Política - 10/07/14

Construyendo la realidad

Conocí a Antonio Aramayona a principios de octubre del año pasado. Después de haberlo confirmado en el diario que escrupulosamente el profesor ha ido escribiendo a lo largo de todo un año en su blog, sé que fue un miércoles, concretamente el día 2 de octubre de 2013. Yo estaba paseando y despidiéndome de Zaragoza, porque en tres días salía el tren que habría de llevarme a París a buscar una oportunidad de trabajo, ante la total ausencia de empleos que España ofrece a personas con amplia formación académica.

Ese día me dejaba llevar una vez más por los pasos que ya conocía de memoria por la ciudad en la que había vivido los últimos ocho años de mi vida, cuando enfrente de un portal de la zaragozana calle Alfonso vi a un señor mayor en silla de ruedas sosteniendo uno de los archiconocidos carteles verdes por la escuela pública. Le acompañaba una chica de mi edad. Nadie más parecía haberse percatado de la presencia de esta pareja y podría decirse que algunos se esforzaban por ignorarla. Me resistí a pasar de largo, como si no les hubiese visto, y me acerqué a ellos.

 

Aramayona,-para-Construyendo..

 

 

Entonces fue cuando me enteré de que Antonio Aramayona era un profesor de filosofía jubilado que, desde hacía algunos meses (al día siguiente iban a cumplirse cuatro) se situaba enfrente del portal de la Consejera de Educación de Aragón, la señora Dolores Serrat, para reivindicar pacíficamente el derecho a una enseñanza pública, laica y de calidad, ante los brutales recortes perpetrados por el gobierno español. Supe que unos minutos antes de mi llegada habían recibido la visita de la policía nacional para pedirles la documentación y deduje que el susto que la joven que le acompañaba llevaba encima era la explicación de unas lágrimas recientes y de la actitud consoladora que pude adivinar en Antonio en la distancia. El encuentro tuvo la virtud de insuflarme alegría al comprobar una vez más lo infundado de la frase que muchos se permiten observar con el culo bien asentado en el sofá del salón, “nadie hace nada” (ante los abusos del gobierno). Emigrada en París, he seguido con frecuencia las entradas del diario de Aramayona. Días de frío inclemente con cierzo zaragozano, días solitarios, tan sólo con la presencia de Marisol al lado, días de alegría, acompañados por multitud de amig@s, días de desasosiego ante las increpaciones de viandantes que se sienten personalmente ofendidos por su presencia a la puerta de la casa de la Consejera. Días de lucha constante, tenaz.

Algunos consideran que más valdría que Aramayona dejase sus carteles y colaborase con organizaciones benéficas. Bien. Aramayona, jubilado con toda una colección de operaciones y obligado a moverse en una silla de ruedas, lleva un año entero acudiendo al portal de la Consejera con el objeto de defender su derecho a defender la muy atacada escuela pública. Es más de lo que haría cualquier otr@ jubilad@ en condiciones similares.

Recientemente se cumplió un año de las reivindicaciones de Aramayona. En París me he enterado de la noticia de que la policía, enviada por la “acosada e indignada” señora Consejera de Educación, se dispone a sancionarle diariamente con una multa de 200€ si continúa ejerciendo su derecho a manifestarse. Contradiciendo flagrantemente el Artículo 20 de la Constitución Española, que reconoce y protege el derecho a “expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, escrito o cualquier otro medio de reproducción”, y el Artículo 25, por el cual “nadie puede ser condenado o sancionado por acciones u omisiones que en el momento de producirse no constituyan falta o infracción administrativa, según la legislación vigente en aquel momento”, la Consejera se posiciona claramente en las filas que, pretextando un respeto sagrado a la Constitución de 1978, violan sistemáticamente los principios en ella expresados para salvaguardar un régimen deslegitimado que hace aguas por los cuatro costados. Marisol, mujer que incansablemente acompaña a Antonio, ya fue sancionada a finales de 2013 con una multa de 200€ que tuvo que pagar rigurosamente. Antonio, según las indignas advertencias policiales, debería ser castigado con cuantías cada vez más elevadas que podrían llegar a alcanzar los 3000€. Asimismo, se le dejó caer una amenaza de denuncia por parte de la señora Serrat, que habría de conducirle a juicio.

Los medios de comunicación oficiales han mirado sistemáticamente hacia otro lado. Como ciudadana, me siento en la obligación moral de redactar estas líneas no sólo para dar a conocer la labor del profesor Aramayona y de las personas que, como Marisol, le han estado apoyando, sino también para denunciar el acoso al que se está viendo sometido por parte de una persona que ejerce, en este caso, un desproporcionado, miserable, vergonzoso e injusto abuso de poder. Como futura docente (espero) en España, defiendo un sistema de enseñanza pública, financiado con los impuestos recaudados por el gobierno. Defiendo un Estado que no sangre a la población para
enriquecer las arcas de unos pocos. Defiendo una sociedad solidaria, en que las personas trabajen codo con codo para mejorar y no incurrir en los mismos errores. Defiendo, por tanto, la labor de Antonio Aramayona, cabeza visible de una legión de profesores que trabaja por la escuela pública y que lucha por que ésta siga existiendo. Defender la actitud de Aramayona no es sólo defender la escuela pública, sino también el derecho a expresar un punto de vista de forma pacífica sin ser sancionad@ por ello.

Ante los abusos represivos de un gobierno que, por deslegitimado, se siente en la obligación de aumentar y recrudecer las sanciones ante quienes ejercen un derecho constitucional, no podemos quedarnos de brazos cruzados. Ante la criminalización de la respuesta social a las políticas antisociales del gobierno, no cabe el mutismo, el mirar hacia otro lado. Más que nunca, hay que adoptar posiciones comprometidas, con nosotr@s mism@s y con nuestro futuro. Tener en cuenta, más que nunca, que la realidad no es, sino que se construye. Nosotr@s somos sus albañiles.

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