Música - 06/01/16

REPRESENTAR ÓPERAS: ¿hay límites a las nuevas propuestas escénicas?

Las óperas vienen siendo objeto de adaptaciones escénicas que sitúan sus argumentos en un tiempo distinto o dan nuevo sentido a las intenciones originales de sus libretistas y compositores. Una reciente sentencia de la Corte de Apelación de Paris, en relación con la adaptación de “Diálogos de Carmelitas”, de Poulenc, se ha pronunciado sobre los límites de su puesta en escena.

 

El director de escena, ¿intérprete o creador?

Los compositores de ópera han dado traducción musical a libretos cuyos argumentos han quedado invariables y por ello, en muchos casos, desfasados por el paso del tiempo y los cambios sociales. En la interpretación musical, aún con matices, existe una respetuosa fidelidad a la partitura del compositor. Sin embargo, pese a las indicaciones concretas del autor sobre dónde y cómo debía situarse y representarse la acción de la ópera, ha ido creciendo la  innovación en su puesta en escena, utilizando las nuevas posibilidades técnicas de la iluminación y de la maquinaria teatral.

A partir de los años de 1960, la importancia del director escénico ha crecido. La música y el canto siguen siendo los originales, pero la imaginación de los directores de escena ha propuesto representaciones  que se separan en muchos casos del espíritu de la obra tal como la creó el compositor. Su creciente influencia ha provocado quejas de muchos cantantes, obligados a peripecias gimnásticas o disfraces incomprensibles, y ha despertado controversias en el público, entre partidarios del respeto a lo “clásico” y los defensores de cualquier propuesta escénica innovadora.

Los aficionados a la ópera hemos asistido a propuestas escénicas que despiertan, cuando menos, perplejidad. Un “Baile de Máscaras”  (Verdi), que se inicia en unos aseos públicos, llenos de sujetos leyendo la prensa sentados en los  vateres; un “Lohengrin”  (Wagner) que se desarrolla en una escuela, entre intérpretes en  pantalón corto; “Aida” (Verdi), con egipcios con metralletas; montajes de la Fura del Baus llenos de videos, trucos y acrobacias; “Don Giovanni” (Mozart) en Harlem; “Julio César” (Haendel) en una visita del presidente de EEUU al próximo Oriente; “Fidelio” (Beethoven) o “Rienzi” (Wagner) con ambiente nazi, etc., etc…

¿Hay una única manera de ser fiel a una obra ajena? ¿deben tratarse las indicaciones escénicas originales con el mismo respeto que merecen las notas de la partitura? Aunque hay directores de escena que aciertan en esa síntesis difícil entre la imaginación visual y el rigor intelectual hacia la ópera original, hay puestas en escena provocadoras y muy alejadas del argumento tradicional.

 

“Diálogos de Carmelitas”, de Francis Poulenc (1899-1963)

Se trata de una ópera, basada en una obra teatral de Georges Bernanos, que alude a los trágicos sucesos acaecidos a una comunidad de monjas carmelitas de la ciudad de Compiègne durante la Revolución Francesa, que fueron guillotinadas el 17 de julio de 1794. Las dieciséis monjas mártires fueron beatificadas en 1906 por el Papa Pío X.

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La ópera fue representada por primera vez en la Scala de Milán el 26 de enero de 1957 y actualmente sigue en el repertorio. Su argumento, en tres actos, puede resumirse así:

Acto I. Blanche de la Force, joven aristócrata, con miedo ante los tumultos de la Revolución, decide retirarse del mundo e ingresar en la Orden Carmelita, aunque la Priora no está convencida de la vocación de la novicia. Poco tiempo después, la Priora fallece, mostrando en su agonía su miedo ante la muerte.

Acto II. El Terror nacionaliza el convento,  prohibe predicar al capellán y ordena a las monjas abandonar sus hábitos. Las monjas dialogan sobre la situación: se preguntan si no quedan hombres que puedan defender al país y a los sacerdotes; sienten que son necesarios los mártires; que la vida no es nada, cuando está tan degradada; que el miedo es como una enfermedad

Acto III. Las monjas deciden juntas el voto del martirio, para merecer la permanencia de la Orden del Carmelo y la salvación de la Patria. Solo Blanche vota en contra. Blanche escapa del convento y se refugia en su casa; su padre ha sido guillotinado y es obligada a servir a sus antiguos criados. Aunque va a buscarla la Madre María para ponerla a salvo, se niega a seguirla; admite su miedo, aunque cree que no ofende a Dios.

Todas las monjas son condenadas a muerte. En una impresionante escena final, van subiendo al cadalso cantando el Salve Regina, con dignidad y sin temor. Sobre su canto se va oyendo el sonido de la hoja de la guillotina, y el número de voces va disminuyendo hasta extinguirse. En el último momento, Blanche, que estaba oculta entre la multitud, se une a ellas y acepta el martirio, ante el asombro de la multitud.

Se trata de la ópera más importante de Poulenc. La música, con líneas melódicas que siguen el texto recitativo del canto e inspirados preludios que sitúan cada escena, reflejan los profundos sentimientos religiosos del compositor, compartidos con Bernanos, autor del drama que le sirve de punto de partida.

 

La sentencia de la Corte de Apelación de Paris

En Munich, en 2010, se representó “Diálogos de Carmelitas” en una puesta en escena de Dmitri Tcherniakov, un director de gran prestigio, que cuenta con inspiradas propuestas escénicas (baste con citar “La leyenda de la invisible ciudad de Kitezh”, de Rimsky-Korsavov, o “Eugene Oneguin”, de Tchaikovsky). Posteriormente se editó  en DVD y bluray.

En su propuesta escénica, Tcherniakov prescinde de subrayar los aspectos más religiosos de la acción y cambia el final: mientras en la obra original las carmelitas son guillotinadas una por una, Tcherniakov muestra a Blanche, que ha vencido su miedo y salva a sus compañeras, sacándolas una a una del recinto en que esperan la muerte, sacrificándose ella al morir en la explosión final de ese recinto.

Los herederos de Bernanos y Poulenc reclamaron la prohibición de la representación y su difusión, porque entendían que trasformaba profundamente el fin de la obra y la desnaturalizaba, traicionando su espíritu.

La Corte de Apelación de Paris, en su sentencia de 13 de octubre de 2015, les da la razón parcialmente. Considera que “la puesta en escena de M. Dmitri Tcherniakov realiza en su escena final una desnaturalización del espíritu de las obras de Georges Bernanos y de Francis Poulenc , al modificar un momento esencial de la obra que le da toda su significación, por lo  que se afecta a los derechos morales de los autores”. Por ello, aunque admite la representación en directo, ordena el cese inmediato de la comercialización de los DVD y blu-ray y la destrucción de los stocks existentes.

Se trata de una sentencia innovadora en esta materia, que plantea muchas dudas: ¿se debe dejar a la opinión de un juez la capacidad de decidir lo que ha querido un compositor o un libretista? ¿Quién puede decidir hasta donde pueda llegar la adaptación de una obra artística ajena? Es un debate que sigue abierto.

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