Ante la noticia del fallecimiento de Mariano Constante, la primera imagen suya que me viene al recuerdo es el de una tarde de invierno, en el salón de su casa en la ciudad de Montpellier, rememorando espacios comunes de nuestro añorado Aragón. Mariano fue desgranando, poco a poco, con su acostumbrada vehemencia, su pasión por el Alto Aragón y, por extensión, por [continuar leyendo ...]









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