60 medidas contra el caos - 13/02/14

60 medidas contra el caos (1). Criterios Previos

El tiempo de las lamentaciones se ha terminado. Incluso con recuperación económica —que está por ver—, nuestros problemas como sociedad siguen pendientes de solución. Es hora ya de concretar los deseos colectivos en soluciones estructurales. Lo que nos parezca justo y lógico, hay que sintetizarlo en frases breves. Y después, ordenarlas, mejorarlas, comunicarlas. No importa que sean todavía ilegales. De eso se trata, de convertirlas en legales. La justicia y la lógica son muchas veces ilegales. O son legales en teoría, pero no en la práctica. La utopía siempre es imposible o ilegal, pero “sólo por ahora”. En todo caso, ¡ay de los pueblos sin utopía! “Una nación de ovejas engendra un gobierno de lobos” (Edward R. Murrow).[1]

Hay tantas cosas por cambiar que más vale no ponerse nerviosos. Ya hace tres siglos, Leibniz decía: “no discutamos, calculemos”. El cambio debe comenzar ya y ser auténtico, no reformitas de decorado ni estafa a los de siempre. Revolución es una palabra desprestigiada porque casi todas las revoluciones han sido demasiado violentas o cutres, ya que los más matones, caciques y descerebrados acababan de líderes. No obstante, aunque el vocablo es lo de menos, necesitamos realmente otra revolución, o sea, un cambio rápido y profundo. Una revolución del siglo XXI, menos violenta y chapucera que muchas otras anteriores.

El cambio debe comenzar en cada uno de nosotros, los ciudadanos. Si esperamos que cambien sólo “los demás”, no hemos entendido nada ni habrá progreso colectivo. Cuanto antes consigamos pactos colectivos, mejor; tanto en períodos electorales como sin elecciones a la vista. Pero está claro que debemos proponernos como meta un horizonte temporal, no podemos alargar este caos actual por muchos años más.

Con estas propuestas, no queremos aumentar la impaciencia, pero tampoco la inercia, la pasividad o la venda en los ojos. Todas o muchas de estas medidas (numeradas) deberían estar vigentes, como mínimo, antes del año 2020. Aunque para algunos políticos o publicistas este plazo es una “eternidad”, no es así para estadistas, sociólogos, pedagogos o educadores, que sabemos lo que tardan en cambiar las sociedades. Y hay que acelerar ya. Sobre todo, hay que optimizar la participación y representatividad ciudadanas. Si para éste u otros temas hay que reformar la Constitución, se hace.

Hablamos sobre todo de España, pero pensamos también en Europa y el resto del mundo. Basta ya de acercarnos a Europa o al G-20 como sumisos esclavos de especuladores mundiales (“sí, bwana”). No hay que “refundar el capitalismo”, hay que controlarlo y corregirlo. La marca España debe contribuir al progreso de los pueblos, no al subdesarrollo. Si no, en vez de marca España, sería Amos de España. Estas propuestas son nucleares e imprescindibles, pero puede haber muchas más. Esta síntesis es simplemente un “borrador de trabajo” que sirva de estímulo a muchos ciudadanos para su adaptación y mejora. Las áreas centrales serán cuatro: Política, Justicia, Ecología y Economía.

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[1] Periodista estadounidense, muerto en 1965. Se caracterizó por su honradez e integridad al difundir las noticias. Se destacó en la cobertura de la segunda guerra mundial. En 1961, J. F. Kennedy le nombró Jefe de la Agencia de Información de EEUU.

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