Publicaciones - 09/11/11

Valiosa y añeja edición facsímil turolense

Por mi pueblo. Versos y prosas es un libro en octavo de 299 páginas y dos hojas de índice, ilustrado con dibujos de Salvador Gisbert y algunos otros, que contiene, como indica su título, un conjunto de versos y prosas de Jerónimo Lafuente López (Teruel, 1838-1899). La edición de esta antología salió de la imprenta turolense de Arsenio Perruca en 1896.

 

Al conocimiento del libro de Jerónimo Lafuente llegamos nosotros hace bastantes años gracias a un amigo que, al tanto de nuestras aficiones, nos regaló un ejemplar por la única razón de que contenía 160 versos dedicados al gran botánico Francisco Loscos, aquel a quien, junto a su colega José Pardo Sastrón, trataron y valoraron antes los sabios centroeuropeos que los catedráticos españoles de la disciplina. Lafuente colaboró en buena medida a que la efigie del científico samperino estuviera presente en una plaza de Teruel.

Gracias a otro querido amigo llega ahora a nuestras manos, con más de diez años de retraso, la edición facsímil de aquella obra de Lafuente, enriquecida con un cuaderno redactado por Francisco Lázaro Polo quien, a lo largo de 56 páginas, ofrece los necesarios Datos biográficos y pensamiento de Jerónimo Lafuente.

En esta ocasión la industria gráfica de la actual imprenta Perruca se encargó de la edición colaborando, como lo habían hecho los predecesores, en la difusión del conocimiento de quien con frecuencia utilizó en la prensa el pseudónimo de Teruelano.

Jerónimo Lafuente fue un escritor y periodista afín al regeneracionismo autor, además, de  Tres meses por Italia, libro de viajes impreso en Madrid en 1870 y algunas obras teatrales. Contó entre sus amigos a otros turolenses vecinos de Madrid durante algún tiempo, como los malogrados Mariano Ponz y Justo Jareño y en Teruel fue miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia.

En Por mi pueblo, libro de contenido fundamentalmente turolense, desfilan, como apunta Francisco Lázaro, “caciques y funcionarios incultos, clérigos con aires de lechuguinos, médicos sinvergüenzas y tenderos aplicados al fraude. De sobra sabía que a todos ellos les tira más, y no es de ahora, el pernil y el escabeche que las letras”. Nos quedamos con Francisco Loscos que entonces en Teruel, como en todas partes, también había de todo como en botica.

Teniendo en cuenta que todavía pueden adquirirse estas últimas publicaciones tan entrañables para quienes aman a Teruel, a sus gentes y a Aragón en general, nos hemos atrevido a colgar estas líneas recordatorias con un “ligero” retraso que nunca es tarde…

 

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