
El actual Justicia, que nada o muy poco tiene que ver con su figura histórica, no es sino un burdo maquillaje institucional. No tenemos autogobierno ni autonomía fiscal, ni poder de explotación, pero los aragoneses podemos sentirnos orgullosos de contar con la institución del Justiciazgo, una especie de Defensor del Pueblo con cachirulo, cuyas recomendaciones se las pasan las Cortes Generales, las Cortes de [continuar leyendo ...]








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