Noticias - 06/06/21

Luces y sombras de los Borbones en el siglo XVIII

Eduardo Montagut lleva realizando un ejercicio de divulgación de distintos períodos y temas de la Historia a través de la colección “Guiaburros” de Editatum. En este sentido, publicó hace dos años una colección de treinta hechos con textos históricos, que parecen fundamentales en la Historia moderna y contemporánea española, y después un manual sobre el intenso período de la Historia contemporánea de nuestro país, entre el Abrazo de Vergara, que podría simbolizar el asentamiento del Estado Liberal, hasta el inicio de la Guerra Civil, que supondría el fracaso de la democratización de dicho Estado, después de las crisis del sistema de la Restauración y de la solución autoritaria de la Dictadura de Primo de Rivera, con la posterior destrucción de la Segunda República.

En esta nueva entrega el autor se ha ido al Antiguo Régimen, a su etapa final, a través de un acercamiento al siglo XVIII también de nuestro país, un período de cambios, con intentos de reformas con la pretensión de superar la crisis y decadencia heredadas del siglo anterior, y con el fin de situar a España en el camino del desarrollo económico y de los avances culturales y educativos de la Ilustración europea. Este proyecto se pondría en marcha con los Borbones, así como unos nuevos gobernantes, que habrían puesto en marcha una manera distinta de gobernar, entre el centralismo y el absolutismo ilustrado.

Pero, indudablemente, también nos encontraríamos ante un siglo de fuertes resistencias a los cambios protagonizadas por los sectores sociales y políticos que veían amenazados, aunque fuera de forma muy parcial, sus tradicionales privilegios, sin olvidar las inercias y costumbres de un pueblo, siempre maltratado, y muy atrasado, con el que la Ilustración no pudo o no quiso conectar.

El siglo XVIII español, como afirma el autor, comenzó en 1701 cuando, ante el cambio dinástico, se organizó una coalición internacional para impedirlo, junto con una parte de la Monarquía Hispánica, también reacia hacia los Borbones, por su apuesta centralizadora. Estallaba la Guerra de Sucesión Española. La centuria, realmente, terminaría en vísperas de la Revolución Francesa, en 1788 cuando moría el rey prototipo español del despotismo ilustrado, es decir, Carlos III, y se entraba, aunque ya se podrían vislumbrar algunos rasgos anteriormente, en una etapa de fuertes dificultades políticas, económicas y sociales que coincidirían con la crisis general europea del Antiguo Régimen.

En el libro se ha intentado superar el ejercicio exclusivamente narrativo para centrarnos en un estudio de estructuras políticas, económicas, sociales y culturales, aunque al final hay más narración, con el fin de contar los acontecimientos que precipitaron la crisis final.

El siglo XVIII fue, sin lugar a dudas, intenso, cuando los intentos de reformar el Antiguo Régimen terminaron por entrar en una especie de callejón sin salida, que solamente sería superado, eso sí, en un determinado sentido, en los procesos de revoluciones liberal-burguesas que se desencadenaron al final del siglo, abriendo un ciclo de transformaciones que no se cerraría hasta mediados del siglo siguiente.

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