Publicaciones - 17/06/21

El Historiador y sus públicos: Juan José Carreras Ares

La imagen pública de un profesor de historia, socialmente comprometido, que había creado desde mediados de los años sesenta junto con una cuidada fama de ágrafo, completada con unos coquetos y estudiados desaliños indumentarios. No cabe duda de que Juan José Carreras fue un gran seductor”.

Esto vienen a concluir en el magnífico prólogo a diversos textos de Juan José Carreras que han compilado en el libro “El Historiador y sus públicos” dos de sus discípulos, Ignacio Peiró Martín y Miguel A. Marín Gilabert.

Si nadie de los que tratamos o simplemente de quienes conocieron al profesor Carreras pondrá en cuestión su gran capacidad seductora es posible que haya que comenzar a poner en tela de juicio su extendida fama de ágrafo. – “¿Qué es del ágrafo más ilustre desde Sócrates?”- era la pregunta que, con admirativo respeto intelectual y hondo afecto personal, me hacía Julio Valdeón Baruque siempre que coincidía con él en referencia, claro está, a Juan José. Y como Julio, con pequeñas variantes de matiz, muchos otros.

Publicados, con este, cuatro volúmenes –Razón de historia. Estudios de historiografía (2000); De la España medieval a la Alemania contemporánea (1953-1968) (2014) y Lecciones sobre Historia (2016)- esa fama de ágrafo solo cabe achacarla, por una parte, a que Juan José, maestro en la síntesis de las ideas, no publicó en vida monografías extensas y, por otra y por comparación, a la generalizada fiebre publicadora que desde hace tiempo nos invade.

 

 

Como buen seductor intelectual sabía, en todo caso, que la seducción encuentra cauce mucho más adecuado en la palabra que en el papel, dado que este es un intermediario y, como tal, entorpece relaciones y complicidades. De hecho, buena parte de los textos de Juan José fueron en su origen conferencias y otros, por su extensión y disposición, bien podrían haberse desarrollado, y en cierto modo concebidos, como un ciclo de charlas.

Tales también, aunque ajustados a la reducción de espacio que exige un periódico, los cincuenta y ocho artículos que, entre 1975 y 1987 publicó en Andalán y que conforman más de la mitad de las quinientas diecisiete páginas de este libro. Pese a lo mucho que ya se ha escrito sobre Andalán, no deja de seguir constituyendo una sorpresa. Una renovada y muy agradable sorpresa no solo, que también, por el empeño en sí mismo sino, sobre todo, por la valentía, reciedumbre y calidad analítica de la mayor parte de sus artículos.

Iniciada la publicación en los estertores de la dictadura franquista y, por tanto, en tiempos de censura, represión, incertidumbre y magma, se prolongó, multiplicadas ilusiones y esperanzas colectivas, en los dubitativos años de la dubitativa transición. La procedencia aragonesa de sus artífices y colaboradores, una intelectualidad joven, progresista y comprometida política y ciudadanamente –Eloy Fernández Clemente, José Antonio Labordeta, Guillermo Fatás, José Carlos Mainer, Gonzalo M. Borrás, Jesús y Javier Delgado, Carlos Forcadell, Luis Germán, entre los escritores y profesores, y un grupo de periodistas como Luis Granell, Pablo Larrañeta, Lola Campos, José Ramón Marcuello; y un no corto etcétera- encontró un complemento sustantivo en aquel profesor gallego regresado de Alemania, tras once años de estancia en la universidad de Heildeberg,  que ya había sido maestro de algunos, primero en el Instituto Goya y posteriormente en la Facultad de Letras.

 

 

En un periódico teóricamente “provinciano,” pero que rebasó con mucho las lindes regionales, Juan José Carreras, con el pseudónimo H. J. Renner –un guiño, de los que tanto gustaba, a su nombre y apellido en alemán- se ocupó muy preferentemente de cuestiones internacionales, sin dejar de hacer, bien por los personajes tratados o bien para subrayar paralelismos o diferencias acusadas, referencias a España.

Sus artículos se inician -15 de abril de 1975- con un análisis de aspectos de la obra del periodista, historiador y teórico socialista Antonio Ramos Oliveira, fallecido poco antes en el exilio mexicano, y concluyen, con el final de Andalán, mediado enero de 1987, con “La herencia de Reagan”. Herencia plasmada, en lo sustantivo, en la consolidación del conservadurismo americano en torno a una serie de organizaciones paralelas e infiltradas en la Administración que, augura, pervivirán cuando Reagan deje de ser presidente.

En los trece años que median entre 1975 y 1987 cincuenta y ocho artículos de variada temática, pero con determinadas características comunes. Variedad de hojas en suma, pero sustentadas en un mismo tronco y una misma raíz.

Las hojas, por seguir con la metáfora, varían en función de las puntuales y variables coyunturas internacionales -Portugal tras la revolución de los claveles; la sucesión en China tras la muerte de Chu-en-Lai; postulados y variantes del eurocomunismo; las ambigüedades de la transición en Grecia; la Yugoeslavia tras Tito, la Polonia de Jaruzelski, “un general de paso”; la crisis de las Malvinas; los campos de concentración y el nacionalsocialismo; la incertidumbre “dentro de un orden”, tras la muerte de Breznev, ….-; de las nacionales –el régimen tras la muerte de Franco; los problemas para la no la legalización del PCE el 23 F; Felipe González y la OTAN…- o de los personajes trazados como epicentro –Ramos Oliveira, Tomas Mann, André Malraux, Jorge Semprún, Pietro Nenni…-. Las hojas, como decíamos, obviamente varían, pero no en lo sustantivo la raíz y el tronco que las nutren.

Unas raíces y un tronco conformados por su concepción marxista como método de análisis y por la dimensión y trayectoria histórica con las que aborda cada una de las cuestiones coyunturales que trata. Gustador impenitente de conocer lo escrito y dicho en los medios de comunicación tanto nacionales como internacionales, Juan José Carreras –H. J. Renner- no se limitaba a seleccionar o contrastar informaciones de esos medios, sino que, por el contrario, construía análisis y teoría desde su profundo conocimiento del pasado, lo que le permitía establecer comparaciones entre los distintos países, viajes de ida y vuelta entre los ayeres y el hoy y entre lo concreto y lo general. Son, precisamente y sobre todo, esa dimensión histórica y su rigor conceptual, aparte de su fina capacidad analítica y del brillante estilo de su escritura, las que de alguna manera convierten a estos textos, pese a tratar cuestiones de coyuntura, en intemporales. O por decirlo de otro modo, a pesar del tiempo transcurrido desde que fueron escritos siguen teniendo, y la continuarán teniendo en el futuro, tintes de plena actualidad.

 

 

Aparte de esos cincuenta y ocho artículos en Andalán, y de uno más en El Día sobre “Los duros últimos años de Carlos Marx” con motivo, en marzo de 1983, del centenario de su muerte, el libro incluye dos artículos publicados en Historia 16 -uno (1979) en el cincuentenario del crac del 29 y otro (1983) sobre la Guerra Fría-; las transcripciones de una sesión del seminario  que periódicamente se celebraba en el Departamento de Historia Económica de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Zaragoza, con participación de una decena de profesores dialogando en torno al libro de E.P. Thompson “Miseria de la teoría”, y de una mesa redonda sobre “La concepción de la Historia en Marx” en la que sus intervenciones y sus diálogos con Santos Juliá probaban, una vez más, su profundo conocimiento de la obra de Marx y su muy destacada e incisiva capacidad dialéctica.

Además de algunos otros artículos, en el libro se incluyen prólogos a obras de discípulos suyos –Carlos Forcadell, Miguel Ángel Ruiz Carnicer, Gema Martínez de Espronceda, Gonzalo Pasamar e Ignacio Peiró-, así como algunos de los dibujos y collages con los que gustaba ilustrar los cuadernillos de textos que seleccionaba para sus alumnos.

Puede, por otra parte, resultar sorprendente que esta miscelánea de los casi un centenar de textos reunidos en este libro editado por la Institución Fernando el Católico y con epílogo de otro de sus discípulos, Emilio Majuelo, ofrezca sin embargo una clara coherencia de conjunto a pesar tanto de su muy diversa temática y de los diferentes tiempos, una veintena larga de años separan al primero y al último, en los que fueron escritos. Puede, decíamos, resultar sorprendente, pero tan solo a quienes no hayan conocido a Juan José Carreras ni gozado de sus conversaciones y de su magisterio. Si algo distinguió a Juan José en su trayectoria vital y docente -¡qué pena que sus intervenciones orales, por ejemplo en tribunales de tesis, no quedaran grabadas¡- fue la coherencia. Quizás ahí –por encima incluso de su poderosa y cultivada inteligencia y de sus pródigos afectos- radicase buena parte de su capacidad seductora. Seducción prolongada, precisamente por no someter pensamiento ni actitudes vitales a los vaivenes del tiempo, más allá de su muerte, como viene a probarlo esta laboriosa recopilación de algunos de sus dispersos textos por dos de sus discípulos.

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