. Lo que realmente sufrimos al menos desde hace una década, cuando se hizo evidente la necesidad de reformar la Constitución y las leyes que han dado origen al sistema de partidos, es la parálisis de los partidos políticos para abordar esa reforma. Pues si, en efecto, la democracia es el único sistema de poder que sufre crisis en la misma medida en que es capaz de superarlas, también es cierto que por su propia naturaleza toda democracia exige reformar y renovar sus cimientos y sus prácticas si quiere enfrentar los nuevos retos que plantea el paso del tiempo y la aparición de nuevos problemas y nuevas generaciones.

Hay que evitar nuestra secular manía de tejer y destejer

http://politica.elpais.com/politica/2014/06/02/actualidad/1401722445_221676.html

29.23. Sin el Rey no habría democracia, Javier Cercas

La abdicación es, verosímilmente, el último servicio fundamental que Juan Carlos I va a hacerle a este país. El primero consistió en contribuir de manera decisiva, durante la segunda mitad de los años setenta, a instaurar la democracia: sin el Rey, quizá no hubiera habido democracia, o no la hubiera habido tal y como la conocemos, o hubiera tardado años en llegar. El segundo servicio fundamental fue impedir que el 23 de febrero de 1981 la democracia terminase antes de empezar.

Sus casi 40 años de reinado han sido los mejores de nuestra historia moderna

No soy monárquico. Pero, en mi opinión, ahora mismo el dilema real de este país no es el que obliga a elegir entre monarquía y república, sino el que obliga a elegir entre mejor o peor democracia. O dicho de otra manera: prefiero mil veces vivir en una monarquía como la sueca que en una república como la siria, y no veo qué parte del problema del paro, de la educación o de la sanidad resolveríamos sustituyendo por una república la monarquía.

http://politica.elpais.com/politica/2014/06/02/actualidad/1401719800_079533.html

29.24. La monarquía en transición, Ignacio Sánchez-Cuenca

Si por algo se recordará al rey Juan Carlos en el futuro más lejano, será por su papel en la transición española a la democracia. Los mejores años de su reinado fueron, sin duda, los primeros, cuando unió su suerte a la de Adolfo Suárez en la democratización del país.

Sería incorrecto, a partir de aquí, concluir que el rey “trajo” la democracia a España. La democracia habría acabado llegando con o sin el rey. Habría tardado un poco más, o un poco menos, o lo mismo, pero habría ocurrido igualmente: así lo indicaba tanto el desarrollo económico de España en la época como el hecho de que en 1975 nuestro país fuera el último de Europa occidental que todavía no era democrático.

Aunque la erosión ciudadana de las instituciones ha sido generalizada, la monarquía ha sido la que ha caído más profundamente durante los años de crisis. En este contexto, la abdicación del rey es una excelente noticia. Cabe esperar que sirva de ejemplo para otras muchas renovaciones en la vida pública y en la sociedad civil que se debían haber producido hace tiempo. Quizá marque el inicio de una transición de la transición, de un cambio que rompa definitivamente con lo que podrían llamarse “los poderes fácticos de la transición”, que van de la política al periodismo pasando por las grandes empresas.

http://www.infolibre.es/noticias/opinion/2014/06/02/la_monarquia_transicion_17739_1023.html

29.25.¿Y si no le aceptáramos la renuncia?, Arturo González

Este es un asunto que apenas me interesa, más allá de lo pintoresco, y no alcanzo a comprender la relevancia enorme que se le concede. Me da igual quién reine, ni pincha ni corta. Afortunadamente el sistema democrático lo tiene embridado y reducido a un papel re relaciones públicas cualificado. Y hasta me da igual que España continúe bajo forma monárquica o se instituya en república.

Ni política, ni económica ni socialmente cambiaría nada en España sea quien sea el rey o el presidente de la República. Mandamos los españoles a través de los políticos que decidimos libremente en elecciones periódicas, y ahí es donde radica la batalla a librar. Muchísimo más importante que la cuestión monárquica es el odio que entre todos hemos generado hacia los políticos y los méritos que éstos han hecho para que los despreciemos. O afrontamos eso o, además del rey, seremos nosotros quienes estemos desnudos. Pablo, arréglalo.

http://blogs.publico.es/arturo-gonzalez/2014/06/02/y-si-no-le-aceptaramos-la-renuncia/

29.26. Ser Rey hay que vivirlo, Manuel Jabois

Al Príncipe Felipe le cuesta justificar racionalmente la Monarquía. Lo dijo hace años en una mesa en la que estaba un periodista de El País, Francisco G. Basterra. La Monarquía es una institución, explicó el Heredero, que se da a entender mejor desde las emociones. Pudo haber tirado la servilleta al plato: «¡Esto hay que vivirlo!», y todo el mundo lo hubiera entendido mejor.

Hombres del siglo XXI incapaces de explicar por qué son necesarios en estructuras del siglo XIII.

Hasta a los republicanos pragmáticos podría incomodar -pero no lo suficiente- su traslado a la esfera privada y poner a presidir la República al Aznar de turno. Coja usted el país, diría alguien, y reine lo mejor que pueda porque es nuestro producto: devuelva al ciudadano lo invertido

Es la misión más delicada de la única persona formada intelectualmente en España para ocupar un trono. Trabajar con razones dentro del Estado y convertirlas en emociones fuera, producto de un anacronismo según el cual primero hay que tener la sangre correcta y luego llenarla de méritos.

http://www.elmundo.es/espana/2014/06/03/538d76cf268e3e16068b456b.html?cid=SMBOSO25301&s_kw=twitter

29.27. Hasta el infinito y más allá, Antón Losada

El momento ha sido elegido con sagacidad. Una semana después de las elecciones europeas, cuando medio país reclama al Gobierno, partidos mayoritarios e instituciones que escuchen el mensaje y el otro medio se asombra por su falta de respuesta, la Corona aparece como la primera en responder y con potencia.

En este país donde casi siempre casi nada cambia cuando debería, los cambios siempre viene así, cuando no queda más remedio y a toda velocidad. No se sabe si la prisa se debe al ansia por empezar una nueva etapa o a la necesidad de no dejarnos tiempo para pensar; aunque tiene más pinta de lo segundo.

El rey ha estado inteligente en su intervención. Ha tirado de clave generacional y de imaginario colectivo para intentar que visualizáramos en su heredero la  reencarnación de aquel joven príncipe que venía a enterrar a Franco y reinar en democracia

El inminente Felipe VI tiene ahora la iniciativa. De entrada, debería intentar evitar los tres errores básicos de su padre.

El primero sería hurtar, ignorar, anular o resolver por decreto el debate República vs Monarquía. Negar los problemas no los resuelve. El segundo sería no reducir a cenizas de inmediato y sin piedad la corte de los milagros que nos decían que no existía, pero que sí existía, hacía PowerPoints y cobraba cientos de miles de euros por mandarlos por email. El tercero sería confundir popularidad y legitimidad.

http://www.eldiario.es/zonacritica/infinito-alla_6_266733347.html

29.28. Resistir la tentación, José Ignacio Torreblanca

Valorar la abdicación del Rey Juan Carlos exige evitar dos tentaciones estrechamente relacionadas entre sí. La primera es la del panegírico acrítico. La trayectoria del Rey en estos cuarenta años refleja bien tanto los puntos fuertes de nuestra democracia como los débiles

La segunda tentación a evitar; la de descargar sobre el Príncipe Felipe la responsabilidad de gestionar el fin de un régimen y poner en marcha una “Segunda Transición”.

http://politica.elpais.com/politica/2014/06/02/actualidad/1401705192_161323.html

29.29. Abran paso a una nueva generación, Juanjo Morodo Magadán

Felipe va a asumir el reinado con muchos frentes abiertos, que van a exigir toda la destreza, mucho trabajo y un tino al elegir los asesores del que en muchos momentos careció su padre. Cataluña y su papel en España, los nuevos aires republicanos preñados de ingenuidad, el desnorte institucional, la urgencia de un rearme intelectual, la necesidad de poner a la demagogia en su sitio… Lo dicho, mucha faena. Y la obligación de demostrar que lo que hemos gastado en su formación es una buena inversión.

El cambio de generación que acomete la monarquía es un paso que ya han dado las empresas españolas… en parte. Igual que muchas instituciones… en parte. Es un buen momento para que unas y otras revisen sus planes al respecto.

http://blogs.cincodias.com/puntos_suspensivos/2014/06/paso-a-una-nueva-generaci%C3%B3n.html

29.30. Proceso (re)constituyente, Guillem Martínez

La abdicación es una apuesta arriesgada. Pero de un riesgo limitado. Afecta sólo al vértice del Estado que, por otra parte, tal vez ya esté en cierta manera amortizado.

Tradicionalmente, cuando los diarios españoles lanzan ediciones especiales vespertinas, no es tanto para informar como para cohesionar. A estas jornadas de poca información, pero de mucha comunicación, que surgen cuando el Estado necesita una ayudita, se les podría llamar Apagón Informativo. Son uno de los sellos de la Cultura de la Transición.

No, no está fina la Cultura de la Transición. Tres años después, aún no sabe interpretar el 15M como ruptura cultural –es decir, como ruptura–, que ha creado un nuevo sentido común, dejando grogui al antiguo canon de sentido común, que ofrecía cotidianamente protección cultural a las Instituciones. Tal vez aún no ha interpretado que el Estado cambió absolutamente de forma, sin cambiar de Régimen, con la reforma constitucional de 2011, enviando al garete el único pacto amplio de la Transición –nos dais bienestar y os quedáis con todo lo demás–.

http://www.eldiario.es/zonacritica/Proceso-reconstituyente_6_266733363.html

29.31. Queda inaugurada la Segunda Transición, Isaac Rosa

La buena noticia es que con el rey se acaba la Transición; la mala es que la Segunda Transición hace más creíble el gran pacto PP-PSOE que atruena desde hace meses

Si de verdad quieren que construyamos un nuevo consenso, renovar lo podrido, iniciar un nuevo tiempo y que todos caminemos en la misma dirección, no hay Segunda Transición que valga. Todo lo que no sea empezar por un referéndum sobre la forma de Estado no nos sirve. Todo lo que no pase por un ejercicio de democracia que sea el acto fundacional del nuevo tiempo, será más de lo mismo.

http://www.eldiario.es/zonacritica/rey_abdicacion_felipe_6_266733330.html

29.32. Jaque al rey, hacia la Tercera República, Juan Luis Gallego

Publicado el 6 de agosto de 2013

Cayeron las barreras. Cuestionados abiertamente por los ciudadanos, el Rey y la Monarquía se tambalean. La crisis económica e institucional puede llevarse por delante a un régimen heredero del franquismo del que, dicen los republicanos, no puede venir el cambio necesario. Incluso empujan en la misma dirección ciertos sectores del poder temerosos de que la Corona los arrastre en su caída.

http://blogs.publico.es/numeros-rojos/2013/08/06/jaque-al-rey-hacia-la-tercera-republica/

29.33. A rey muerto, rey puesto, Javier Gallego

El rey se va para que no se tenga que ir también la monarquía. Juan Carlos ha elegido el último momento que le quedaba para intentar salvar los muebles de una institución que se desmorona. Aplica la máxima de Lampedusa en El Gatopardo, “si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”. ¡El rey ha muerto, viva el rey! A rey muerto, rey puesto.

Pero esta abdicación abre una caja de Pandora que desata unos vientos difíciles de controlar. La Izquierda Socialista y las juventudes del juancarlista PSOE ya se han unido a la petición republicana de referéndum y la sociedad acaba de pedir más democracia en unas elecciones. Rajoy y Rubalcaba lo saben y ambos se han apresurado a decir que la sucesión del príncipe representa la “normalidad”. No es casual que coincidan en la palabra elegida. Tocan la misma música. Son como la orquesta del Titanic. Siguen tocando como si no pasara nada mientras el barco se hunde

Españoles, la Transición se muere pero da los últimos coletazos para intentar salvarse

http://www.eldiario.es/zonacritica/rey-muerto-puesto_6_266733339.html

29.34. Si el príncipe Felipe fuera un verdadero demócrata…, Olga Rodríguez

Si el príncipe Felipe fuera un auténtico demócrata entendería que le corresponde poner fin a una institución obsoleta y antidemocrática. Renunciaría a la herencia, a los privilegios.

Reivindicar una Tercera República es defender una democracia realmente participativa, con una economía al servicio de la gente y no solo de una elite.

http://www.eldiario.es/zonacritica/principe-Felipe-verdadero-democrata_6_266733351.html

29.35. Daños colaterales, Elisa Beni

El escenario actual nos pone sobre el tapete a un jefe de la oposición que está dimitido y a un Partido Socialista de facto sin líder que corre un poco como pollo sin cabeza en busca de un timonel y, sobre todo, de un sentido.

La abdicación provocó ayer los primeros movimientos que van a volver a poner a los socialistas contra las cuerdas. El debate en torno a la República, y al derecho del pueblo a decidir sobre la forma de Jefatura del Estado, no va a ser ahorrado a pesar de las prisas.

Ante esto sólo el PSOE institucional, el del aparato, el de la “casta”, ha cerrado filas con el PP para asegurar que la transferencia se haga de forma rápida, eficiente y sin lugar para las dudas. El tránsito dinástico se hará, no nos quepa duda, pero no le va a salir gratis a ese PSOE que ha tenido ya que retrasar el Congreso. Será un golpe más para su inclusión en la “casta”, para su señalamiento como traidor a sus esencias y a sus principios que son, sin duda, republicanos.

Muchos militantes del PSOE, de esos de base que tampoco saben si serán oídos en serio en el proceso, están clamando también por activar la tecla republicana que siempre latió bajo sus siglas.

No sé si Felipe VI va a intentar liderar un consenso que refunde y reinvente el régimen político español, pero su entronización en estas circunstancias va a suponer, sin duda, un quebradero de cabeza más para el sostenimiento del sistema turnista (que no bipartidista) en el que se había transformado la Transición.

http://www.eldiario.es/zonacritica/Danos-colaterales_6_266733364.html

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