• 15/06/2019

    Gonzalo Máximo Borrás Gualis, como a él le gustaba ser “escrito”, fue sobre todo una mente fértil, un acogedor de novedades, un impulsor y un admirador del tesón. Toda iniciativa era atendida, considerada y apoyada. Su mundo eran las ideas, la creación de imágenes, de proyectos que no siempre cuajaron porque, a veces, las circunstancias y la comprensión ajena no le acompañaron. Conocí de sus alegrías, de sus ilusiones, y también de algunas de sus frustraciones, hasta de sus amarguras, raramente admitidas y asumidas como el precio del éxito. Detestaba la mediocridad y le dolían la incomprensión y la pérdida de amistades añejas. Se conducía con seguridad, con vanidad confesada, consciente de su valía y de aquello que era importante.