Publicaciones - 04/05/21

El Conde de Aranda y la independencia de América

José Antonio Escudero ha publicado el libro “El supuesto memorial del Conde de Aranda sobre la independencia de América”, que indaga sobre la verdadera autoría del Memorial de 1783 en relación con los territorios españoles en América, y aporta muchos datos sobre las peripecias vitales de tan ilustre aragonés. De ahí su especial interés para los lectores aragoneses aficionados a la historia.

El autor, José Antonio Escudero López, barbastrense de nacimiento, ha desarrollado una excepcional carrera como Catedrático de Historia del Derecho y ha realizado numerosos estudios sobre la materia, que le ha hecho merecedor de tres Premios Nacionales de Historia por algunas de sus obras (1969, Los Secretarios de Estado y del Despacho; 1979, Los orígenes del Consejo de Ministros en España; 2009, El Rey: Historia de la Monarquía). Entre otros muchos cargos y destinos que ha desempeñado ha sido Presidente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y es miembro de número de la Academia Aragonesa de Jurisprudencia y Legislación.

 

 

El libro que comentamos es su segunda edición, publicada ahora en España (Agencia Estatal del Boletín Oficial del Estado, 2020, 277 páginas), tras la primera edición publicada en América por la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

 

El Memorial de 1783 y el debate sobre su autoría.

La investigación y estudio que aborda el libro parte de los siguientes hechos: en los primeros años del siglo XIX  aparece citado en diversas fuentes (incluso Godoy lo cita en sus Memorias) un Memorial o Memoria secreta presentada el Rey de España –entonces, Carlos III–, sobre las posibles consecuencias de la independencia de las colonias inglesas  en América sobre las posesiones americanas de España,  y la conveniencia de adoptar decisiones para prevenirlas y constituir unas monarquías asociadas a la Corona de España.

El Memorial se ha venido atribuyendo al Conde de Aranda por muchos historiadores (entre nosotros, Rafael Olaechea y José A. Ferrer Benimeli, en “El Conde de Aranda”, 2ª edición 1998) e incluso se consideraba un ejemplo de su perspicacia política y visión de futuro.           No obstante, diversos datos y argumentos sirvieron para que existiera un debate entre los historiadores sobre esa autoría.

En el libro se efectúa un exhaustivo examen de las diversas actividades del Conde de Aranda en esa época y de sus opiniones, todo ello con acopio de documentos originales (correspondencia, informes), y el estudio de todos los trabajos de los historiadores que se han ocupado del asunto. Como conclusión, José Antonio Escudero establece que el Conde de Aranda no pudo escribir el Memorial de 1783, y que el texto debió de ser falsificado posteriormente, en el ambiente de intrigas y adulteración de documentos de la época, provocando el error en su atribución de algunos estudiosos.

Como apéndices documentales, se incluyen en el libro: una Representación de 1781 del Intendente de Venezuela, José de Ábalos, dirigida a Carlos III; el Memorial de 1783 atribuido al Conde de Aranda y la propuesta que efectivamente éste remitió a Floridablanca en 1786 sobre América

 

El Conde de Aranda en la época estudiada

Don Pedro  Pablo  Abarca de Bolea y Ximénez de Urrea, X Conde de Aranda, dos veces grande de España, nació en  Siétamo en 1719 y falleció, a los 79 años de edad, en su casa solariega de Epila en 1798. Y es una de las figuras más destacadas de nuestra historia.

Con el propósito de recopilar datos que pudieran basar o rebatir la autoría debatida sobre el Memorial estudiado, el libro que comentamos nos relata las peripecias vitales y las opiniones del Conde de Aranda en esa época. Todo ello añade un especial interés para el lector aragonés que quiera conocer de primera mano sus vicisitudes y pensamientos, pues se reproducen muchas de sus cartas y documentos, con su peculiar forma de expresarse. Un ejemplo: “No nos amostazemos, Señor Excelentísimo, ambos somos hombres para entendernos recíprocamente. No se me acoja V.E. al sagrado del amo cuio nombre solo es una barrera invencible para mi respeto…Pero si V.E. como sacerdote del oráculo no quiere admitirme sino como sacristán, a lo menos pues tengo voz de chantre y capiscol, déjeme entonar alguna vez las letanías”. (carta a Floridablanca).

 

En 1773, siendo Grimaldi ministro de Estado, Carlos III nombra al Conde de Aranda Embajador en París, cargo que desempeñará hasta 1787. En abril de 1775 se inician las hostilidades de las colonias norteamericanas para conseguir la independencia, que habrán de durar siete años. El Conde de Aranda mantiene una posición opuesta a Inglaterra, si bien, siguiendo las instrucciones recibidas, interviene en la negociación de la Paz de Versalles de 1783, Tratado beneficioso para España, que recupera Menorca y las dos Floridas, aunque no se logre recobrar Gibraltar. Aranda llevaba diez años sin volver a España, donde permanecía su esposa Ana María del Pilar Fernández de Hijar. Formalizado el Tratado, Aranda pide licencia para poder ocuparse de sus asuntos personales, que le es concedida, y pone rumbo a España, llegando a Madrid el 28 de diciembre, encontrando que su mujer había fallecido cuatro días antes, quedando viudo a sus 64 años. Aranda prolonga su estancia en España cuatro meses, en los que reinicia su vida cortesana e incluso contrae nuevo matrimonio el 14 de abril de 1784 con María Pilar Fernández de Hijar y Palafox, sobrina-nieta suya de 17 años, con la que regresa a París, reincorporándose a su puesto de Embajador, que desempeñaría hasta octubre de 1787.  El relato de todo ello se efectúa en el libro con apoyo en numerosas fuentes fidedignas consultadas.

En resumen, José Antonio Escudero nos muestra un exhaustivo  conocimiento de todas las cuestiones referidas al Memorial de 1783 y, al mismo tiempo que las analiza nos adentra en la vida y opiniones del Conde de Aranda, con apoyo en los documentos de la época. Todo ello hace que el libro se siga con gran interés y amenidad, rememorando aquel período histórico, y “se lea como una novela policíaca”, en opinión del ilustre historiador e hispanista sir John H. Elliott.

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