Historia y Política - 26/07/21

Los socialistas y la organización de los inquilinos en los años veinte

(Wikipedia)

La situación de los inquilinos, la mayor parte de los españoles y españolas hasta fechas relativamente recientes de la Historia contemporánea, preocupó al movimiento obrero, defendiendo el establecimiento de alquileres justos, y promoviendo huelgas de inquilinos cuando se generaban abusos. En el caso concreto socialista nos acercamos en este trabajo a un análisis realizado en el periódico El Socialista en junio de 1928 donde se trataba sobre la importancia de la organización de los inquilinos, dentro de la filosofía de esta familia del movimiento obrero sobre la importancia de la misma en la lucha por las mejoras de la clase trabajadora.

Los socialistas consideraban que el problema de la vivienda, tanto en las grandes ciudades como en las pequeñas poblaciones, estaba entre los principales que afectaban a los trabajadores, aunque también de la propia clase media. Ni unos ni otros disponían de viviendas dignas donde se pudiera pasar con dignidad parte de la vida. Se atacaba la hipocresía de quienes defendían la familia como una de las instituciones tradicionales, pero, por otro lado, siendo dueños de las principales fincas destinadas a viviendas, por las que cobraban buenas rentas, obligaban a las familias de limitados recursos a vivir en pésimas condiciones, en promiscuidad de estrechas habitaciones donde no se respiraba aire puro ni se disfrutaba de las más mínimas comodidades.  Así pues, los caseros se convertían en los principales enemigos de la familia.

Para hacer frente a los caseros había que organizarse, creando disciplinadas y serias colectividades de inquilinos para evitar las individualidades aisladas, que se encontraban indefensas. En una palabra, se aplicaba el argumento sindical laboral al mundo de los alquileres. La unión era la fuerza.

Paralelamente a las organizaciones de inquilinos, que debían multiplicarse por toda España para defenderse de los caseros, y también de las empresas suministradoras de servicios como el agua y la electricidad, había que fomentar los Comités Paritarios de la vivienda, es decir, la atención de esta cuestión en la organización corporativa de la Dictadura de Primo de Rivera que los socialistas valoraban como un avance, al reunir en la misma a patronos y obreros para que se pusieran de acuerdo y tomaran decisiones.

La participación del sindicalismo socialista en estos Comités forma parte de una de las páginas de intensa polémica de la Historia de la UGT porque suponía una especie de colaboración con la Dictadura, algo de lo que eran conscientes los socialistas, y que intentaron justificar partiendo del hecho de que consideraban que era una conquista del movimiento obrero, bajo la filosofía de un sindicalismo que intentaba ir arrancando mejoras laborales y sociales frente a la postura eminentemente revolucionaria del anarcosindicalismo.

El modelo sindical de la Dictadura de Primo de Rivera se estableció a través de los denominados Comités Paritarios, organismos creados por un Decreto-ley de 26 de noviembre de 1926, obra de Eduardo Aunós, ministro de Trabajo bajo la Dictadura de Primo de Rivera. Tenían como misión regular las relaciones laborales. Se encontraban dentro de la Organización Corporativa Nacional, y eran su principal pilar. Tenían funciones jurisdiccionales e inspectoras. Se encargaban de aprobar y elaborar leyes reguladoras sobre las condiciones laborales y de resolver los conflictos entre la patronal y los obreros.

Pues bien, al parecer, el Ministerio de Trabajo había dictado una disposición en relación con los Comités Paritarios en relación con la vivienda. Los gobernadores civiles de las provincias donde hubiese Cámara de la Propiedad Urbana, pero no existieran asociaciones de inquilinos, debían publicar una circular en la que se debía informar que por el Real decreto de 17 de octubre de 1927 se había aprobado la creación de Comités Paritarios de la Vivienda, estando formados por representantes de las Cámaras de la Propiedad Urbana y de asociaciones de inquilinos constituidas y legalizadas. Los gobernadores debían fomentar la creación de los Comités Paritarios con la ayuda de los alcaldes.

Para los socialistas era una oportunidad que había que aprovechar, para que los trabajadores organizados pudieran actuar. Así pues, había que fomentar la creación de estas asociaciones de inquilinos por toda España, de carácter local, comarcal o provincial, y que se unieran en un organismo nacional para guiar el movimiento de los inquilinos españoles, y que podía presentarse como un instrumento poderoso.

Los Comités Paritarios se podrían convertir, según los socialistas, en un medio fundamental que beneficiaría a los inquilinos, facilitándose el cese de los abusos de los caseros y las prácticas de las compañías suministradoras de servicios, ya que, aunque esas prácticas podían considerarse como delictivas habían conseguido siempre salir ganando dado el poder de esas empresas a través de los miembros de sus Consejos de administración metidos en las redes clientelares de la vieja política.

Los Comités, por fin, podrían intervenir en los graves problemas de las viviendas españolas en cuestión de salubridad e higiene.

Hemos trabajado con el número 6031 de El Socialista. Sobre el movimiento obrero y los alquileres este autor tiene publicado lo siguiente: “Historia de las huelgas de inquilinos”, en Los Ojos de Hipatia, (septiembre de 2017) y “Las inquilinas madrileñas contra los abusos de los alquileres en Madrid (1920)”, en Tribuna Feminista, (abril de 2019).

Sobre los Comités Paritarios podemos consultar el libro de Eduardo González Calleja, La España de Primo de Rivera. La modernización autoritaria. 1923-1930, (2005). También conviene leer el tomo segundo de la Historia de la UGT (Entre la revolución y el reformismo, 1914-1931), escrito por José Luis Martín Ramos.

 

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