Publicaciones - 14/06/21

Libros hacia el verano (II)

Completando lo iniciado hace algunos días, rindiendo cuentas de las muchas e interesantes publicaciones que nos llegan de la mano de autores, editores, libreros, hablamos en esta segunda y última entrega preveraniega de libros de o sobre José Giménez Corbatón, Francisco Javier Aguirre González, Joaquín Carbonell, Chesús Bernal, Juan Mainer, y Paco Uriz, amén de alguna otra noticia.

 

José Giménez Corbatón, a quien traemos con alguna frecuencia por sus pulcras, hondas, serenas narraciones, inaugura esta sección con un libro de catorce relatos, recuperados, modificados o nuevos, que titula La senda del tiempo (Las Tres Sorores). La persona que nos introduce al autor dice está ya “en estado puro”, Y destaca que, junto a aconteceres cotidianos y cercanos, “tiende al entorno de la Guerra Civil, donde se enmarcan algunas de sus creaciones más conocidas, como aquel universo literariamente expandido que hunde sus raíces en tierras turolenses –con El fragor del agua como bandera-“. Ocurre, en efecto, con la emoción que produce Carmela, o tantas semblanzas de personas solitarias, abandonadas a su mala suerte, con dificultades de comunicación, violencias y ternuras. Corbatón se sitúa en la cúspide aragonesa de los grandes narradores, porque su depurada caligrafía surge de muchos años de reflexión, análisis social y literario. Y, aunque no es el único caso, en el principal relato, por extensión y profundidad, “La sola verdad”, escuchamos ecos senderianos. O caemos en cuenta de las citas a José Ramón Arana, José Díaz Fernández, la Rodoreda y Elvira Augusta Lewi, Camus, Nemirovsky, Modiano, Ramuz, Bettauer, D, Aleijem, Gran Jefe Seattle o el mismísimo Deuteronomio, que suponen toda una declaración de posiciones.

 

 

Francisco Javier Aguirre González lleva una treintena larga de títulos editados, además de figurar en otros como editor, prologuista, colaborador en equipo, o entusiasta promotor. Su mente no cesa de activar ideas. Qué difícil se lo pondrá, quizá en algunas décadas, a quien se ponga, osadamente, a realizar sobre su obra una tesis doctoral. Es un escritor prolífico, que antes de dar por terminado un texto ya sueña, diseña, prepara otros. De diversas familias: las novelas de costumbres, incluso el terror y misterio, crítica social y política, tema religioso, crónica de temas violentos, y hasta eróticas. Y muchas de ellas ubicadas en la comarca del Matarraña, por tantas razones su preferida. Y, de modo especialmente intenso, los temas relacionados con Teruel y sus gentes. Es su último libro, un primor de noticias, reflexiones, evocaciones y aflorar de sentimientos, bajo el título inequívoco: “Tierra de silencios. Memorial turolense”. En el que el relato se solapa con tantos recuerdos autobiográficos acumulados en sus años de trabajo en la capital y provincia, tan apasionadamente queridas.

 

 

El autor, que dedica el libro a la memoria de José Antonio Labordeta y a este firmante, por tantas razones ambos vinculados a capital y provincia, va prologado por el estupendo novelista Javier Sierra y epilogado por el tan prestigioso periodista cultural Antón Castro, buenas compañías. En su miscelánea pasan y son homenajeados los casi desaparecidos campaneros, agentes forestales, mineros, maquis, fotógrafos, músicos y sabios secretos Y reparte sentidas dedicatorias en cada relato a personas conocidas, como los desaparecidos Ricardo Eced, Amador Pizarro, Vicente Casanova, José Iranzo, Joaquín Carbonell, los artistas Pablo Serrano, Salvador Victoria y José Gonzalvo, Ángel Alcañiz, Domingo García, Desideri Lobarte, Antón García Abril, cuántas grandes figuras turolenses. O ese no sé si imaginario o real, -merece ambas calificaciones-, el complejo personaje Abdón en el quizá mejor relato, embrión de novela, “Fuego en la sien”. O escenarios becquerianos como el cementerio de Cantavieja y tantos otros, el mapa casi lleno de subrayados, haciendo dinámica y misteriosa la trayectoria.

 

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Dos publicaciones acaban casi de salir en recuerdo de dos personas de gran importancia en nuestra vida social. Nos referimos al libro coordinado por Alfredo Sopeña, Carbonell, amigo, que finalmente se presentará en septiembre junto con un recital en su memoria: anoten que se regalará a los asistentes al acto. Y habrá más cosas; pero esperaremos a que llegue septiembre. De las docenas de recuerdos aportados por sus amigas y amigos copiamos un párrafo de Julián Casanova: “Joaquín Carbonell con su primer LP Con la ayuda de todos, convirtió sus canciones en una forma esencial de expresión política, pero también de emociones, temas sociales y denuncia de la despoblación y abandono del mundo rural. Allí estaba Doña Peseta, una sátira contra el poder del dinero; la poesía Me gustaría darte el mar, y la maravillosa canción que daba título al disco, la confirmación de lo duro y largo que iba a ser el camino para las gentes de Aragón”.

 

 

La otra noticia es la aparición del nº 14-15 de la revista aragonesista El Ebro, dedicada en su mayor parte En homenaje a Chesús Bernal. Coordinado por Antonio Peiró, nos recuerda éste: “Con la muerte de Chesús Bernal, el aragonesismo de izquierdas ha perdido a una de sus figuras más importantes. Chesús fue uno de los seis participantes en la coordinadora elegida en mayo de 1986, que dio lugar un mes después al nacimiento de Unión Aragonesista-Chunta Aragonesista, de la que fue su primer Secretario General. En 1995 fue también, junto a Chesús Yuste, el primer diputado de CHA en las Cortes de Aragón”. Y señala luego su gran actividad cultural.

 

 

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Juan Mainer, uno de los principales animadores culturales del Alto Aragón, ha publicado un libro testimonial, de los que sólo son capaces los grandes maestros y profesores, porque es su mundo bien asumido y comprendido: Consagrar la distinción, producir la diferencia. Una historia del Instituto de Huesca a través de sus catedráticos (1845-1931), editado con la pulcritud y entrega del Instituto de Estudios Altoaragoneses. Cuántos nos quejamos, en general, y con razón, los aragoneses, del enorme olvido, desprecio, ignorancia, de los madrileños (en su mayoría, no todos todos) hacia las tierras y gentes periféricas. Pues algo así había sucedido a su vez con Zaragoza y el resto de Aragón. Lo que viene a ser remediado por unas buenas docenas de estudiosos que pasan años de trabajo para ofrecernos los adentros de estos temas. Así se explica la historia cultural, política, de las ideas.

 

 

Pasa de analizar el modo de educación tradicional elitista a verificar cómo fueron los fundadores de la profesión los catedráticos isabelinos; cómo los de la Restauración consolidaron el canon socioprofesional, y cómo los regeneracionistas consolidaron ese canon, mezcla de tradición y modernización. Entre los nombres más conocidos (no necesariamente los mejores, maticemos) encontramos a Cosme Blasco y Val, Gabriel Llabrés, Juan Pablo Soler, Francisco Cebrián o Benigno Baratech quien, mira por dónde, me examinó de Matemáticas en 5º de bachiller, allá por 1957. La dedicatoria del libro habla más que mil palabras del hálito social del autor: “A los que quedaron fuera”…

 

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Y casi no damos abasto a informar de las traducciones de Paco Uriz, el gran mensajero cultural de Suecia y el mundo nórdico. Tras hacerlo con Revivir, de   Kjell Espmark, en Libros del Innombrable, más recientemente y en la misma editorial, versionó de Magnus William-Olsson Nada es siempre demasiado tarde, poemario  que “trata de nuestro tiempo, de política, verdad e historia en los medios sociales, en la era de la vigilancia virtual, pero en el que   hay muchos poemas íntimos, casi privados”, nos dice Esther Martín, quien también nos envía un poema excepcional que reproducimos, comprobando que Uriz es no sólo un gran profesional, sino también un gran poeta en el uso de nuestro lenguaje:

 

Irae rabidus

Fue un tiempo de rabia: la ira se fue depositando sobre

la ira hasta que se des

bordó como brea saliendo por todos los orificios del cuerpo

de la sociedad. Los injustamente oprimidos. Los

deshumanizados. Los que perdieron su vida por nada

y quedaron como fruta podrida en sus humores,

sin enterrar

Añade que todos los anexos, todos, se tumbaron unos junto

a otros paratácticamente, sin resistencia.

Añade que nadie podía ya imaginarse como parte

de algo entero desconocido

¡Magnus!

¿Se ha perdido el lugar donde enterraste tu único tesoro?

¿En verdad ya no pueden despertar felicidad en ti

las personas que has amado?

¿Qué clase de enfermedad es esa, Magnus, que te ha azotado

como el viento a los robles de la montaña?

La rabia, eso

era. El odio silencioso se había desbordado. Los postergados,

los pisoteados, los injustamente oprimidos. Cuando

tú luego

saliste a la colina una noche novembrina. Luz preauroral.

Todas las flores yacían pisoteadas por el suelo

Tú dejaste que la mano acariciase suavemente el pecho,

el vientre, el sexo, el muslo. ¿Qué ocurre ahora?

Que la libertad negativa

se presentaba como el único acto de liberación

Que lo que quedaba

ya no prometía desaparición

Que la muerte ya no hacía promesas

¿Eras por eso tú una parte de la rabia?

¿Eras por eso tú una parte de lo que destrozó la rabia?

 

Los tradicionales Premios Búho anuales de la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro han recaído este año en personas de gran relieve e importancia en nuestro mundo cultural:  Joaquín Carbonell (a título póstumo), Soledad Puértolas, Javier Sierra, José María Conget, Editorial Prensa Diaria Aragonesa y la Biblioteca Municipal de Gotor. A todos nuestra afectuosa enhorabuena, por el reconocimiento a su labor desde diversos ángulos, en pro del libro y la lectura.

 

 

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