Política - 09/02/10

Un asunto de «familia»

Marcelino Iglesias, el flamante presidente socialista del Gobierno Aragonés, nació en el municipio pirenaico de Bonansa donde aún residen algunos de sus familiares. Esta localidad se verá incluida en el proyecto de ampliación de las pistas de esquí que afectará al Pirineo Aragonés. ARAMÓN, ese híbrido formado a partes iguales por Ibercaja y la DGA, lleva años comprando tierras en esta zona y ha financiado la redacción del PGOU que beneficiará a los territorios adquiridos por ellos mismos. Pero, ¿a que no saben el nombre del arquitecto que ha firmado este estudio? Curiosamente se trata de Alejandro Royo Iglesias, primísimo de nuestro presidente.

Y ha sido otro primo, Javier Iglesias Ricou, el técnico municipal que ha dirigido el PGOU desde el ayuntamiento de Montanuy. Por eso no es de extrañar la entrañable foto familiar que fue tomada hace unos días en Fonchanina donde, parapetados tras una pancarta, varios miembros del clan Iglesias acudieron a una concentración a favor de la ampliación de Cerler.

Los intereses de «la familia» han recibido el espaldarazo de las Cortes de Aragón que han conseguido doblegar dos planes de ordenación urbanística para construir urbanizaciones, campos de golf y las nuevas infraestructuras del proyecto. Se acabe aprobando o no, el pelotazo y la especulación están servidos.

A la par que se anunciaba el recorte del gasto público para Aragón, nos mareaba el baile de cifras manejadas para impulsar esta iniciativa. La excusa, sacar del abandono a estas comarcas y promocionarnos para la candidatura de las olimpiadas de invierno del 2022, nos recuerda a otro gran megaproyecto, el mayor gestado desde los Reyes Católicos según los jerifaltes del Pignatelli, Gran Scala. Otro modelo de progreso que, hasta el momento, nos ha costado muchos cuartos, algunas risas y la decepción de los habitantes de las zonas a los que presuntamente querían rescatar de su secular olvido. A cambio de promesas de prosperidad e hipotéticos cuernos de abundancia, se justifica el sacrificio de nuestra mayor riqueza natural y se mercadea con el patrimonio que por derecho corresponde a las generaciones venideras. A nuestras familias. Por este motivo entiendo que nos encontramos ante un conflicto de intereses entre el linaje de los Iglesias y nuestra propia progenie, la del pueblo llano. Un asunto que, por mi parte, se ha convertido en algo personal. Porque a mí, como a don Marcelino, también me tira mucho la sangre. Sobre todo cuando la cuestión que se dirime es evitar que nos la succionen impunemente.

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