Publicaciones - 22/03/18

Literaturas nuestras

La Literatura aragonesa sigue dando sorpresas, tan gratas e importantes como la del último libro de Manolo Vilas, los incansables escritos maravillosos de Antón Castro, y una serie de novedades que apenas alcanzamos a anunciar y resumir.

 

 

El fenómeno Vilas. Es preciso referirse, a estas alturas, a un auténtico fenómeno, casi “viral”, que se dice ahora, el ocurrido en la práctica totalidad de los grandes medios escritos españoles, y en muchos audiovisuales, que coinciden en que “Ordesa” (Alfaguara) es un libro (no hay acuerdo en si novela, ensayo, memorias) singular, muy grande, quizá el libro del año. Vilas, que entra en este Olimpo mediático consagrado (por El País que, con olfato, le contrata para reportajes, artículos, opiniones) es inteligente, listo, sorprendente, desinhibido. El libro, que nos tiene siempre al borde de la tensión máxima, habla sobre todo de su padre, obsesivo recuerdo con lagunas nunca ya rellenables; de su soledad tras el divorcio, de la madre muerta mucho más recientemente y también ya inalcanzable para renovar afectos mal expresados, de los hijos, lejanos, desinteresados, de otro mundo. Hay una introspección desenfadada, sin pudores, que recuerda una época en que el escritor (yo creo que exagera) vive mal, bebe en exceso, camina confundido. Ese acento acre y duro, ese lacerarse con un gran estilo, es lo que da al texto, acaso algo largo y repetitivo (pero es una técnica impecable), aire magistral como pocos en la España de las últimas décadas, tan revisada tópicamente.

El escritor y periodista cultural Antón Castro y el naturalista, escritor y fotógrafo Eduardo Viñuales presentaron no ha mucho el libro “Excursiones a lugares mágicos” (Ed. Sua), una guía con 30 rutas por Aragón, diez recorridos por cada provincia ligados a leyendas y tradiciones, por lo que para Antón Castro es “un libro para ver, leer y viajar”. Porque está pensado y hecho “buscando bellos parajes, monumentos y recogidos rincones en los que se ambientan mitos y prodigios, leyendas o sucesos fabulosos, y no pocas creencias ancestrales protagonizadas por personajes épicos o seres que uno puede creer que son fruto de la imaginación de otro tiempo pasado”. Eduardo Viñuales ha aportado tanto la información práctica (el trayecto y mapas de las excursiones, consejos para realizarlas, datos de lugares próximos…), así como las 150 fotografías. Por su parte, Antón Castro escribe con su mágica mano derecha glosando tantos fenómenos inexplicables o no explicados, como las cuevas de fertilidad entre Los Monegros y Hoya de Huesca, las psicofonías de Belchite o el dragón de Bronchales, la Casa de Dios de Julio Basanta en Épila, o tradiciones de Daroca o Teruel.

 

Como en otras ocasiones, permitan que aportemos un montoncico más de noticias, más o menos recientes, de las que al menos queremos dejar constancia.

Nos escribe Jesús Jiménez, viejo compañero en Andalán de papel. Se jubiló hace unos meses después de una tarea magnífica como profesor e inspector de Enseñanzas primaria y media; pero sigue, nos dice, “con temas educativos, aunque casi todo fuera de esta tierra”. Escribe una columna semanal en Escuela desde hace varios años, colabora habitualmente y coordina algunos números de Cuadernos de Pedagogía, hizo la tesis sobre transferencias educativas de que publicó un resumen en un libro que editaron las Cortes de Aragón;  participa en actividades en varias universidades, está en el Foro de Sevilla que forma un grupo de profesores universitarios de Pedagogía de todo el país… Nos alegra mucho todo eso, y saludamos la edición de su libro “¿Qué es la Primaria?” (Octaedro Editorial) en que resume medio siglo de experiencias y reflexiones.

El Goya de Félix Teira es una pulcra edición auspiciada por la DGA que, como ya contamos en el caso de Mariano Gistáin que escribió sobre Buñuel, ubica a un gran personaje aragonés en los lugares que frecuentó, explicando con ellos su figura y obra. El texto, como todo lo que escribe el fino y riguroso Teira, es impecable, sugeridor, profundo y a la vez ameno. La edición es manifiestamente mejorable: añade a una portada minimalista en exceso, una ruta gastronómica, dualidad que algo despista y distrae.

Ricardo Serna ha publicado una nueva novela, “Sombras de Madrid” (Editorial Sapere Aude, de Oviedo), que ya lleva un trimestre de buena lectura entre sus incondicionales.

Javier Aguirre, no nos da abasto para noticiarle de tanto como escribe, y bueno: ha publicado un interesante libro “Tirando de dedo” (Im-pulsa), sobre el mundo del autostop, que tantos utilizamos hace décadas, con ilustraciones expresivas de Quintín García Muñoz. Javier presenta y reseña, generoso, a otros escritores. Lo hizo hace poco con esmero con “La casa de la encina”, de María Jesús Fuentes (Onix), a la que ofrece un hermoso Preludio.

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La poesía cuenta, en verso o prosa, con magníficos ejemplos recientes: Fernando Sanmartín sigue, en “Ciudades que se posan como pájaros” (Xordica), obsequiándonos a sus fans con una escritura pulcra, honda, sentida, perfeccionista hasta justo el límite. Uno piensa, al tener sus libros en las manos, en Aleixandre o Gil Albert, pero con más vida, más hondura.

Impecable, como siempre, llena de resonancias y esfuerzos comprensivos, la selección, traducción de Paco Úriz, de “Y la palabra se hizo poesía” (Libros del Innombrable), del finlandés de habla sueca Claes Anderson. Hace también el magnífico Prólogo en el que nos habla de este psiquiatra, pianista de jazz, futbolista, diputado, ministro, uno de los poetas más conocidos y queridos de su país. Y explica (reconociendo siempre la sombra protectora de Marina Torres, su ayuda y compañía) las claves de este espléndido, deslumbrante libro.

Yusta ha visto, rara avis, reedición de su “Ayer fue sombra” y ediciones de “Cuaderno de damas” (La fragua del trovador), con dibujos de Alberto Calvo, poesía popular, ligera (50 textos que son codas flamencas, soleás, seguidillas, coplas, haikus…). Y “Des-concierto”, su último poemario, un canto de desamor o es la revelación de las heridas del poeta. Y un blog muy estimulante. Ojo con él, que se está convirtiendo en eso tan hermoso y peligroso que es ser un poeta de culto…

Poeta reciente, aunque de bullicioso entusiasmo, es José Luis Martín-Retortillo, que publica de nuevo en Huerga-Fierro, unos “Geranios helados”, que cuando se acerca la primavera reviven y nos hablan de la inmensa montaña pirinaica (“Hermosamente bella te contemplo, Telera”; “Peña Montañesa, Monte Perdido”, “En las hayas de Ordesa”), de sentimientos sutiles (“Un viernes por la tarde se asomó la eternidad por tu ventana”; “Nos encontraremos bajo la brisa del río, al sol, merendando con Renoir”; “Bajaron de repente todas las estrellas a la cuneta del camino”), crítica política y social (“Ya te escribí lo que sabías: a la guerra siempre van los mismos”, “Hambre no tiene nombre”; “Nacemos tras las rejas. No te detengas a contemplarlas”; “Por los suelos se arrastran las verdades de la inteligencia… El odio mana de la tierra, el miedo la riega…”, “ Síndromes masivos de sometimiento, claudicaciones continuamente aceptadas). Y tantas otras evocaciones, que encontramos, del fallecido Emilio Gastón, que provocó el día de su muerte nuestro último abrazo.

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