Cuadernos de viaje - 27/07/18

Paris: panorámicas, gárgolas y quimeras

Hay viajeros que tienen una especial afición a contemplar las ciudades desde las alturas, por la belleza de las vistas panorámicas que ofrecen. En Paris, hay diversas posibilidades de satisfacer esa afición: se puede ascender en cómodo ascensor a la Torre Montparnasse (200 metros de altura, 59 pisos, los tres últimos por escaleras) o al Gran Arco de la Defensa (111 metros); y con un mayor esfuerzo se puede llegar a la terraza superior del Arco del Triunfo (286 escalones), o a lo alto de la cúpula de la  basílica del Sacré Coeur.

 

Panorámica desde el Arco de Triunfo / foto: RSA

 

Pero quizás la ascensión más apetecida en Paris es la de las torres de la catedral de Notre Dame. Bien es verdad que exige subir, y luego bajar, algo más de 400 escalones, desgastados e incómodos. Antes, para evitar las colas, se debe reservar por Internet día y hora de visita (de abril a septiembre, de 10 a 18,30) y abonar diez euros. La ascensión permite, además de disfrutar de las panorámicas de la ciudad, conocer de cerca el conjunto de sus gárgolas y quimeras, guardianes silenciosos de la catedral.

Debe distinguirse entre gárgolas y quimeras. Las gárgolas, cuya nombre deriva del francés “gargoille”, que significa garganta, son esculturas cuya finalidad práctica es hacer de desagües para verter el agua de lluvia al vacío lejos de las paredes y tejados de la catedral, además de darle protección simbólica. Se utilizaban ya con este fin desde la Edad Media en catedrales y palacios. Victor Hugo les dio un especial realce en su novela “Nuestra Señora de Paris”, publicada en 1831.

Gárgola en Notre dame con el Centre Pompidou al fondo / foto: RSA

 

Las quimeras son de origen más reciente. Fue Viollet-le-Duc, el arquitecto que dirigió la restauración de la catedral en 1845, quien las incluyó en la galería superior situada entre las dos torres. Se trata de figuras misteriosas, de personas, animales, monstruos o demonios, que vigilan Paris, estatuas grotescas que ofrecen una imagen perturbadora por su extraño significado. Algunas de ellas se han hecho especialmente famosas, por las innumerables fotografías que les dedican los visitantes. Entre ellas, águilas, cuervos, lagartos, un elefante pigmeo, un pelícano anclado por el pico, demonios horribles o enigmáticos. Quizás la quimera más famosa es la denominada estirga burlona, un vampiro que observa Paris, que ha llegado a ser denominado satíricamente “el pensador” por su postura.

Quimera en Notre dame / foto: RSA

 

Para superar la desasosegante impresión que producen tan misteriosas figuras, la ascensión llega hasta el campanario de la torre sur, donde se halla la campana mayor del siglo XVII, “Emmanuel”, y desde cuya cúspide pueden disfrutarse vistas estupendas (aunque por tiempo limitado, para dejar paso a otros visitantes).

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