Editorial

Amigas y amigos: os invitamos a pasar y acompañarnos a celebrar los 50 años del nacimiento en Aínsa, un 15 de septiembre de 1972, de Andalán, un gran símbolo de la recuperación democrática de Aragón. Con una tenacidad digna de más suerte, desde 2010 volvimos algunos de aquellos a editar un periódico virtual, apenas profesionalizado, lleno de voluntarismos y saberes de viejo. Y es ese grupo de veteranos el que ahora presenta esta historia recogida con esfuerzo y paciencia y la muestra gráficamente en esta edición digital que se puede “recorrer” libremente.

Es muy posible que, a pesar de muchas deficiencias, cuando se quiera hacer la historia de Aragón en los últimos años de franquismo y la larga transición, época de crisis y esperanzas, haya que contar con el casi medio millar de números de este tozudo, radical, independiente periódico. En sus etapas, en sus discrepancias internas, en sus diversos enfoques y matices, hubo como constantes una clara postura de izquierdas -aunque siempre independiente de unos u otros partidos-, una notable preocupación por la cultura, y una permanente dedicación a los asuntos de Aragón.

Nuestra mayor, enorme riqueza, fue la humana. Además de los miles de suscriptores y lectores, dos centenares de personas trabajaron, a lo largo de su historia, en hacer y discutir el periódico, dibujar, administrar, vender, imprimir, apoyar de muchas maneras. Sin bajarse jamás del timón moral, fue José Antonio Labordeta el gran animador de tantas noches de rabia, de cansancio o de fraterna convivencia. Escuela de periodistas, que demostrarían luego su valía en diarios, revistas o centros oficiales, fueron sus directores Eloy Fernández, Pablo Larrañeta, el fallecido Luis Granell y Lola Campos y de esa convivencia profesional y humana aprendimos todos, al calor de discusiones y desmayos.

Porque nos movimos en un contexto hostil o reticente, desde luego durante la dictadura del general Franco, pero no solo. También en la transición porque fuimos poco complacientes en las críticas. Andalán fue un periódico molesto, incómodo; se le acusó de acidez, amargura, humor negro, frivolidad… y tuvo mucha peor fama de la que merecía, frente a tantas adhesiones entusiastas. Algunos lo ignoraron olímpica y despectivamente (y no sólo desde la derecha); otros se enfadaron por descuidos, errores y equivocaciones de que, desde luego, no estuvimos exentos. No hemos perdido sentido autocrítico: cincuenta años desde aquella emotiva noche en el otoñal Pirineo, pesan en las costillas, pero no en el alma.

Entre persecuciones y ensueños, entusiasmos y desventuras, intentamos que Aragón recuperase sus señas, tan ricas, y tomase las riendas de un futuro a punto de escribirse. Nos alcanza la honra de compartir hoy muchos de nuestros sueños, luchas y proyectos. El que, sin necesidad de citar la procedencia, asuntos que entonces nos hicieron sufrir “secuestros” policiales, castigos económicos, cuarentenas sociales, sean hoy del común, hayan alcanzado rango de normalidad anónima, leyes o usos, es lo mejor que podía habernos ocurrido.

Hay democracia, aunque en regulares condiciones; hay libertades, autonomía, aunque tras años de crecimiento y hasta esplendor, la crisis atenaza a muchísimas personas; ha habido un gran progreso social en sanidad, educación, seguridades, aunque todo parece tambalearse con epidemias y guerras, corrupciones y odios. Quizá no sea inútil recordar a los más jóvenes que en esta tierra, en un momento dado, se supo desempolvar valores y avanzar como colectivo. ¿Por qué no habría de volver a hacerse en estos tiempos de enormes dificultades?

Eloy Fernández Clemente