Publicaciones - 04/03/10

Vicente Cazcarra y el Aragón de su tiempo

Vicente Cazcarra y el Aragón de su tiempo

La figura de Vicente Cazcarra vuelve a estar ante nosotros al leer los diversos testimonios que recoge este libro, coordinado por Manuel Ballarín y editado por la Fundación Rey del Corral de Investigaciones Marxistas.

 Persona inolvidable por su compromiso político, su formación cultural y su apertura hacia posiciones no siempre coincidentes con las suyas, este militante y dirigente del Partido Comunista fue una referencia imprescindible en los últimos años de la dictadura franquista y la transición en Aragón, aunque los resultados políticos no le correspondieran en la medida que merecía.

 El libro recoge testimonios, análisis y reflexiones de dieciocho amigos, historiadores y compañeros de viaje, que aportan desde su óptica personal –no siempre coincidente con la posición de Cazcarra—información y análisis sobre aquel período histórico. Desde la poesía que le dedicó José Antonio Labordeta cuando fue condenado a años de cárcel por sus ideas, hasta un breve comentario de Santiago Carrillo de un cierto cinismo, el conjunto de las colaboraciones incorporadas al libro permite comprender mejor el ambiente, las luces y las sombras de una época importante de nuestra historia, y el papel desempeñado por Vicente Cazcarra en esos difíciles momentos.

El miércoles 10 de marzo, a las 19,30, se presenta el libro en la Librería Cálamo, con intervenciones de Manuel Ballarín, Adolfo Burriel, Maruja Cazcarra y Javier Delgado.

23 de abril de 1983, inaguración del Teatro del Mercado y presentación de la edición de la Obra Completa de Miguel Labordeta. Vicente Cazcarra es el quinto por la de derecha en la fila intermedia.

4 comentarios sobre Vicente Cazcarra y el Aragón de su tiempo

  • Andalán

    Maruja Cazcarra nos manda el texto de su intervención en la presentación del libro “VICENTE CAZCARRA Y EL ARAGÓN DE SU TIEMPO” el miércoles 10 en la Librería Cálamo. Le gustaría que publicásemos esas palabras, y a nosotros más: mil gracias, querida amiga.

    PARA LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO “VICENTE CAZCARRA Y EL ARAGÓN DE SU TIEMPO” EN LA LIBRERÍA CÁLAMO DE ZARAGOZA EL MIÉRCOLES 10 DE MARZO DE 2010.

    Cuando me hablaron del proyecto de este libro me comentaron que se ceñía a su faceta política. Al leerlo veo que se entremezclan muchas referencias personales y me temo que yo voy a hacer lo mismo. Inevitable: soy su hermana.

    La primera y constante influencia en la vida de Vicente fue su padre, su padre fue su ídolo (con mayúsculas). Ídolo que nunca le falló, al que nunca tuvo que bajar del pedestal. Como contraste, en su vida política hubo muchos ídolos de barro que se le cayeron. Vivió junto a un maquinista de ferrocarriles (máquinas de vapor – toneladas de carbón a respirar – cabinas abiertas al aire, a la lluvia, al frío y al calor, largas noches de viaje. Un hombre que tenía el orgullo del trabajo bien hecho, la superación, la solidaridad. En resumen, “conciencia de clase”.

    Vicente, desde su formación intelectual, no tuvo que acercarse a la clase obrera: vivió dentro de ella. Conoció de primea mano la dureza del trabajo físico, las condiciones de trabajo, las secuelas del carbón, las lucha laborales, etc. ,y la pérdida total de libertades con sus repercusiones funestas par la clase obrera.

    Uno de los primeros poemas que escribió Vicente lo dedicó a su padre y su máquina de tren.

    En adelante, tengo que incluir a la madre. Ambos, tanto padre como madre, siempre estuvieron a su lado incondicionalmente, y cuanto más difícil y dura era la situación más entrega había en su apoyo. Cuando Vicente fue detenido en Barcelona sus vidas giraron a su alrededor y durante seis años el Penal de Burgos fue su mundo.

    Recientemente unos amigos íntimos me comentaban que en una conversación que tuvieron con Vicente pocos meses antes de su muerte les dijo, textualmente: “La mayor suerte de mi vida ha sido que mi familia nunca me ha fallado”. Esta actitud de sus padres tiene un mérito adicional: eran muy conscientes de los riesgos que corría y de los sufrimientos que sus acciones podían acarrearle. El año que Vicente estudió Químicas en la Universidad de Zaragoza mi padre lo encontró – en casa no se escondió nunca – escuchando la Pirenaica (REI), y muy serio le dijo: “Hijo, ten cuidado. No sabes con quién te estás jugando los cuartos”. Sin más palabras salió de la habitación. Lo decía con conocimiento de causa: el 1 de enero de 1937, a petición propia fue trasladado a la estación de Canfranc. Ya he dicho que era ferroviario, y entonces había cuantiosass vacantes de personal. Causa: unos tuvieron el tino de cruzar los Pirineos y otros (los más ingenuos: tenían clara conciencia de que nada indebido habían hecho) fueron fusilados en las cunetas. Votaban republicano y militaban en la UGT (eran “rojos”).

    Cuando Vicente fue detenido, el miedo de sus padres a la represión aumentó, conociendo las torturas y las condiciones de las cárceles franquistas. Pese a este miedo nuca dudaron en realizar todas las actividades, todas las misiones que Vicente les sugería (ni siquiera tenía que pedirlo), algunas de gran riesgo como la entrada y salida de informaciones desde el Penal de Burgos. Ingresaron en el PCE en plena clandestinidad y fueron dos activas hormiguitas de la gran familia que era, en aquellos años gloriosos, el PCE.

    Centrándome en el motivo de este acto, la presentación del libro “Vicente Cazcarra y el Aragón de su tiempo”, quiero expresar mi cariño y mi agradecimiento a todos los que han contribuido a que este proyecto se plasme en una feliz realidad, especialmente al coordinador, Manuel Ballarín y a los colaboradores que han volcado en este libro respeto e intuyo que admiración y carió por la trayectoria política de Vicente Cazcarra. Un recuerdo muy especial quiero tener para José María Bañeres: donde quiera que estés, mi cariño para ti.

    Cuando preparé esta intervención aún no había leído la colaboración de Santiago Carrillo: siento vergüenza ajena. Carrillo fue no un ídolo caído, sino algo peor: hundido en el fango y en la ciénaga.

    En cuanto a la Fundación Rey del Corral de Investigaciones Marxistas, nunca pude imaginar, cuando estuve firmando como patrón (creo que se llama así) para la legalización de la Fundación ante notario y cuando participé en los trabajos en algún primer período, que sería esta Fundación la impulsora del libro que tenemos en las manos.

    ¿Y qué decir sobre el Programa “Amarga Memoria” del Gobierno de Aragón, que subvenciona la edición del libro? Es muy gratificante para mí, por simbolismo. Al principio de la Transición (lo que voy a decir a continuación es mi opinión personal) el PCE, el partido con más bagaje y fuerza en esa época, dedicó todos sus esfuerzos, hizo concesiones muy dolorosas en bien de la democracia, aunque fuera “limitada”; y aparcó lo que era una obligación ineludible, las acciones para honrar a las víctimas: contar la verdadera historia, la fidedigna, documentada y testificada. Se alejó del trabajo de masas, descuidando y en muchos casos abandonando las organizaciones creadas y apoyadas en los últimos años de la dictadura y de las que surgieron incontables militantes del PCE.

    Han transcurrido muchos años desde que se aprobó la Constitución y relativamente pocos desde que se aprobó la “Ley de la Memoria Histórica” que, pese a su suavidad, por calificarla de algún modo, encuentra escollos para su aplicación. Lo conocen muy bien, por ejemplo, los que quieren enterrar dignamente a los asesinados en las cunetas.

    Lamentablemente van quedando pocos testigos vivos. Los “demócratas” conversos del último segundo se pavonean como salvadores perpetuos de la Patria. Los ultras, que tan bien parados salieron de sus fechorías, alardean de su fuerza. De la jerarquía de la Iglesia Católica, ¿qué decir? Se califican solos.

    Pese a mi naturaleza optimista, hago hincapié en estos aspectos negativos de la realidad para que brille con más fuerza el mérito que tienen todos los esfuerzos que se han hecho y se siguen haciendo para que no se pierda la memoria histórica y se evite repetir los errores. Este libro que presentamos es un ejemplo. Gracias, con mayúsculas.

    De un tiempo a esta parte he tenido contacto con algunas jóvenes historiadoras que han elegido para sus tesis doctorales y sus primeras obras temas críticos con la época de la dictadura franquista. Las he sentido tan identificadas…viviendo con tanta intensidad la problemática que tratan…Lo hacen con tanto respeto… incluso con cariño…que siento que, si en mi actual reducidísimo círculo de relaciones he tenido el honor de encontrarme con ellas es seguro que, a nivel general, existe una juventud comprometida con el pasado, que nos puede llevar a mirar el futuro con optimismo en cuanto a cómo conocerán el pasado histórico las generaciones futuras.

    Gracias a todos por vuestra asistencia a este acto.

    MARUJA CAZCARRA CREMALLÉ.
    (Zaragoza, 11 de marzo de 2010)

  • Laura

    La presentación de «Vicente Cazcarra y el Aragón de su tiempo» este miércoles, contará además con una breve colaboración (grabada para la ocasión, ante la imposibilidad de asistir) de José Antonio Labordeta. Muchas gracias por la noticia y los comentarios que impulsan la difusión de la memoria de Vicente Cazcarra, su vida, su lucha… un compromiso militante que es parte fundamental de la memoria democrática – en el sentido profundo del término – que se nos ha querido arrebatar en Aragón y en todo el estado.

  • Vicente Cazcarra sigue vivo en la memoria de quienes le conocimos, de quienes le quisimos. Carrillo tampoco ha muerto: Sigue en estado vegetativo.

  • VICENTE CAZCARRA Y EL ARAGÓN DE SU TIEMPO (O LA ÚLTIMA CANALLADA DE SANTIAGO CARRILLO)

    El año pasado se cumplieron diez años de la muerte del líder comunista aragonés Vicente Cazcarra Cremallé y se consiguió que el Ayuntamiento de Zaragoza pusiera su nombre a un paseo de la ciudad enclavado precisamente en los terrenos de lo que fue la famosa fábrica del metal Giesa, “bastión de la lucha obrera zaragozana bajo el franquismo”, como gustan algunos llamarla sin que les falte razón.

    Aquel reciente décimo aniversario sirvió también para reunir a protagonistas de la vida política y social aragonesa (entre ellos, Emilio Gastón, José Antonio Labordeta, “compañeros de pupitre” suyos en el Colegio de Santo Tomás y compañeros de tantas aventuras como vivieron juntos) como testigos de la vida de Vicente Cazcarra, en un acto público de homenaje a un hombre querido, respetado y admirado por cuantos lo conocieron. Su marcha a Madrid en 1979 y su suicidio allí en 1998 (a sus 64 años) sustrajo a los aragoneses una figura pública cuya continuidad en la intervención en nuestra Comunidad Autónoma hubiera sido decisiva en la lucha por una dignificación de nuestra actividad política y en la consecución de objetivos y metas autonomistas y populares que quedaron, con su desaparición, sin uno de sus principales valedores.

    Intentar explicar cómo pudo producirse la extraña “caída” de Vicente Cazcarra de la dirección aragonesa del PCE (el conjunto de tensiones internas y externas que sufrió su persona hasta la derrota de su política en Aragón) parece ser el objetivo del libro que ahora ha publicado la Fundación Rey del Corral de Investigaciones Marxistas (FIM), con la colaboración de casi una veintena de firmas, todas ellas conocedoras de la peripecia vital de Vicente Cazcarra y de la evolución del Partido Comunista en Aragón: De nuevo Emilio Gastón y José Antonio Labordeta encabezan un elenco de colaboraciones entre las que destacan las de José María Bañeres, Adolfo Burriel, Javier Delgado, Eloy Fernández, Luis Granell, Luis Martínez … y el mismísimo Santiago Carrillo.

    Este último perpetra su última canallada contra Vicente Cazcarra en un breve texto que no tiene desperdicio y que, más que ampliar nuestro conocimiento del homenajeado, nos aporta el autorretrato de un monstruo, su propio autor, Santiago Carrillo, capaz de escribir “Le perdí de vista…” ¡A uno de los – pocos -miembros del Comité Ejecutivo del PCE, y además precisamente a quien encargara de la defensa de su política (de Carrillo) contra las posiciones de los “reformadores” en aquel desgraciado X Congreso del PCE de 1982! De modo que primero “lo suicidó” políticamente y luego, años después, ante sus restos en el tanatorio se pregunta “¿por qué ha hecho esto?”, tras lo que desliza una frase de la que se deduce que “un hombre valiente” no puede suicidarse.

    La lectura del texto de Santiago Carrillo produce una amargura infinita pero nos da, sin duda, la clave de los últimos años de Vicente Cazcarra.

    Javier Delgado

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