{"id":4982,"date":"2011-08-09T17:48:10","date_gmt":"2011-08-09T16:48:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.andalan.es\/?p=4982"},"modified":"2022-03-02T17:03:21","modified_gmt":"2022-03-02T16:03:21","slug":"las-pesadillas-de-pau","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.andalan.es\/?p=4982","title":{"rendered":"Las pesadillas de Pau"},"content":{"rendered":"<p>Pau Gilabert se despert\u00f3 otra vez envuelto en un sudor acre y amargo. Las  pesadillas hab\u00edan regresado. Durante los \u00faltimos a\u00f1os, el sue\u00f1o se hab\u00eda  convertido en un ciclo diab\u00f3lico que alternaba el descanso con visiones  aterradoras de car\u00e1cter prof\u00e9tico. Pero \u00faltimamente dormir, equival\u00eda para Pau a  sumergirse en una monta\u00f1a rusa de emociones extremas que le guiaba por un  recorrido sembrado de espectrales relojes dalinianos que se derret\u00edan a su paso.  Pau no quer\u00eda interpretar sus sue\u00f1os. Ten\u00eda miedo a conocer los motivos por los  que cada noche\u00a0pasaba a formar parte de una funci\u00f3n delirante plagada de  personajes semi-humanos que\u00a0usaban la met\u00e1fora para comunicarse con \u00e9l.<br \/>\nSu  mujer, Dolores,\u00a0insist\u00eda en que deb\u00eda acudir a un especialista. Quiz\u00e1s un  psicoanalista que\u00a0pudiera despejar las telara\u00f1as de su subconsciente buceando en  los recuerdos de una dura infancia. Estaba realmente preocupada por su marido al  que escuchaba farfullar entre sue\u00f1os frases inconexas que parec\u00edan parte del  gui\u00f3n de una conversaci\u00f3n con un interlocutor mudo. Le romp\u00eda el alma ver como  se levantaba cada d\u00eda con unas ojeras malvas e hinchadas que enmarcaban  la\u00a0cadav\u00e9rica mirada del hombre que tanto amaba y sentirse impotente para  proporcionarle un poco de reposo.<br \/>\nMientras tomaban el negro y humeante caf\u00e9  matutino, ella le observaba de soslayo. Hab\u00eda renunciado a hacer preguntas. Las  respuestas de Pau le arrastraban a una realidad alternativa salpicada de  sombrereros locos y medusas parlantes que le produc\u00edan v\u00e9rtigo. Ten\u00eda la  sensaci\u00f3n de que\u00a0sus sue\u00f1os hab\u00edan conseguido burlar la frontera de lo on\u00edrico  para apoderarse de \u00e9l a tiempo completo. Por norma, Pau cumpl\u00eda silenciosamente  con las rutinas cotidianas. Se aseaba, desayunaba y posaba unos labios fr\u00edos en  la frente de su\u00a0compa\u00f1era a modo de despedida antes de marchar al trabajo. Pero  algunas veces era diferente. Como hoy. Sab\u00eda que ella\u00a0reconoc\u00eda sus gestos, sus  ausencias, como s\u00edntomas de una enfermedad mental que le estaba sunsiendo la  alegr\u00eda de vivir. Se equivocaba. Al principio de las pesadillas, tambi\u00e9n \u00e9l  pensaba que eran fruto del estr\u00e9s o de alguna patolog\u00eda psicol\u00f3gica. Quiz\u00e1s  fuera la herencia. Su madre hab\u00eda muerto cuando solo era un ni\u00f1o pero a\u00fan pod\u00eda  recordarla como un ser fr\u00e1gil, ajeno a nuestro mundo, que habitaba en las  fantas\u00edas de las novelas que le\u00eda convulsivamente. Un d\u00eda, al volver de la  escuela, la encontr\u00f3 colgada de una viga del sal\u00f3n, como una mu\u00f1eca rota.\u00a0 Nunca  pudo olvidar\u00a0la sonrisa triste que\u00a0dominaba su rostro. Su padre decidi\u00f3 que solo  era una mueca producto de los \u00faltimos estertores. Que este era el tr\u00e1gico  desenlace de una depresi\u00f3n profunda.\u00a0Pero es que \u00e9l no la conoc\u00eda ni la amaba  como Pau.<br \/>\n&#8211; Ha sido una noche desconcertante.- espet\u00f3 entre sorbo y sorbo  esquivando los ojos de Dolores- demasiado realista para un sue\u00f1o.<br \/>\nA ella le  recorri\u00f3 un escalofr\u00edo. Le turbaba much\u00edsimo escuchar los periplos nocturnos de  su esposo. Era una mujer racional con los pies firmemente anclados en el suelo.  Sin embargo decidi\u00f3 que deb\u00eda preguntar.<br \/>\n-\u00bfDe qu\u00e9 trataba esta vez?- su voz  intent\u00f3 sonar despreocupada.<br \/>\n&#8211; Muertos. Una nube descomunal de cuerpos  muertos que avanzaba desde \u00c1frica y cubr\u00eda los cielos del hemisferio norte.-  Dolores trat\u00f3 de no atragantarse. De aparentar una tranquilidad que hac\u00eda tiempo  le hab\u00eda abandonado.<br \/>\n-\u00bfUna nube de muertos?<br \/>\n&#8211; Llov\u00edan sobre nosotros.  Hombres, mujeres, ancianos y ni\u00f1os de piel negra y descoloridos cabellos.  Formaban enormes\u00a0chubascos\u00a0encima de\u00a0las ciudades, los campos y las playas para  luego precipitarse sobre la gente. Hab\u00eda que tener mucho  cuidado.<br \/>\n-\u00bfCuidado?<br \/>\n-\u00a1Claro mujer! Yo caminaba bajo las cornisas, todos lo  hac\u00edamos. Intent\u00e1bamos buscar alg\u00fan lugar donde poder cobijarnos pero las  puertas estaban cerradas a cal y canto as\u00ed que&#8230;.- Pau se dirigi\u00f3 hacia la  ventana y observ\u00f3 el firmamento limpio y despejado- As\u00ed que era inevitable que  te salpicara alg\u00fan cad\u00e1ver. A m\u00ed me alcanz\u00f3 el de un\u00a0menudo beb\u00e9\u00a0que rebot\u00f3  contra la acera para incrustarse en mi pecho. Me hizo mucho da\u00f1o.<br \/>\n-\u00a1Es  horrible!- Suspir\u00f3 ella mientras deseaba con todas sus fuerzas que no siguiera  hablando.<br \/>\n&#8211; S\u00ed, lo era. Estaba aterrado lo confieso. Y, \u00bfsabes qu\u00e9 era lo  peor? Al principio sus rostros estaban difuminados pero, cuando se estrellaban  contra el pavimento, pod\u00eda reconocer las rasgos de algunas personas  queridas.<br \/>\n-Pero, \u00bfno eran negros?<br \/>\n&#8211; S\u00ed, s\u00ed. De color azabache. Aunque si  los mirabas detenidamente pod\u00edas ver las caras de familiares o amigos camufladas  bajo el tinte oscuro de\u00a0su tez.<\/p>\n<p>Dolores permaneci\u00f3 muda ante el diario  abierto en el que intentaba garrapatear un crucigrama. La punta de su l\u00e1piz se  quebr\u00f3 contra el papel. Se percat\u00f3 que, de forma inconsciente, hab\u00eda dibujado un  monigote en una esquina de la p\u00e1gina. Apenas era un borr\u00f3n pero pod\u00eda adivinarse  que el mu\u00f1eco colgaba suspendido\u00a0de un esquem\u00e1tico pat\u00edbulo. Lo tach\u00f3 espantada  hasta desgarrar varias hojas del peri\u00f3dico. Su marido la contempl\u00f3 conmovido.  Detuvo su mano y la bes\u00f3 largamente. Despu\u00e9s se encamin\u00f3 a sus quehaceres  diarios.<br \/>\nA ella a\u00fan le quedaba un poco de tiempo antes de acudir a sus  tareas. Decidi\u00f3 poner la radio, escuchar algo de m\u00fasica podr\u00eda relajarle  y\u00a0ayudar a\u00a0olvidar la locura\u00a0que Pau le hab\u00eda relatado. Estaban echando el parte  informativo matinal. De pronto, el locutor comenz\u00f3 a hablar sobre la hambruna  que asola el Cuerno de \u00c1frica. Cientos, miles de cad\u00e1veres a causa de la  inanici\u00f3n. Muertos de hambre para remojar en el taz\u00f3n del desayuno. Como p\u00e9treas  magdalenas para nuestros insensibles paladares occidentales capaces de tragarnos  cualquier cosa. De repente, las pesadillas de Pau cobraban vida. Despu\u00e9s de  todo, ten\u00edan un sentido.<br \/>\nA pesar de que el sol inundaba el dormitorio por el  balc\u00f3n abierto, la mujer busc\u00f3\u00a0una gabardina y un paraguas. Se prometi\u00f3 a s\u00ed  misma que, lloviera lo que lloviera, no permitir\u00eda que su marido se calara hasta  los huesos. Sali\u00f3 corriendo tras sus pasos. Solo quer\u00eda protegerlo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"attachment_4983\" style=\"width: 660px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/www.andalan.es\/wp-content\/uploads\/piedras_blancas_cielos_negros_web.jpg\"><img decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-4983\" class=\"size-full wp-image-4983\" title=\"piedras_blancas_cielos_negros_web\" src=\"http:\/\/www.andalan.es\/wp-content\/uploads\/piedras_blancas_cielos_negros_web.jpg\" alt=\"\" width=\"650\" height=\"520\" srcset=\"https:\/\/www.andalan.es\/wp-content\/uploads\/piedras_blancas_cielos_negros_web-150x120.jpg 150w, https:\/\/www.andalan.es\/wp-content\/uploads\/piedras_blancas_cielos_negros_web-177x142.jpg 177w, https:\/\/www.andalan.es\/wp-content\/uploads\/piedras_blancas_cielos_negros_web-200x160.jpg 200w, https:\/\/www.andalan.es\/wp-content\/uploads\/piedras_blancas_cielos_negros_web-300x240.jpg 300w, https:\/\/www.andalan.es\/wp-content\/uploads\/piedras_blancas_cielos_negros_web-400x320.jpg 400w, https:\/\/www.andalan.es\/wp-content\/uploads\/piedras_blancas_cielos_negros_web-600x480.jpg 600w, https:\/\/www.andalan.es\/wp-content\/uploads\/piedras_blancas_cielos_negros_web.jpg 650w\" sizes=\"(max-width: 650px) 100vw, 650px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-4983\" class=\"wp-caption-text\">Piedras blancas, cielos negros<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pau Gilabert se despert\u00f3 otra vez envuelto en un sudor acre y amargo. 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