Memorias de un País - 22/01/10

Retomar las raíces. La siega en los años 20

Memorias de mi padre, Salvador Magallón Lizana

Va camino de los 92 años y todavía acude a los partidos del Alcañiz C.F.
Ha escrito retazos de su pasado. Él hubiera querido estudiar, pero tuvo que ir al campo. Y también a la guerra. Para mí son unas memorias deliciosas, sin publicar. Ojalá a otros también les gusten.
Este trozo va sobre la siega.

Salí de la escuela y mi destino ya estaba echado: acompañar a mis padres al campo, en las faenas agrícolas. Al principio éstas eran sencillas y aburridas: mirar lo que hacía mi padre, traerle la cantarica,  ir a llenarla a algún brazal que él elegía. Todas estas cosas se me hacían pesadísimas y añoraba el ambiente de la escuela que había dejado atrás.

Teníamos un par de machos muy buenos, uno llamado ‘Tordillo’, blanco; otro de color marrón, llamado ‘Bayo’. Los dos muy mansos. A mí me gustaba más Tordillo, del cual me hice muy amigo. Montaba en él sin baste ni montura, a pelo. Yo me subía en pie encima de su lomo y él se dejaba. Poco a poco fui dándome a estas faenas que fueron siendo de más peso.

Como la escuela se había terminado en Junio, la primera de las largas faenas fue la siega. Para estos menesteres, cada año bajaba un señor de Cederillas, llamado Primo,  le decíamos ‘el Dallador’, que era el encargado de cortar la mies. Yo hacía las gavillas, mi madre se las daba a mi padre y éste las ataba. El calor que hacía aquellos días de verano era asfixiante. No os quiero decir la temperatura del agua: ¡parecía caldo! En fin, se pasaba el día, y como estábamos en la masada, en esos días en la Torredonsanta, dormíamos en el pajar, por supuestos vestidos –con esos calzoncillos largos de rayas, y la camisa-, todo lo que llevábamos por el día. Al día siguiente, a madrugar, para aprovechar la fresca de la mañana.

Terminada la siega se procedía a la siembra de las judías, que se sembraban en el rastrojo del trigo, si era regadío. Naturalmente, por entonces, en la huerta podíamos ya saborear los higos, a los que nosotros llamamos ‘higotes’. Plantábamos también la remolacha azucarera y después empezábamos la trilla. Para esta tarea se preparaba en casa el suministro para varios días, el ‘recao’; todos los aperos necesarios –que no eran pocos, a saber: el trillo, las horcas, pala, cribas, talegas, porgadera, paños y alguno más que no recuerdo. No faltaba tampoco el cajón con los pollos y gallinas que una vez en el monte se soltaban. Estos animales se lo pasaban en grande, corriendo por el monte tras los insectos y grillos que no faltaban.

Alcañiz, Teruel. Al fondo, a la izquierda, Carmen Portolés y Salvador Magallón.

La trilla, aunque era pesada, no lo era tanto como la siega. Mientras se molía la mies, que se hacía dando vueltas por la era con el trillo, al que no le tocaba ir en el trillo podía estar sentado en la sombra de la masada. Después de que la mies estaba molida si hacía aire se procedía a separar el grano de la paja. Esto sí que es muy laborioso al consistir en lanzarlo al aire por medio de las horcas: el aire se lleva la paja y el grano como pesa más se queda abajo en un montón. Una vez limpio de paja se procedía al cribado, con la porgadera. Y terminada su limpieza se metía el trigo en las talegas o sacos y se llevaban al granero o al comprador si estaba vendido. Si no hacía aire amontonábamos la parva (trigo más paja) y acarreábamos más mies para trillarla al día siguiente.

Para esta faena de la trilla, las tormentas son malas, pues si aparecen tienes que amontonar la parva y escobar la era para que el grano se moje lo menos posible. Y esto, claro, era muy costoso. 

 La trilla solía durar hasta mediados o finales de agosto. La faena más pesada era entrar la paja al pajar. Consistía en echar en una manta o paño la paja y, al hombro, subirlo de la era al pajar que solía estar en alto. Polvo, paja, sudor, todo nos daba en el cuerpo. (¿Duchas? ¿Qué me dices?) Durante la estancia en la masada se bebía agua de balsa, recogida de las lluvias, un agua especial (especialmente buena) para cocer las judías. Las balsas estaban llenas de cucharones y en ellas no era raro que algún perro se refrescara metiéndose dentro. Con todo y con eso, el agua era muy buena y las amistades que no iban al monte te pedían que les llevaras ‘agua de balsa’. Claro que entonces no existían los sulfatos. Las balsas se llenaban en las tormentas.

Terminada la recolección se preparaba el regreso al pueblo. Los pollos ya necesitaban un cajón mayor pues habían crecido, las gallinas con las crestas tan encarnadas ponían más huevos y éstos eran una delicia. Era costumbre que para las fiestas de septiembre se le regalase un pollo al médico. Un pollo de verdad.

9 comentarios sobre Retomar las raíces. La siega en los años 20

  • suassy

    Impresionante y delicioso sin duda. Qué faltos de toda esta sabiduría esta el mundo en el que hoy vivimos, perdidos en cuanto no encontamos el boton que pone en marcha los muchos aparatos de los que tanto dependemos. Me encanatará seguir leyendo maravillas como la qué nos has regalado.

  • Pedro Luengo

    Querida Carmina:Como otros muchos, he leído con placer y nostalgia tu recreación de la siega y la trilla en el Bajo Aragón,en los años 20,surgida de ese manantial longevo y claro que es tu padre.Esa cultura campesina no puede caer en el olvido.Hay que difundir ese legado recogiéndolo de los mayores-que ya quedan muy pocos-y por nosotros mismos.los que aún conocimos ese mundo agrícola en bastantes rincones de Teruel hasta principios de los años 70.Un abrazo turolense.P.Luengo

  • jose esteban santolaria labarta

    Gracias por dejar la puerta abierta a nuestros recuerdos. Yo soy de aquellos niños que nos dejaban subir a los trillos de pedernal, para hacer de contrapeso en los paseos circulares de la trilla. Recuerdo hoy con añoranza, cuantas veces pensé, mi abuelo no habla correctamdente, pues hay palabras que no las utiliza como de debe. Hoy que el tiempo ha pasado, la nieve ha cubierto mis sienes y que la cultura de nuestro pueblo en costumbres y expresiones, tiene más divulgación que cuando fuimos niños, puedo apreciar que las expresiones en “fabla” o “cheso”, era lo que a mi me producía extrañeza en aquellos años y hoy la tengo totalmente identificada, ya que por mis apellidos, desciendo de la provincia de Huesca.

  • uva

    A mi también me ha parecido un regalo.No sé si lamenta,seguramente sí,no haber podido elegir destino.Ojala que siga muchos años acudiendo a partidos.

  • Gracias por el regalo Carmen! Abrazos para ti y el resto de la familia!

  • Antonio Viudas Camarasa

    Carmen, una maravilla los recuerdos de tu padre. No sólo son el testimonio de los años veinte, son el Aragón profundo hasta los sesenta, en que la mecanización del campo se llevó por delante una cultura tradicional, una lengua y un modo de ser aragonés.
    De la “masada” de Teruel a las “torres” de la comarca de La Litera sólo encuentro una diferencia, los regadíos del Canal de Aragón y Cataluña harán que dentro de muy pocos años ya no exista ni una sola edificación agrícola en todo el paisaje agrario de la zona. Los solares de la mayoría de las antiguas torres están ocupados por los modernos riegos ahora por aspersión. Hasta la histórica y famosa “Torre Falces”, de raigambre noble aragonesa, se está cayendo.
    Es urgente que esas memorias de tu padre se publiquen y sirvan para la “arqueología dialectal y cultural” de la lengua aragonesa, más bien cultural, porque las palabras, en su mayoría, se han dejado de emplear al no tener misión “social” y productiva alguna. Así es como un léxico activo deja de servir para la comunicación de las generaciones jóvenes y pasa al archivo lingüístico de una lengua.
    La actitud de los románticos amigos de lo que “fue y ya no es” no sirve para recuperar unas costumbres y unos usos sin misión económica. Pero eso no nos impedirá el poder “retomar las raíces” del ser y ejercer de aragoneses.

  • José Antonio Labordeta

    Carmen: Como te conozco desde niña no me ha extrañado encontrar esta página yan bella.
    Veo que cuando venias al Instide Treuel venias con la miés recien recogida y seguro que alguna paja se te habria quedado en el jersey que traias al frscor de Teruel.
    Espero que nos sigas contando cosas de estas: Son muy bellas y abriran los ojos a toda una generación joven que ha visto esas cosas en los NODOS que repite la TVE.
    Un beso

  • Vicente Pinilla Navarro

    Son deliciosas. ¡Que sigan!

  • Eloy Fernández Clemente

    Qué páginas tan hermosas, Carmen, y qué alegría que te animes a caminar con nosotros. Este tipo de páginas, por si no se ha entendido así, nos gustaría fueran siendo ocupadas por relatos parecidos, acumulando así una colección de memorias. A animarse todo el mundo… EFC

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