Cultura y Sociedad - 28/06/10

Lévinas y la ética de la responsabilidad

Necesitamos un alto en el camino para la mente más allá de la naturaleza verde y luminosa. Oír hablar fuera del “ruedo político” de palabras  y conceptos tan manoseados como ética, responsabilidad, ciencia, libertad, poder, la razón occidental y del respeto que merece “el otro”, me pareció una cura de desintoxicación apropiada. Fue en la Universidad Complutense de Madrid.

Lydia Feito, Doctora en Filosofía y Bioeticista, habló sobre la ética de la responsabilidad e incluía una razonada crítica a la llamada “razón occidental”.

Comenzó recordando a Terencio: “hombre soy y nada humano me es ajeno”. Continuó con Sartre: “el hombre lleva sobre sus hombros el peso integro del mundo. Es responsable del mundo y de si mismo”. Siguió con Kant: “el hombre es persona y como tal tiene dignidad y no precio. En tanto que personas todos los hombres son iguales y merecen igual consideración y respeto”

Citó a Enmanuel  Lèvinas (1906-1995) y su crítica a la “razón occidental” de la que tan ufanos nos sentimos pero que ha generado el holocausto, ha impuesto el colonialismo, el materialismo y el desprecio a los seres humanos.

Levinas, nació en Lituania  de ascendencia judía, vivió las dos guerras mundiales y la revolución socialista. Profundo admirador de las temáticas éticas y metafísicas de autores como Dostoievski, Gogol, Tostoi y Lermontov. Estudió Filosofía en Estrasburgo con Blondel. Fue introductor de la fenomenología de Husserl en Francia. Profesor de Filosofia en la Sorbonne. Se nacionalizó francés. Dedicó gran parte de su vida a la reconstrucción del pensamiento ético después de las catástrofes mundiales.

La ciencia (conocimiento, verdad, técnica) amenaza la supervivencia del planeta y niega el ser humano. La ciencia no es neutral y se compromete con los valores.

La razón desemboca en el poder y la noción de poder ha podido hacernos olvidar los límites impuestos por el “no matarás”. Es difícil acallar el escándalo de la indiferencia al dolor ajeno y a los miles de muertes injustas en tierras lejanas. Estamos muy alejados del pensamiento kantiano “obra de tal modo que uses la humanidad tanto en tu persona, como en la de cualquier otro como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio. Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre, al mismo tiempo, como principio de una legislación universal”.

La libertad, palabra tan abanderada, mancillada y utilizada, no es hacer lo que uno quiere sino elegir la decisión más prudente entre todas las posibles.

La libertad no ha garantizado la moralidad ya que el ser humano la puede ejercer con absoluta impunidad e indignidad.

La obediencia ciega, típica de muchas instituciones o asociaciones puede acabar con la conciencia moral. El fundamentalismo está más extendido de lo que parece y consiste lisa y llanamente en no aceptar discusiones intelectuales y desconocer que es la deliberación.

Enmanuel Lèvinas lanzó estas bellas palabras en los tiempos confusos que vivimos:”El pensamiento es atención al otro, respuesta a su rostro, búsqueda de la comunicación, consideración de las dificultades del otro. La cercanía hacia el otro no es para conocerlo, sino para mantener una relación ética en el sentido de que el otro me afecta y me importa, por lo que me exige que me encargue de él, incluso antes de que  yo lo elija. Por tanto no podemos guardar distancia con el otro. El otro es el origen de la responsabilidad”.

Merci, Monsieur Lévinas.

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