andalán - 15/03/11

Murió Joaquín Ibarz, un gran periodista

Joaquín había nacido hace 67 años en Zaidín, y tras jubilarse, lleno de méritos y honores –entre ellos el de hijo predilecto de su pueblo-, y enfermar de un tumor cerebral, gozaba pensando en la inauguración –a fines de abril, nos decía- de una preciosa casa en el centro de la localidad, pintada y arreglada para ubicar un museo de arte americano precolombino, más de dos mil objetos que trajo en un contenedor para dotar a su pueblo de una seña nueva de identidad: la que él había adquirido en sus más de 25 años como corresponsal de La Vanguardia en América Latina.

Periodista por la Universidad de Navarra, tras pasar por el diario zaragozano El Noticiero, marchó a Barcelona donde hizo una brillante carrera en Tele/Exprés, Barça, Primera Plana y otros medios. Además, entre 1975 y 1978 colaboró de manera habitual en Andalán. Memorables son sus artículos en las primeras horas de la transición, sobre y contra las centrales nucleares que se intentó ubicar en el Bajo Cinca, las historias de Coacinca y Chalamera, también de Lemóniz, Ascó… y los primeros intentos de trasvases. Las entrevistas o semblanzas con Celia Guevara (“mi hermano es más que un póster”); Tarradellas; Gregorio López Raimundo; Paco Beltrán, alcalde de Fraga; M. Aurelia Capmany, sobre Federico Jiménez Losantos; el padre Escrivá y Torreciudad; Alberti, Marsé, Vázquez Montalbán; Alejandro Rojas Marcos. Los análisis sobre el mundo vasco, de Chillida al cura preso Jon Etxabe; los reportajes sobre los aragoneses en Cataluña, el Sáhara…

Periodista valiente, imaginativo, calmoso como los aires caribeños, tenía su sede en México D.F., y también una maleta con ropa en un hotel de Cartagena de Indias, por si los acasos. Hizo crónicas poco complacientes enjenándose al dictador Noriega, entre otros. Entrevistó a Fidel, pero justamente en la época en que le vi varias veces en México, fue expulsado de la isla, entre otras cosas por un artículo muy duro titulado “En la isla ya no quedan gatos”. Cubrió con energía aún la reciente gran crisis de Haití. Como ha escrito Joaquín Luna estos días: “no era un periodista acomodaticio y gentil porque su especialidad era preguntar con toda la intención del mundo al poderoso de turno”. Llegó a ser el decano de los corresponsales, querido y respetadísimo, y recibió varios premios importantes en el periodismo (el del Centro Internacional de Prensa de Madrid, el Cirilo Rodríguez, el María Moors Cabot otorgado hace un año en la Columbia University, del que nos hicimos eco en este andalan.es virtual).

En los últimos meses vino varias veces a ver a Labordeta, a un homenaje a Emilio Gastón, a ver a los viejos amigos. Nos hablaba entusiasmado, aunque también decepcionado por las pocas ayudas oficiales logradas, de su museo rosa y azul –“La casa de usted”-, que no ha visto abierto por un mes. A toda su familia, en especial a su sobrina Mercé, a su amigo Mario Sasot, nuestro abrazo y el orgullo de recordarle juntos.

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