Ciudades y pueblos - 24/09/11

JaL: Jorcas A Labordeta

El pasado 20 de agosto, sábado por más señas, en Jorcas estuvo presente José Antonio Labordeta. Como tantas veces durante tantos años, desde las cinco iban llegando gentes de diversos lugares de Teruel y muchas otras que veranean en estos pueblos para estar otra vez en la plaza, esperando su voz y su figura aquí.

Muchas leían los poemas copiados en papel blanco, pegados en las paredes que subían del horno hasta el Ayuntamiento y la casa de su gran amigo Luís Vicente Ariño, esa donde las tertulias nocturnas post recital se alargaban mientras fuera sonaba el bumbum del baile.

En pocas horas más de 150 personas pasaron por las salas del Ayuntamiento, abierto esa tarde hasta las 20,00 h., para mirar los gritos pintados o fotografiados de la despoblación y hojear los libros de José Antonio -que la denunciaban- en las mesas donde escribieron por última vez escolares a principios de 1os 90.

Mientras la plaza se iba llenando y los de entonces, aun no siendo los mismos, pedíamos como antaño a los conductores que aparcaran los coches a la entrada del pueblo.

Días atrás habían vuelto a coserse banderas cuatribarradas, de esas que, al llegar a este pueblo en 1975 vieron ondear osadas, brindando por una democracia sin recato, Labordeta y Luís Granell. Y se habían buscado las antiguas pancartas, telón de fondo de sus recitales, pero aquella primera recordando que “Esta tierra es Aragón” la había quemado el  y la espera de tantos agostos que fue preciso coser otra nueva tela y pintarla en horas por la noche.

Hemos vuelto a hacerlo todo con nuestras manos y nuestros propios medios, muy “labordetiano”: aquí no se puede de otra manera. Nunca ha habido, y ahora menos, dinero. Ya ves, seguimos en el constante reciclaje que manda la imaginación de los pobres, aguantando siempre el temporal. Por eso el proyector comprado para estrenarlo ése día, se colocaba en el tablero de pin-pon sobre el que cantaste en el año 2000 mientras Diego, Pablo, José Manuel, Joan, Migue y José Luís, músicos aficionados de Jorcas, Escucha, Aguilar de Alfambra, Valencia y Cobatillas ensayaban la Albada en un corral. Y allí se les unieron inesperadamente Ángel Vergara y su mujer ¡Fue tan emocionante verlos entrar y recorrer de golpe un arpegio de años atrás y adelante!

 Voltearon las campanas y el reloj de la torre dio las ocho. Entonces, subidos los gaiteros al castillo junto al árbol algo reseco que hace un año plantamos en tu nombre, se oyeron las primeras notas de la Albada contra el viento, frente al campo, mirando a la plaza ya llena. Dos guitarras, un clarinete y un violín siguieron esas notas esperando que bajaran y a ellos se unieron las voces del Pueblo y al final el silencio, serio, emocionado, que rompieron las palabras de los mensajes en voces jóvenes, adultas, jubiladas, adolescentes e infantiles de mujeres y hombres.

La piedra otra vez llena veía caer una tarde sin fin, y en la plaza centenares de ojos que miraban hacia un punto rescatado por dos presencias, la tuya y de la Luís Ariño, fuertes y tiernas, enamoradas del coraje y el paisaje. Con nuestro audiovisual volviste joven y con el pelo cano a decirnos palabras y cantar, y nosotros a escucharte y a llamaros con nuestras palmas, con las palabras que aquí repiten también los niños en un entorno de verdad diaria desollante por si, a fuerza de cantarla, se torna tronco en el árbol de su vida un día: Entre todos hay que levantar.

No sé si seguimos avanzando, si añoramos unos sueños burlados, no perdidos, no sé si las hamburguesas y la ansiedad cuantitativa ahoga, aquí también, lo que llamamos alma de la inmensa mayoría. Pero el 20 de agosto en la plaza de Jorcas, repudiando clarines, cornetas, pitos, cláxones y ululantes sirenas nos reconocimos con lo mejor de nosotros mismos en el sonido de las dulzainas, tambor, guitarras, un clarinete y un violín. Por unas horas vivimos la máquina del tiempo y otra vez, como antaño, éramos compañeros caminando hacia la luna llena. En esas horas inexplicables soñé que aún somos lo que fuimos.

No me he sentido hasta hoy capaz de contar ése día. Aún no sé a ciencia cierta. Sé que espontáneamente acuñamos al 20 de agosto fecha anual “marcada”, un “día Labordeta” de encuentro común en Jorcas. Os convocamos pues a todos ese día, porque como él, nos hacéis siempre una falta sin fondo.

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