Lugares, personas e ideas - 21/02/17

Un día de San Lorenzo en París

Si tu imaginación tiene, aunque  sea,
solamente  el tamaño de una semilla de
sésamo, todo será posible para ti

Richard Bach

 

 

En el bulevar Magenta,  entre la Gare de l’Est y Gare du Nord de París, se encuentra un bello  monumento histórico: La Iglesia de Saint Laurent (San lorenzo), fundada en el siglo VI, junto con un monasterio.

Tras varios avatares fue reconstruida en el siglo XV en estilo gótico flamígero. Posee un importante Osario en los 780 metros de galerías subterráneas, formando parte del Museo de las catacumbas.

San Lorenzo ha pasado a formar parte de mi geografía parisina personal.

 

París

Hace 3 años que no viajo a París y siento una alegría profunda que se mezcla con un poco de melancolía. Siempre me emociona la ciudad, sus calles, sus boulevares, sus cafés, sus museos y su aire cosmopolita, a la vez bohemio y romántico.

Durante el trayecto recuerdo los años de mi estancia en París aquellos domingos paseando por los quais del Sena, fotos que cobraban vida en la vista de la Torre Eiffel desde el Trocadero, los tentadores “pain au chocolat”. Admirábamos la vista de la ciudad desde lo alto de las escalinatas del Sacré Coeur, el río Sena desde el Pont des Arts y la increíble arquitectura parisina desde la Place des Vosges.

París es para deambular y caminar, cuando uno llega a barrios como “Le Marais” o el “Barrio Latino”. Creo que debería existir  un cartel que indicara al caminante… “aquí perderse”.., para olvidarse del mapa, y adentrarse en cada callecita  que apareciera.

Cada museo, cada sensación, cada visita es como si nunca antes hubieras estado. Por eso digo que a París nunca se vuelve. Siempre se llega y se la recorre como si fuera la primera vez. Es como decía Proust ir “en busca del tiempo perdido” y al final de mi viaje “el tiempo recobrado”.

Todo París me espera.

 

UN ENCUENTRO CON FRANÇOIS

Llego a casa de François, en Passy, muy cerca de la casa-museo de Balzac. Ha dejado de llover y una ráfaga de viento removedor avanza las hojas amarillas un paso más, como piezas de un tablero de ajedrez y por fin se arremolinan a nuestro alrededor.

Su casa es como un pequeño museo, está llena de silencio y  huele a perfumes encerrados.

Sobre todo me gusta la Biblioteca de paredes cubiertas de estanterías llenas de libros ordenados y alineados. Libros de poesía, de arte, y primorosos libros antiguos de Medicina.

Un gran ventanal ilumina su mesa de trabajo y debajo un sofá azul zafiro, el color del secreto y del misterio, que según  decían en la Edad Media y en Grecia curaba las enfermedades de los ojos. Los alquimistas lo emparentaban con el elemento aire, uno de los elementos primordiales. Se considera la piedra de la esperanza, la piedra celeste.

En un rincón delante de la librería un gran atril con un libro de arte abierto. Me aproximo y me sorprende una magnifica representación de “Endimión y Selene” de Louis Girodet, el original se encuentra en el Museo del Louvre.

Tras  dejar mis  maletas, quiero perderme por las calles de la ciudad y recorrer el barrio de Montmartre, situado en la  “colina sagrada”. Arte, callejuelas de piedra, rincones a descubrir, vida bohemia y cultural, donde han vivido y se han inspirado artistas y escritores. En su cementerio, dominando la ciudad y más cerca del cielo,  reposan en su sueño eterno muchos artistas , recibiendo la visita, el respeto y la admiración de sus visitantes.

 

LA CASA DE BALZAC

La casa de Balzac

La casa de Balzac

Cuando paso delante de la casa de Balzac, la peculiar y pequeña mansión con su jardín, te hace soñar cuando París estaba en el campo. La biblioteca posee un fondo muy rico, en particular periódicos y revistas de la época. Balzac escribía durante toda la noche en su despacho, de espaldas a la ventana que daba al jardín, por donde paseaba envuelto en su austera túnica.

«Trabajar es levantarme todas las noches a medianoche y escribir hasta las ocho, desayunar en un cuarto de hora, trabajar hasta las cinco, cenar, acostarme y repetir al día siguiente«.

La mesita, la cafetera, huellas que dejan las vidas al pasar,  recuerdan la inmensa tarea del autor de “La comedia humana”.

Honoré de Balzac, el visionario para unos y el creador de la novela moderna para otros, huía por la puerta trasera de sus acreedores. Su capacidad para deformar la esencia de sus personajes casi hasta la caricatura y su desprecio por la burguesía fueron dos constantes en su obra, viéndose envuelto en el torbellino de la vida parisina, reclamado por los salones, solicitado por las revistas, en las que a partir de entonces publicaría sus obras por entregas antes de recopilarlas en un volumen.

Nació un 20 de mayo de 1799 en Tours y falleció cansado y enfermo en París el 18 de agosto de 1850, dejando inacabada su gran obra. Esta enterrado en el cementerio de Père Lachaise de París. Y ante su tumba su amigo Víctor Hugo pronunció su famoso panegírico:

        «A partir de ahora los ojos de los hombres se volverán a mirar los rostros, no de aquellos que han gobernado, sino de aquellos que han pensado”.

 

HASTA LA COLINA DE MONTMARTRE

Continuamos nuestro paseo hasta llegar a Montmartre donde parece que se ha detenido el tiempo. Subimos por rue Lepic  hasta el Café des deux Moulins, donde se desarrolla parte de la película Amelie.

Mientras tomamos café suena “Morir de amor” de Charles Aznavour el cantante y compositor francés, lírico y romántico:

Si nuestro amor es invencible/ y ante los hombres, imposible/ no tengo otra solución /morir de amor”.

Para llegar al Sacré Coeur, la bella basílica Romano-Bizantina que se encuentra en la cima del Butte Montmartre, el punto más alto de la ciudad, subimos por las magníficas  escalinatas.

Iglesia del Sacré Coeur en Montmartre

Iglesia del Sacré Coeur en Montmartre

La basílica, obra de Paul Abadie, comenzó su construcción  en 1875 acabándose en el 1914. Fue consagrada como Basílica a los cinco años de su construcción, el 16 de octubre de 1919.

Siempre me ha llamado la atención su color blanco a pesar de los elementos y la contaminación. Fue construida con una piedra especial que mantiene su hermosa y llamativa blancura.

Su construcción está inspirada en la arquitectura  romana y bizantina que influyó en otros templos  como la basílica de Santa Teresa de Liseux. Su estilo no es típicamente francés, para la época, pero tiene muchos elementos de diseño que simbolizan  temas nacionalistas franceses, como las dos estatuas situadas a derecha e izquierda de la entrada, Santa Juana de Arco y Luis IX. Dando la bienvenida a la basílica una inscripción en latín “Cor Jesus Sacratissimum”. La Basílica guarda en su interior un interesante órgano de tubos hecho a mano.

En la parte de atrás del templo, en la Rue du Chevalier-de-la-Barre, se encuentra la escalera a las estrellas, mucho menos conocida que los cinematográficos escalones que conducen al Sacré-Coeur, pero más sorprendente. Entre los adoquines que bordean la escalera se alojan pequeñas bombillas que, cuando anochece, reproducen las constelaciones del cielo del 1 de enero al 1 de julio. Es como observar un reloj, porque las constelaciones se deslizan por el firmamento.

Seguimos callejeando hasta encontrar un curioso restaurante italiano “La Petaudière”. Mientras degustamos un rissotto suena un piano instalado en un rincón del salón interpretando “la vie en rose”, de Edith Piaf, el ruiseñor de voz desgarrada que cantaba en la plaza Pigalle y su inolvidable “non, je ne regrette rien”; “La bohème” de Charles Aznavour y otros clásicos franceses, perfumando el ambiente de nostalgia y melancolía.

Paseando llegamos a la plaza du Tertre, animada y bulliciosa. Todavía conservo el retrato que me pintó un joven artista húngaro que soñaba con ser un gran pintor, la primera vez que entusiasmada y fascinada descubrí este rincón mítico de París. ¡Cuantos deseos, sueños y fantasías flotan en el aire!.

Si escucho con atención oigo el suave revoloteo del espíritu de Stendhal, el autor de “La Cartuja de Parma” que la escribió en tan solo dos meses. Sus restos reposan en el cercano cementerio de Montmartre, o me parece escuchar algunos compases de “La sinfonía Fantástica” de Berlioz el compositor romántico que según Théophile Gautier junto a Víctor Hugo y Eugène Delacroix forman la Santísima Trinidad del arte Romántico. También reposa en este cementerio.

El cementerio situado en la colina es como una galería de artistas  al aire libre en sus avenidas bordeadas de tumbas duermen su sueño eterno  personajes célebres de la literatura romántica como Alexandre Dumas y Marie Duplessis, su musa en la Dama de las Camelias que  lucía en su  pecho una camelia, la flor sin perfume, si era blanca se anunciaba receptiva a proposiciones románticas; la roja aconsejaba paciencia. También  escritor del naturalismo francés Emile Zola controvertido y comprometido con la política de su país que  en su primera novela propiamente naturalista “Thérèse Raquín” hizo un estudio psicólogico del asesinato y la pasión. Otros artistas son el poeta alemán Heinrich Heine, el compositor Aimé Maillart o el pintor simbolista Gustave Moreau autor de “La quimera”.

Siempre he sentido curiosidad por visitar el Museo de Montmartre, no muy conocido pero encantador e interesante. El museo consta de las casitas donde vivieron artistas como Renoir, Utrillo, Suzanne Valadon, Dufy y otros  artistas donde pintaron y se reunieron lo mejor del arte de fines del 1800. Están parte de sus obras, junto a “affiches” de Toulouse-Lautrec, diarios y “affiches” de la Comuna y otras interesante reseñas del barrio.

Aquí Renoir pintó su famoso cuadro “Le Bal du Moulin de la Galette”, que actualmente se conserva en el Museo d’Orsay. Movimientos como el impresionismo surgieron en este barrio.

En el centro de las casitas están los jardines, preciosos, tranquilos, con un pequeño café donde se puede escuchar el canto de los pájaros y mientras tomas un exquisito café con crema y pastas, si escuchas con atención, puedes sentir el aura de las Musas que se pasearon por este pequeño Parnaso del arte.

Comienza a oscurecer y la luna tímida se deja ver en el cielo arrebolado. Las flores se van apoderando del color del sol y la noche extiende ante nosotros ebúrneas capas; sentimos como si nos eleváramos  levemente y vemos el negro vacío poblado de esferas brillantes en danza giratoria y nosotros entramos en el baile de los astros. Atrás queda el huidizo Mercurio que se desliza en un soplo hacia las sombras, Venus que multiplica sus destellos en diminutos espejos de vapor, Marte que descarga púrpura en el azabache; Júpiter enmarañado de cristalinas nubes,  Saturno, el de corazón de hielo oculto y preso en anillos de oro, y también el verdoso Urano, el azulado Neptuno y el pálido Plutón. Rebasamos el zodiaco y las estrellas fijas siguiendo suavemente una espiral invisible.

Comenzamos a descender por la escalera de las estrellas, dejamos el Olimpo del arte para sumergirnos en el bullicio de las calles parisinas.

 

DIA DE SAN LORENZO EN PARÍS

Hoy es el día de San Lorenzo el santo Patrón de Huesca y de los archiveros. Para homenajearlo hemos decido visitar la Iglesia Parroquia que lleva su nombre situado en la orilla derecha del Sena y escuchar un concierto protagonizado en el magnífico órgano de la iglesia.

Me despierto temprano,  me asomo a la ventana de la habitación y como decía Homero, “el cielo me descubre los dedos rosados de la aurora”. Después de desayunar salimos a pasear por los Jardines de Luxemburgo, antes de dirigirnos a la ciudad de la música y hacer un breve recorrido por su museo.

Camino por los senderos del jardín, césped, flores y árboles vestidos de primavera, aromas y efluvios, el canto de los pájaros, el susurro de las aguas del estanque, risas y llantos de los niños jugando, sabor agridulce entre los labios de flores y miel, mariposas revoloteando alrededor de la escultura de George Sand entre el césped, el eco y la fragancia de los poemas escritos en el viento.

George Sand,en el jardín de Luxemburgo

George Sand,en el jardín de Luxemburgo

Seguimos paseando hacia la zona más umbría, entre plataneros y enredaderas, escondida la fuente de Médicis. En ella está representado el cÍclope Polifemo de mirada furibunda y titánica y Galatea y Acis en dulce abandono. Según cuenta la fábula el cíclope se enamoró de una nereida, Galatea, una joven divinidad marina de gran hermosura y piel nívea que habitaba en las aguas calmas sicilianas. El corazón de Galatea pertenecía, sin embargo, al apuesto Acis, hijo del dios Pan. Y en una ocasión, cuando los amantes se hallaban retozando sobre la arena de la playa, fueron descubiertos por Polifemo. Acis, asustado, intentó huir, pero el monstruo de un solo ojo, cegado por los celos, le lanzó una enorme roca y lo aplastó brutalmente. Desesperada por el dolor, Galatea transformó la sangre de su amado muerto en el río Acis, que todavía hoy continúa en Sicilia su curso hasta el mar, al encuentro eterno con su amada en su desembocadura.

En primavera, con los árboles cargados de voluptuosidad verde el paisaje es espectacular y romántico. Siento un agradable aroma melifluo y húmedo, como una mezcla de `polen silvestre y barro frío. Me siento en el banco y permanezco quieta durante largo rato aspirando el vivificante aire en lentas bocanadas y dejando que el sol me acaricie la cara.

 

MUSEO DE LA MÚSICA

Seguimos nuestro camino hacia el museo de la música situado en  La ciudad de la música.

El museo posee más de un millar de instrumentos musicales y elementos artísticos de todas las épocas, algunos datan de la alta Edad Media y de diferentes ámbitos geográficos. Se hace una visita por la historia de la música.

Maison de la musique, Paris

Maison de la musique, Paris

En el piso inferior instrumentos tan antiguos como insólitos como la guitarra de tortuga o la flauta de cristal, preciosos clavicordios de distintas épocas, el piano de Chopin o una magnífica colección de Stradivarius. También encontramos uno de los pocos octobajos que se exhiben.

El museo está organizado en cinco etapas históricas: El siglo XVII, dedicado al nacimiento de la ópera; el siglo XVIII, que se centra en la música de la Ilustración; El siglo XIX destaca la música de  la Europa romántica; el siglo XX, la aceleración de la historia y  por último, la música del mundo.

Hay también espacio para la música popular del siglo XX, algunas piezas icónicas de la colección se presentan en forma de un espacio temporal
que evoca el Hot Club de Francia con las guitarras de Django Reinhardt y Ferré Baro, o que ilustran la canción francesa con una guitarra de Jacques Brel.

En cada una de estas salas el museo ilustra los instrumentos, en  relación con el repertorio, compositores y los lugares donde la música se tocaba. Además, se hace hincapié en los momentos clave de nuestra historia musical. Asimismo, existe una muestra dedicada a las familias de los diferentes instrumentos o los factores que influyen en el éxito de éstos, como los de Sellas, Stradivarius o Sax.

 

IGLESIA DE SAN LORENZO EN PARÍS

Después de descansar en la cafetería, seguimos nuestro paseo hasta el bullicioso Boulevard  Magenta donde se encuentra ubicada la iglesia parroquia de Saint Laurent en honor al Santo que sufrió martirio en la parrilla.

Iglesia de San lorenzo

Iglesia de San lorenzo

El primer párroco conocido hace 1600 años fue Saint Domnole. En el siglo XVII durante 20 años fue la parroquia de Saint Vincent de Paul y Sainte Louise de Marillac, fundadores de la Compañía de las Hijas de la Caridad.

La iglesia tal como la conocemos hoy fue reconstruida entre el siglo XV y el XIX en gótico flamígero. Tiene hermosas vidrieras, cuadros y esculturas y sobre todo un gran órgano y organizan conciertos todos los meses. Las claves de vuelta del transepto, representan la Pasión de Cristo y son únicas en Île-de France. La capilla de la Virgen, está consagrada a Nuestra Señora de los enfermos.

Estamos sentados rodeados de un  silencio melódico. Suenan los primeros acordes del órgano, el organista como si fuese un mago mueve sus pies en los pedales  y sus dedos vuelan sobre el teclado. La música acaricia mis sentidos, suaves ondas fluyen, se esparcen y se alzan jubilosas hacia las bóvedas.

La música es el grado más alto de toda experiencia sensible, la máxima expresión del arte.

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