Cultura y Sociedad - 26/06/12

Un amor imposible en el palacio de la Aljafería

El Auditorio de Zaragoza, en colaboración con el Conservatorio Superior de Música y El Coro Amici Musicae nos ofrece en versión semiescenificada El Trovador (Il Trovatore), de Giuseppe Verdi, para los días 22, 23 y 24 de junio. Por quinto año consecutivo, tras espectáculos como Carmen, La boheme, La traviata o la flauta mágica, la Sala Mozart adecuará el escenario para una opera cuyo argumento es bien conocido en Aragón, pues gran parte se representa en el Palacio de la Aljafería. Basada en el drama romántico de García Gutiérrez (1836). Se halla ambientada en el Aragón del siglo XV, en el marco de la revuelta de Jaime de Urgel contra Fernando de Antequera, a raíz del resultado del Compromiso de Caspe, al que se llegó después de la muerte sin hijos de Martín el Humano, y su éxito motivó una merecida adaptación operística, con el mismo título, que Verdi estrenaría en 1853, con libreto de Salvatore Cammarano. Donde narra los amores, encuentros y desencuentros de Manrico, un rebelde partidario del Conde de Urgel, enamorado de Leonor, dama de la Reina de Aragón, otros personajes como el Conde de Luna, enemigo del joven enamorado, y de la gitana Azucena, que oculta una historia llena de fuego y sangre.

En cuanto a las novedades de esta representación, podremos citar que al principio de cada acto, un actor explicará brevemente los hechos para facilitar su comprensión, ya que la obra será interpretada en italiano, que es la lengua en la que fue escrita, rechazando la traducción simultánea que pudimos ver en la anterior opera, La flauta mágica. Por otro lado, no habrá un reparto aragonés: pues las tres funciones serán interpretadas por alumnos de canto de la Escuela Superior de Música de Nápoles, lo que rompe de alguna manera con la tradición de estos últimos años.

En lo que respecta a las interpretaciones, tenemos que destacar fundamentalmente las interpretadas por las protagonistas femeninas Antonella Iacono (Leonor) y Agostina Smimmero (Azucena), voces extraordinarias, y de una finura exquisita, quizás Iacono no se encontraba en su mejor momento, pero su papel no es nada reprochable en ningún momento. Todo lo contrario se puede decir de los protagonistas masculinos, Gastón Rivero (Manrico) y Armando Gama (Conde de Luna). El primero podía haber cantado “con las tripas” cómo suele decirse, haberlo dado todo, el segundo protagonista, en determinados momentos apenas se le llega a escuchar, superando la música por encima de las posibilidades del intérprete. La música, dirigida por Juan Luís Martínez espléndidamente ejecutada como un reloj suizo, para provenir de un joven Conservatorio de música sobradamente preparado, así como el Coro Amici Musicae, dirigido por Andrés Ibiricu, un grupo conjuntado y comedido con fidelidad a las órdenes del director, plausible tónica en todas sus intervenciones, con una dicción perfecta en momentos como en el “coro de zíngaros”. Quizás no sea el escenario más adecuado para representar una ópera, pero a falta de pan, y de una temporada de ópera estable en la capital aragonesa, hay que agradecer a los responsables del Auditorio de Zaragoza y al Conservatorio Superior de Música su empeño por organizar, por quinto año consecutivo, un espectáculo de estas características.

 

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