Historia y Política - 13/07/18

Los críticos del fenómeno del imperialismo

La aparente unanimidad social, económica, política e ideológica sobre el fenómeno del imperialismo europeo que se dio desde la segunda mitad del siglo XIX es eso, solamente aparente, ya que destacados personajes y corrientes de pensamiento fueron muy críticos con lo que estaba ocurriendo. Este trabajo trata de esta cuestión.

Existen diversos factores que explican que algunos sectores de la opinión pública europea fueran contrarios a las empresas imperialistas de sus gobiernos. En primer lugar, los fracasos propios y que generaban víctimas propias podían motivar protestas contra las aventuras imperialistas. Los 98, que afectaron a varias potencias europeas, incluida España, provocaron críticas por que se mandaba a morir a los jóvenes; en el caso español, además, eran jóvenes de condición humilde, ya que los hijos de la burguesía podían librarse del servicio militar y d

e acudir a la guerra. En 1909, el detonante del estallido de la Semana Trágica de Barcelona fue el envío de reservistas a África.

Las atrocidades que se cometieron en nombre de la civilización occidental fueron determinantes para generar rechazos. Uno de los casos más notorios fue el que se dio en Bélgica ante el escándalo generado por las barbaridades cometidas en el Congo, colonia del rey Leopoldo II. Para explotar la riqueza minera y del caucho se obligó a los nativos a trabajar bajo una presión inhumana. Los castigos físicos eran constantes para quiénes no obedecían, y se podía llegar a la mutilación de manos y pies. Había que cumplir una serie de objetivos y si no se conseguían también se podía castigar. El terror era el método para tener dominada a la población. Esta situación llegó a la opinión pública occidental, gracias a la multitud de pruebas que se amontonaban, mientras Leopoldo, que nunca visitó el Congo, negaba la brutalidad y el terror que se practicaba para que pudiera lucrarse. En el trabajo de aportar testimonios y pruebas de lo que se estaba haciendo en la zona destacaron Edmund Morel y W.H. Sheppard. Las evidencias fueron tales que hubo que formar una comisión de investigación. Se calcula que se redujo la población congoleña en un 20%, aunque algunos investigadores elevan muchísimo esta cifra. Las conclusiones de la investigación hicieron que el Parlamento belga, ante el escándalo mayúsculo que se produjo, decidiera hacerse cargo del Congo.

Las violaciones de los derechos humanos cometidas en la guerra de los boers también ocasionaron conmoción en el Reino Unido, especialmente la situación de los internados en los campos de concentración. El general Kitchener convirtió lo que, en principio, era una solución para los boers que habían perdidos sus granjas, en cárceles.  La mayor parte de la población boer internada estaba compuesta por niños, mujeres y ancianos, mientras que los varones prisioneros eran conducidos a campos en el extranjero. Los concentrados africanos negros eran considerados mano de obra barata. Estos campos estaban mal equipados y dotados. La falta de higiene y la mala administración produjeron la muerte de más de veinticinco mil boers y de unos veinte mil africanos negros. El tifus, la disentería y el sarampión hicieron estragos, mientras que la atención médica era insuficiente. Una de las personas que más luchó por denunciar y mejorar la vida de los concentrados fue Emily Hobhouse, delegada de la Fundación para Mujeres y Niños Surafricanos damnificados. Su denuncia provocó la creación de la Comisión Fawcet, que visitó los campos y confirmó lo que había expresado Hobhouse, estableciéndose una serie de mejoras en la alimentación, en la higiene y en las instalaciones médicas, bajando significativamente la tasa de mortalidad.

Un tercer factor contrario al imperialismo  tiene que ver, curiosamente, con la ideología de un sector de la derecha política europea. Hubo grupos muy conservadores que temieron que el enorme esfuerzo que las potencias desarrollaban siguiendo políticas imperialistas terminara por agotar los recursos propios y, por consiguiente, debilitar a la nación y al Estado frente a los potenciales enemigos en una época de crecientes tensiones en Europa. Es más, entre los sectores más reaccionarios europeos se llegó a aplicar el antisemitismo a la cuestión colonial, ya que se interpretó que era promovida por los judíos para hacer negocio. Los judíos manipularían a los gobiernos para emprender políticas imperialistas en su propio beneficio.

El sector más combativo contra el imperialismo se dio en seno de la izquierda, en el socialismo, aunque generando un intenso debate en la II Internacional. Los grupos más a la izquierda eran radicalmente contrarios a cualquier posibilidad de que los socialistas apoyasen la expansión imperialista de sus respectivos países, pero los más moderados plantearon matices al rechazo del colonialismo, ya que consideraban que podía ser beneficioso para otros pueblos y generaba beneficios económicos generales para el conjunto de las sociedades occidentales. En todo caso, los socialistas denunciaron la barbarie de los métodos colonizadores.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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