Publicaciones - 13/04/21

Libros para la primavera: 2, Literatura

Continuamos en esta segunda entrega primaveral dando cuenta de nuevos libros (o leídos recientemente), sobre la literatura en sus diversas manifestaciones. Se hace referencia a títulos editados o escritos por María Ángeles Naval y José Luis Calvo Carilla, Chita Espino Bravo, Miguel Mena y Juan Villalba Sebastián. Y, ya en ello, queremos felicitar muy efusivamente a nuestro amigo Antón Castro, por haber alcanzado el jueves 8 de abril el nº 700 del tan premiado y prestigioso –y querido- suplemento del Heraldo, “Artes&Letras”.

 

María Ángeles Naval y José Luis Calvo Carilla son los eficientes editores de un libro original, interesante: Narrativas disidentes (1968-2018). Historia, novela, memoria, editado por Visor y su Biblioteca Filológica Hispana. En los diecisiete capítulos, los autores “han revisado medio siglo de narrativa en España y el resultado es la presentación de un repertorio de disidencia, de disensiones, de conflictos, de reclamaciones o cuentas pendientes” de la novela en ese tiempo. Se trata, añaden, de “cuestiones que tienen que ver con la construcción de las identidades sociales, de las mentalidades colectivas”. Y ello, mediante relecturas del pasado y relatos del presente, estudiando algunos autores, que resume Calvo Carilla en las “Novelas de la insatisfacción política en torno al 15-M”, destacando la receptividad de ese tiempo en Rafael Chirbes y Belén Gopegui. O bien, en un segundo grupo, referido a nostalgias y disidencias en las literaturas europeas, tras la caída del Muro y los cambios consiguientes, y dos casos de novela griega. Luego, ya en los márgenes, se analizan obras de varas destacadas autoras, amén de monografías sobre el atormentado García Badell, Martín Santos y Landero. Una estimulante lectura, para comprender mejor nuestra literatura de primera fila.

 

 

Una edición oportuna, en parte y siempre, es la del libro de Chita Espino Bravo: Emilia Pardo Bazán y Carmen de Burgos. Resistencia al matrimonio desde la novela de la Restauración. La dan a conocer en su Sagardiana (Estudios feministas) las Prensas de la Unizar. El primer centenario de la primera, firme, seriamente redescubierta, y el interés despertado por la segunda, de una obra poco conocida, casi coetáneas, lleva a estudiar un tema importante en ellas: la crítica y resistencia al matrimonio, denunciando sus defectos, el machismo, las contradicciones. Ese fue, nos dice la autora, profesora en Estados Unidos, un recurso consciente que ambas utilizaron “contra lo que los escritores masculinos pretendían divulgar a través de sus novelas canónicas”. Frente a ellos, proponen “una mujer independiente, con estudios e instrucción en campos diferentes a los que el hombre proyectaba”. La lectura y denuncia, y muchos otros asuntos que se entrecruzan, resulta divertida, y el reconocimiento de estas dos grandes escritoras justo y necesario.

 

 

Miguel Mena, el gran todoterreno en el mundo periodístico aragonés: radio, libros adaptados a la canción, el cine y el cómic, gran popularidad por su carácter siempre amable, capaz de alegrar el día a sus miles de oyentes, o a sus miles de lectores, ha decidido retirarse del mundanal ruido, dejando para su vida personal, familiar, de reflexión y escritura, el tiempo que le queda libre a un sesentón jovenzano y vital. Saludando esa decisión y deseándole le colme en sus expectativas, queremos recordar una proeza de sus aventurados recorridos en bicicleta: un primer recorrido, “Paisaje del ciclista” (1991) y un segundo, veinticinco años después, “Nada más lejos” (2016), que reunió en un solo volumen y tituló ahora “Un viaje aragonés”, editado por las Prensas de la Universidad de Zaragoza.  Aunque, nos dice, “cruzar Aragón en bicicleta no tiene ningún misterio”, el recorrido, a partir de Ordesa y Jánovas (víctima de la chapuza nacional) hasta el sur turolense, busca carreteras tranquilas, posadas de calor humano: “eludir siempre que pueda la rigidez del asfalto, aprovechar cualquier ruta alternativa y dejar que los tacos de las ruedas firmen el testimonio de su paso sobre el polvo de los caminos”. No rehúye, al contrario, el encuentro con Alquézar o Sijena, y por Caspe y Alcañiz hacia Calanda, derivando algo hacia el mágico Maestrazgo y llegar por Rubielos al fin del viejo reino. Fueron unos quinientos cincuenta kilómetros, en los ocho días que suman del 17 al 24 de agosto de 1991, bien sudados. Saluda a personas tan interesantes como Severino Pallaruelo, Mariví Broto, Antón Castro, y otros.  La edición definitiva es de 1993 en Mira, al cuidado del recordado Félix Romeo.

 

Como hemos adelantado, 25 años después pone a prueba los recuerdos. Repasa cuánto han cambiado muchas cosas, este es uno de los grandes valores del segundo libro, qué ha pasado en esos sitios, aparte su bicicleta un par de veces. Cambios espectaculares, y estupor: “hay cosas que me sorprenden y otras que me incomodan… No comprendo qué me hizo tomar aquella decisión”. No ha cambiado el enfrentamiento con Cataluña por los bienes (que ya están volviendo, tanto tiempo después), asunto estudiado por Marisancho Menjón, como antes el expolio de Jánovas. Evoca de nuevo a Félix Romeo, y a Antón y su poemario “El paseo en bicicleta”. Evoca a Labordeta y Carbonell y el resto. Y repasa los sitios recorridos y las situaciones vividas: “¿Cómo podría reflejar las horas de soledad, el silencio, la nada alrededor, ni árboles siquiera…? ¿Y cómo trasladar el efecto benéfico en lo físico y lo mental, que experimento al sentarme en el sillín y pedalear un rato?”. Y este hombre sencillo, bueno, que nos conoce y se reconoce una parte aragonesa (tozudez), entra en la lista de los viajeros famosos, de Azorín y Cela y Leguineche y Reverte hasta el mal conocido y espléndido “El país de García” de José Vicente Torrente. Eureka.

 

¡Qué casualidad! Al comenzar a redactar estas notas, comprobamos que el próximo título a reseñar, “Teruel. Otra dimensión”, de Juan Villalba Sebastián, va precisamente prologado por Miguel Mena. Se trata de una especie de enciclopedia del gran saber turolense de su autor, culto profesor de Instituto, escritor, que desgrana con amena erudición y buen humor cientos de noticias sobre personas, hechos, recuerdos, historias, al hilo de un supuesto vagar por las calles en cinco apretadísimas jornadas. Cuanto se ha escrito, dicho, anotado, personajes de relieve o de sencilla presencia en guerras y hazañas. En la literatura, el cine, la música. La varia arquitectura, los Arcos y murallas, iglesias y conventos, museos y viaductos, escalinatas, glorietas y miradores. No falta nada, ni los Amantes y toda su parafernalia, ni el mudéjar y otros estilos estudiados, los barrios, y hasta el antipapa. O los años sesenta y setenta del siglo pasado mitificados por el grupo del San Pablo en torno a Labordeta. Las grandes figuras que pasaron y dejaron huella, de Salafranca a Hemingway y Max Aub, Pío Baroja y Segundo de Chomón, hasta Maenza. Excelentes fotografías y dibujos, y utilísima bibliografía esencial, índices onomástico y topográfico en los que no parece faltar nada ni nadie. El resultado, como ha calificado otro gran turolense de amores, Javier Aguirre, es una “atinada simbiosis entre lo que es una revisión histórica bien documentada y lo que es una obra de exaltación literaria y artística de la ciudad”. Yo diré, como Mena en el prólogo, que, aunque viví cinco densos e inolvidables años en la ciudad y mantengo medio siglo después atenciones y relaciones, “este libro me ha ayudado a entenderla mejor, a mirarla más intensamente, a apreciar cada recoveco de sus calles y su historia, a descubrir algunos de sus vecinos más asombrosos”.

 

 

Y, en fin, y de nuevo casualidades, queremos acusar recibo del último número de Turia, 137-138, otra hazaña turolense, con un cartapacio que estudia a Gonzalo Hidalgo Bayal, el taller, la intimista Isla de Maicas, las reseñas pulcras y densas de la enorme torre de Babel, y una entrevista acertada con el recién fallecido Vicente Rojo. Medio millar de páginas sin desperdicio.

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